Cita con las urnas

Chile elige a la Convención Constituyente que pondrá fin a la Carta Magna de Pinochet

  • Este fin de semana se celebran los comicios para decidir a los 155 ciudadanos que redactarán el futuro texto fundamental

  • Los pueblos originarios estarán representados con 17 escaños, siete de los cuales serán para los mapuches

  • La elevada abstención y la pandemia del covid pueden empañar la votación

Trabajadores del Servicio Electoral de Chile participan en una demostración del sistema de votación en el Colegio Providencia, el pasado 11 de mayo.

Trabajadores del Servicio Electoral de Chile participan en una demostración del sistema de votación en el Colegio Providencia, el pasado 11 de mayo. / ALBERTO VALDÉS (EFE)

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Periodista

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Los chilenos están viviendo un fin de semana excepcional. Este 15 y 16 de mayo eligen alcaldes, legisladores comunales y, por primera vez, gobernadores de 16 regiones. Pero, sobre todo, deciden a través del voto quiénes serán los 155 ciudadanos que redactarán la futura Constitución. El proceso constituyente es hijo del estallido social que comenzó el 18 de octubre de 2019 y extendió sus esquirlas incluso en pandemia. La fuerza de la protesta fue de tal magnitud que obligó a un Gobierno de derechas, el de Sebastián Piñera, a aceptar la irreversibilidad de cambios históricos. La consigna de esos días febriles resume todo lo que se puso en juego: "Chile despertó". El sueño neoliberal se deshizo en las calles, entre cantos festivos y gases lacrimógenos. El camino de la Constituyente se allanó el pasado 25 de octubre cuando el 78,25% de los chilenos votaron a favor de comenzar desde cero la redacción de un nuevo texto fundamental que extenderá el certificado de defunción a la Carta Magna forjada durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-90).

Unas 1.300 personas se han postulado como integrantes de una Convención Constituyente que tiene un claro horizonte de paridad de género: 649 son mujeres y 629 hombres que provienen de las luchas sociales y estudiantiles, los partidos tradicionales, el activismo vecinal y, también, el campo intelectual. A ellos se suman los 95 candidatos indígenas que solo podrán ser votados por quienes se inscribieron en el padrón electoral como integrantes de una comunidad originaria. En Chile existen una decena de pueblos originarios y representan el 12,8% de la población nacional (unos 2,2 millones de personas). Hasta ahora, la Constitución no le reconocía derechos. La convención les asegura 17 escaños, siete de los cuales serán ocupados por los mapuches, el pueblo que con mayor vehemencia se ha enfrentado al Estado en las últimas décadas.

Los enigmas

Los comicios de este fin de semana iban a celebrarse en abril, pero fueron pospuestos por la pandemia. Si bien no se han realizado encuestas que puedan anticipar el resultado de la Constituyente, los analistas se inclinan en principio por augurar que en la mayoría de los convencionales prevalecerá el deseo de dejar atrás la matriz heredada del pinochetismo. Sin embargo, dos factores pueden empañar la elección. Desde que el voto dejó de ser obligatorio, las contiendas han tenido una participación del 50% del padrón. La cultura de la abstención puede verse agravada por la circulación de un covid-19 que ha matado en el país a unas 27.000 personas e infectado a otros 1,3 millones. Chile es uno de los países del mundo con mayor porcentaje de población vacunado. Cerca del 50% de sus 19 millones de habitantes ya ha recibido al menos una dosis. A pesar de ese avance, todavía rigen las cuarentenas los fines de semana.

Los constituyentes tendrán entre 9 y 12 meses para presentar a la sociedad la nueva Carta Magna. A mediados de 2022 se celebrará una nueva consulta para aprobar o rechazar su contenido. Para entonces, los chilenos tendrán a un nuevo presidente. La era de Piñera se termina el próximo 11 de marzo. La primera vuelta de las presidenciales debe llevarse a cabo el 21 de noviembre. En caso de segunda vuelta, se realizará el 19 de diciembre. Todavía es prematuro saber quién será su heredero dada la fuerte dispersión que existe entre las fuerzas de izquierda, centroizquierda y derecha.

Un grupo de antidisturbios pasa frente a un vehículo en llamas durante una protesta en Valparaíso, en febrero de 2020.

/ RODRIGO GARRIDO

Protesta latente

Si bien la pandemia y las restricciones han enfriado el conflicto que explotó a finales de 2019, todavía existe la percepción de que en cualquier momento puede volver a activarse. Antes del estallido, Piñera recordaba que Chile era un país ejemplar, un miembro de la OCDE cuyo PIB mejoraba sistemáticamente desde 1990 y tenía una pobreza del 8%. Pero la mecha del malestar no estuvo relacionada con el crecimiento macroeconómico, sino con los altos niveles de desigualdad. La crisis del covid-19 agudizó esas contradicciones al caer la economía seis puntos y subir cuatro puntos la pobreza. De acuerdo con la OCDE, el 53% de los hogares del país se encuentran actualmente en una situación vulnerable.

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Días atrás, y como resultado de la presión social, se habilitó el tercer retiro anticipado de fondos de pensión privados. El sistema de "capitalización" de las AFP fue el motor del "milagro chileno". La pandemia ha obligado a casi cinco millones de personas a vaciar prácticamente sus cuentas personales. Pueden llevarse a sus casas hasta 6.000 dólares que los gastarán en pagar deudas y comprar alimentos. Aquellos 3,5 millones de chilenos que ya no tienen más dinero que retirar recibirán una ayuda estatal.

 "Estamos sentados arriba de una crisis social latente que no encuentra respuestas políticas, jugando arriba de un volcán con una caja de fósforos", ha advertido el sociólogo y candidato constituyente Carlos Ruiz. "Los motivos por los cuáles este pueblo estalló no se han resuelto de ninguna manera e, incluso, no hay que tener una vista muy larga para suponer que el Gobierno lo agrava".