Crisis en la isla caribeña

Internet, el gran aliado de las protestas en Cuba

La esfera virtual ha canalizado un descontento que antes no tenía cabida en la sociedad civil cubana

Policías arrestan a manifestantes frente al capitolio de Cuba, en La Habana.

Policías arrestan a manifestantes frente al capitolio de Cuba, en La Habana. / EFE / Ernesto Mastrascusa

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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Beatriz Batista se filmó mientras caminaba en medio de los gritos. "He vivido los momentos más impactantes de toda mi vida", escribió luego sobre las protestas del 11 de julio en su cuenta de Facebook. El cantante de reggaeton Yomil documentó su participación. A Real Flöw Queen, nombre imaginario de un joven estudiante, recurrió a la misma red para mostrar otras manifestaciones. "Esto se va a poner fula (feo) hoy. Estoy grabando y ya hay 8.178 personas viéndolo. Pero esto debe ser pacífico, caballeros”, dice Elizabeth mientras transmite también en tiempo real en una red social.

Los usuarios no dicen frente a los micrófonos nada antes escuchado. Tampoco los jóvenes que ocupan las calles. El punto de inflexión es tecnológico y no discursivo. Las movilizaciones contra el Gobierno de Manuel Díaz Canel no pueden explicarse sin el grado de instantaneidad que permiten las plataformas digitales. La esfera virtual canaliza un descontento que años atrás no tenía cabida orgánica en la sociedad civil. Cada manifestante es, a la vez, una cámara, como ha ocurrido en otras crisis internacionales. El uso de esas herramientas han encendido una luz de alarma después de los episodios del 11 de julio, hasta el punto de que el presidente se quejó del papel que juegan youtubers e influencers como propagadores del descontento.

En la era analógica, los acontecimientos políticos o sociales que la prensa oficial no revelaba, tenían el correlato urbano del rumor callejero. La llamada "radio bemba (boca)", con su componente furtivo, casi secreto, constituyó una fuente de información que se iba distorsionando hasta distanciarse del mensaje original.  La diseminación del teléfono móvil ha cambiado por completo el modo en que los cubanos se enteran de lo que sucede, aun con los peligros de las fake news y otras formas de contaminación, de las que a veces son arte y parte.

Movimiento San Isidro

El rapero disidente Denis Solís acaba de abandonar el Combinado del Este, la prisión donde estuvo ocho meses bajo la acusación de desacato. ¿Nosotros o ustedes, quiénes son los delincuentes?, cantaba antes de que la policía se lo llevara, en noviembre de 2020. Al momento de ser arrestado, Solís encendió el teléfono y grabó para Facebook el instante de la captura. Las imágenes tuvieron su impacto político en las catacumbas digitales. A partir de su detención se formó un colectivo de artistas e intelectuales, el movimiento San Isidro, que le trajo más de un dolor de cabeza al Gobierno. Ellos también se filmaron en momentos de zozobra. Las imágenes comenzaron a valer más que mil palabras. La visibilidad de las tensiones ha puesto en aprietos al relato estatal.

Casi todos equipados

El segundo rubro económico de Cuba son las remesas. Esos casi 300 millones de dólares mensuales que venían del exterior, especialmente de Estados Unidos, antes de la pandemia, han permitido a siete millones de personas contar con un teléfono inteligente.

El artista Hamlet Lavastida se encuentra detenido e incomunicado en Villa Marista, una unidad de la Seguridad del Estado en La Habana. Fueron los móviles y los medios digitales los que informaron sobre lo que le ocurrió al arribar a La Habana el pasado 21 de junio, tras concluir una residencia en la galería Künstlerhaus Bethanien, en Berlín. La artista visual Tania Bruguera considera que, pese al hostigamiento, el activismo se encuentra en una "etapa superior", en buena parte debido al uso de la tecnología.

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Todo esto no habría sido posible antes de la ampliación del servicio de internet en la isla llevada a cabo cuando las relaciones entre Washington y La Habana parecían encauzarse. La era Trump cambió el escenario, pero en la isla ya no se podía volver atrás en materia tecnológica. El Gobierno ha bloqueado algunos sitios emblemáticos del anticastrismo como Radio Martí, de Miami. Sin embargo, ha tolerado a regañadientes el acceso a Facebook, Whatsapp y YouTube.

Semanas antes de las últimas protestas, Granma, el órgano oficial del Partido Comunista, aseguró que es en el espacio virtual donde se desarrolla y se financia "una contrarrevolución interna". Se han incrementado los fondos de la agencia norteamericana Usaid destinados a formar "nuevos líderes y brindar soporte tecnológico y entrenamiento a grupos integrados por artistas, periodistas, blogueros, mujeres, jóvenes, afrocubanos, para que expresen sus puntos de vista, y abiertamente desafíen al Gobierno". Granma reconoce que "el enemigo trabaja sobre nuestras deficiencias, sobre nuestros errores". 

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