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Brindisi y los "vuelos de la solidaridad" de la laureada PAM

Del aeropuerto y puerto de la ciudad italiana salen cada día aviones y barcos cargados de alimentos a diferentes partes del mundo

Un niño carga con una caja de alimentos de la PAM en Zimbabue, en una foto del 2015.

Un niño carga con una caja de alimentos de la PAM en Zimbabue, en una foto del 2015. / AP / TSVANGIRAYI MUKWAZHI

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Rossend Domènech
Rossend Domènech

Corresponsal en Roma

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Aeropuerto militar de Brindisi, en el sureste de Italia, cualquier hora del día y cualquier día del año. Los “vuelos de la solidaridad” despegan a intervalos . Al puerto llegan camiones con alimentos que cargan en barcos, como ocurre  con las aeronaves: harina, cereales, jugos de fruta, agua, fármacos, aperos para la agricultura, semillas… Las escenas parecen las de una zona de guerra. Los aviones, camiones y barcos de Brindisi trabajan para el Programa Mundial de Alimentos (PAM), la agencia de la ONU para la emergencia alimentaria, con sede en Roma. Hay otros centros seis centros, uno en Las Palmas.

Frente a una emergencia imprevista, como el comienzo de una guerra, un terremoto o la llegada de una plaga de langostas, los aviones sobrevuelan el lugar y sueltan en paracaídas las primeras ayudas urgentes, incluso con el riesgo de que a los damnificados les caiga un saco de harina encima de la cabeza, como ya ha sucedido. 

En su segundo y último informe global sobre las crisis alimentarias, actualizado este septiembre, el PAM y otras 15 organizaciones advierten que la pandemia de coronavirus que azota el mundo desplazará a unos 130 millones de personas que viven en la zona donde el hambre crónica, aumentando las cifras del pasado año a 265 millones en total. Más que el doble.

En total, los hambrientos del mundo, a causa de las guerras, cambios climáticos, plagas, persecuciones, ascienden a 690 millones. En el 2017 eran 821 millones, el 10% de la población del planeta. Para el 2015 la FAO, Agencia de la ONU para la Alimentación y Agricultura, se había fijado el objetivo de erradicar la hambruna. El ojetivo era que todos comieran por almenos un dólar al día (0,85 euros). La meta se ha desplazado al 2030.“Hambre cero”, era el eslogan. La pobreza extrema contempla grados distintos, como el “hambre aguda”, el “hambre crónica” y la “subnutrición”.

Guerra eterna 

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“El covid-19 es potencialmente catastrófico para millones de personas que ya viven colgadas de un hilo”, dice Arif Husain, veterano economista del Programa Mundial de Alimentos (PAM). “La segunda pandemia”, escriben numerosos economistas. El covid-19 puede asestar “un golpe fatal a las comunidades que ya están en la frontera de la supervivencia”, afirma el informe del PAM.

Los alimentos que la agencia lleva a todo el mundo mantienen con vida a 100 millones de personas, cuya hambruna depende “principalmente”, según escriben, de conflictos (77 millones de personas), cambios climáticos (34 millones) y recesiones económicas (24 millones). Como la eterna guerra en Congo entorno a las minas de coltán, utilizado para la fabricación de móviles y de ordenadores o para la desviación de cauces para regar tierras de monocultivos de los países ricos.