14-M, un año del estado de alarma

La pandemia por covid no alumbrará un mundo nuevo

  • La pandemia pone de manifiesto la necesidad de mayor cooperación para hacer frente a las amenazas transnacionales pero faltan instrumentos y voluntad de cooperar

  • El virus sitúa la salud en el centro de la seguridad global y acentúa las desigualdades porque su impacto depende en gran parte de factores socioconómicos

Pruebas de covid en un suburbio de Bombay, en India.

Pruebas de covid en un suburbio de Bombay, en India. / PUNIT PARANJAPE / AFP

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Marta López
Marta López

Periodista

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La pandemia del coronavirus y su devastación planetaria en términos humanos, económicos y sociales es el fenómeno más global que ha conocido la humanidad en varias generaciones. Más que las dos guerras mundiales y las grandes crisis financieras, el virus ha sacudido el planeta en su totalidad como un tsunami en varias olas con enormes y duraderas consecuencias que muy pocos fueron capaces de imaginar, prever y, mucho menos, prevenir. La crisis del covid-19 ha exhibido la vulnerabilidad de la humanidad frente a la fuerza de la naturaleza y la  fragilidad del progreso, ha puesto de manifiesto la incapacidad de los estados de hacer frente en solitario a las amenazas transnacionales y ha colocado la salud en el centro de la seguridad global.

De todo ello se puede extraer que nada va a ser igual tras la pandemia, sin que ello signifique que de ahí vaya a salir un nuevo orden internacional. Quizá estemos de nuevo ante una gran oportunidad perdida, como lo fue la crisis financiera del 2008, que iba a llevar a una refundación del capitalismo.

El documental ‘Bouncing Back’ del CIDOB, estrenado el pasado 3 de febrero, trata precisamente, a través de la voz de reputados expertos, de esbozar el mundo postpandémico. En él Wolfgang Ischinger, presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich, afirma que la “pandemia, con toda su devastación, ha demostrado que todos estamos en el mismo barco y es una gran oportunidad para organizar una cooperación constructiva”. Una visión compartida por el historiador y filosofo Yuval Noah Harari, que ha escrito: “La humanidad necesita hacer una elección. Podemos seguir en la carretera de la desunión o adoptar el camino de la solidaridad global. Si escogemos esta última, no solo será una victoria contra el coronavirus, sino contra todas las futuras epidemias y crisis que puedan golpear a la humanidad en el siglo XXI".

Cristina Manzano, directora del think tank EsGlobal está de acuerdo en que “se ha creado la conciencia de que esto solo se resuelve de forma global” pero advierte que faltan “mecanismos para ponerse a cooperar”, subrayando el cuestionamiento que hay de las organizaciones multilaterales. Algo que comparte Pol Morillas, director del CIDOB y codirector de ‘Bouncing Back´, para quien la “rivalidad entre EEUU y China y la falta de confianza en las instituciones internacionales hacen difícil que se den los condicionantes para transformar las dinámicas hacia un abordaje global de las grandes crisis”.

El ejemplo de Covax

Morillas ve difícil dar un giro radical a las dinámicas de polarización existentes y señala un “punto intermedio en el que se abrirán ciertos canales de cooperación” en temas de salud global, por ejemplo. Rafael Vilasanjuan, director de IS Global, pone como paradigma de este nuevo modelo de cooperación Covax, la alianza con actores públicos y privados creada para suministrar vacunas a países de rentas bajas y medias, resaltando que en las relaciones internacionales se están dando paso hacia modelos más híbridos en los que la toma de decisiones no es solo de los estados, sino que “participan también la sociedad civil, el filantropismo, el sector privado”.

Ninguno de los tres vislumbra un orden internacional radicalmente nuevo , sino la consolidación de un orden que ya se venía fraguando por la creciente rivalidad entre EEUU y China y  la transferencia de peso del Oeste al Este. Sobre China, Manzano cree que “ha salido muy reforzada” de esta crisis y que con su geopolítica de la vacuna y su capacidad económica está demostrando su capacidad de ser un gran actor global, que coincide además “con la pérdida de apetito de EEUU de ser el guardián del mundo”.   

Una opinión que Morillas y Vilasanjuan matizan subrayando que pese a su eficiente gestión de la pandemia, China ha dejado al descubierto también su cara más oscura, debido a la falta de información clara sobre la pandemia y la represión de las voces críticas “Se ha reforzado a nivel económico, a nivel político internamente también pero se ha revelado como un estado totalitario”, afirma del director de IS Global.

Los populismos, en retirada

En lo que si coinciden los tres en descartar un mayor auge de movimientos populistas, que Morillas lo explica con el siguiente argumento: “En este caso al populismo le ha tocado gestionar la crisis –léase Trump, Bolsonaro y Johnson- y han fracasado, subrayando que hace falta una buena gestión política y no una retórica vacía de gestión”. “No tienen soluciones en la mano”, remacha Vilasanjuan, a lo que Manzano añade que “la gente se refugia en cosas seguras como la ciencia”. No obstante, ella advierte también que todo va a depender de “la gestión postpandemia y de cómo se ataquen los problemas económicos".

Los tres vislumbran un mundo más desigual porque aunque la pandemia ha afectado a todo el mundo, “su impacto dependende de factores socioeconómicos, como la posibilidad de trabajar desde casa o la educación a distancia”, subraya Manzano. A lo que Vilsanjuañ añade: “La pandemia afecta más a quien tiene menos recursos y esto es un círculo vicioso porque es más difícil salir cuanto más te afecta”.

Pero más allá, lo que esta crisis vírica ha puesta de manifiesto, según Vilasanjuan, es un un cambio de paradigma en que la seguridad global no se medirá solo en términos diplomáticos o económicos, sino de salud. Para Morillas, la gran lección es que se han ha puesto en valor los elementos más cercanos a los ciudadanos: salud, trabajo digno y recursos para vivir. “Es una crisis que no habla de los otros, sino de nosotros mismos”, afirma. Y junto con Manzano y Vilansajuna coinciden en que para este y otros desafíos venideros -el cambio climático como el más inmediato y acuciante- se necesita una capacidad de acción global y efectiva que no se conseguirá con las recetas actuales. 

 

 

 

 

 

 

 

 

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