Desconfianza política

Escepticismo democrático 30 años después de la reunificación alemana

  • Uno de cada tres alemanes orientales se siente "ciudadano de segunda"

  • La desconfianza en el sistema político y en las instituciones de la República Federal es mayor en el este que en el oeste del país

Unos jóvenes celebran la reunificación frente al edificio del Reichtag, el 3 de octubre de 1990.

Unos jóvenes celebran la reunificación frente al edificio del Reichtag, el 3 de octubre de 1990. / DIETER ENDLICHER (AP)

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Andreu Jerez
Andreu Jerez

Periodista

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En la llamada "revolución pacífica" protagonizada por la ciudadanía de la República Democrática Alemana (RDA) en otoño de 1989, los manifestantes convirtieron el grito 'Wir sind das Volk. Wir sind ein Volk' (Nosotros somos el pueblo. Nosotros somos un pueblo) en su forma de expresar que habían perdido el miedo.

Hoy, más de 30 años después de la reunificación alemana, en las marchas celebradas en el Este del país contra la política migratoria de Angela Merkel o las restricciones antipandemia solo se escucha la primera parte del emblemático lema. Es un indicio más de que la reunificación de las dos Alemanias sigue mostrando fallas tres décadas después del inicio de ese proceso inacabado.

La reciente presentación del informe anual sobre el estado de la reunificación a cargo del Gobierno federal alemán dejó un titular que apunta en esa dirección: un 33% de la población de los territorios de la antigua RDA se sigue considerando "ciudadanos de segunda clase", frente al 25% en la parte occidental.

"Los posicionamientos políticos en los viejos y nuevos estados federados son uno de los pocos campos en los que se siguen encontrando diferencias relevantes", advierte el informe, que dibuja un "distanciamiento" y un "escepticismo" respecto al sistema democrático, las instituciones y el orden político de la República Federal mayor en el este que en el oeste del país.

Mejora económica

Quien visitase Alemania oriental hace 20 años y lo haga ahora, sacará una conclusión difícil de rebatir: los territorios de la antigua RDA han experimentado una mejora innegable en su realidad material. Según cifras oficiales, el PIB de Alemania oriental en 2010 correspondía al 76% del occidental. Hoy ya supera el 80%. Aunque la convergencia económica entre las dos partes del país avance lenta, no se registran reveses en el proceso.

La mejora en las infraestructuras también es un hecho, así como lo es el retroceso del desempleo: Alemania oriental cerró 2020 con un desempleo del 7,3% -casi dos puntos por encima del de los territorios occidentales-. En 2004, el paro en el este superaba el 18% de la población activa.

Evidentemente, no todo es de color de rosa: el desempleo de larga duración es claramente mayor en los territorios de la antigua RDA, así como lo es el peso del sector servicios y, por consiguiente, la cifra de empleos de bajos salarios y condiciones precarias. Los salarios brutos medios son seis euros más bajos en el este que en el oeste. Y el patrimonio de los germano-orientales sigue siendo inferior al de los vecinos occidentales: si el patrimonio medio familiar por cada hogar del oeste incluye al menos una propiedad y alrededor de 182.000 euros, el patrimonio equivalente en los hogares orientales no supera los 90.000 euros ni incluye una vivienda.

La crisis demográfica y la brecha digital son otros aspectos que siguen lastrando al este: los territorios de la antigua RDA están más envejecidos, despoblados y reciben menos migración; además, cuentan con una peor infraestructura de internet, lo que parece reforzar la sensación de abandono en numerosas regiones.

Narrativa dominante

Si las condiciones materiales en el este de Alemania han mejorado, la dimensión económica no parece ser la principal razón del descontento. El informe del Gobierno federal apunta diversas causas: la socialización de una parte de la población en un sistema autoritario, posiciones xenófobas ya existentes antes de la reunificación e incluso la decepción de muchos ciudadanos con el sistema democrático.

La construcción de una narrativa nacional más inclusiva sobre la reunificación, que incluya visiones tanto del este como del oeste, podría ayudar incluir a ciudadanos orientales que hoy se sienten abandonados en la cuneta de la historia, advierten expertos. Todavía domina en Alemania una narrativa oficial que reduce a la RDA a una dictadura gris en la que los ciudadanos vivían bajo la constante opresión. 

"Cuando el estado de la RDA es criticado así, a menudo la gente que vivió en él también se siente criticada", advierten Sabine Michel y Dörte Grimm en su libro Die anderen Leben (Las otras vidas), en el que describen conversaciones de exciudadanos de la RDA sobre la cotidianidad de ese país desaparecido.

Cuadros directivos

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La falta de figuras germano-orientales en puestos directivos tanto en la administración pública como en las empresas privadas es otra de las realidades que contribuye a la sensación de "discriminación colectiva" entre los alemanes orientales. En el actual Gobierno federal, por ejemplo, Angela Merkel es la única exciudadana de la RDA. El democristiano Marco Wanderwitz, encargado del Gobierno federal para el monitoreo de la reunificación, pide aumentar la inclusión de alemanes del este en cuadros directivos.

En juego está el tablero electoral en el este de Alemania. A dos meses de las elecciones federales, los analistas dan por hecho que la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) volverá a entrar en el Bundestag con un resultado especialmente bueno en los estados federados orientales, donde recibe más el 20% de los votos. "Tampoco me hago ilusiones", dice Wanderwitz. "Difícilmente conseguiremos llegar con estas medidas a cierta parte de aquellos que odian la democracia".

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