26 oct 2020

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ESCÁNDALO EN EL VATICANO

Dimite un cardenal por usar donaciones para comprarse un piso en Londres

Angelo Becciu había llegado a ser el tercero del Vaticano, tras el Papa y el secretario de Estado

Rossend Domènech

El cardenal Angelo Becciu ha renunciado por un caso de corrupción.

El cardenal Angelo Becciu ha renunciado por un caso de corrupción. / ANDREAS SOLARO (AFP)

El papa Francisco ha impuesto la dimisión del cardenal Angelo Becciu como "ministro" del Vaticano de la Congregación de los Santos, también conocida como "la fábrica de los santos" de la iglesia. Es la primera vez que se produce una dimisión de esas características en la historia reciente la iglesia católica.

La noticia fue divulgada el jueves a las ocho de la tarde, una hora bastante insólita para comunicados de prensa de la Santa Sede. El cardenal, que ha sido despojado de todas las prerrogativas del cargo, incluida su participación en un futuro Cónclave y su permanencia en el organigrama de la Secretaría de Estado, habría desviado fondos del Óbolo de San Pedro, las donaciones que los fieles católicos dan al Papa para su supervivencia y la de la Iglesia, para comprar un inmueble en Londres.

Becciu había sido el número tres del Vaticano (2011-2018), una especie de ministro del Interior, después del Papa y del secretario de Estado, depositario de las claves secretas de comunicación del Vaticano con las periferias de la iglesia católica.

Lujoso edificio

De acuerdo con la reconstrucciones más acreditadas en el Vaticano, el cardenal habría desviado fondos del Óbolo de san Pedro a favor de fondos especulativos y de familiares suyos para comprar un lujoso edificio en Sloane Avenue de la capital británica por 160 millones de euros. Otros cinco funcionarios del Vaticano han sido suspendidos de sus cargos por la misma investigación llevada a cabo por la magistratura del Estado Pontificio, entre ellos el secretario personal de Becciu, Mauro Carlino.

La dimisión del cardenal ha sido forzada después de que la magistratura vaticana concluyera las investigaciones sobre la compra del inmueble de Londres, adquisición realizada desde una cuenta corriente de la Secretaría de estado del Vaticano, administrado por Becciu. Solamente cuando el papa Francisco impuso una transparencia financiera total se pudo saber quien gestionaba dicha cuenta.

Según una investigación realizada por el semanario L’Espresso, que saldrá a la venta este domingo, el cardenal Becciu habría usado para la compra-venta unos fondos del Vaticano y de la conferencia episcopal italiana (CEI), desviando una parte de los mismos a sus hermanos y a fondos buitre.

"Tristeza"

"Hoy 24 de diciembre el Santo Padre ha aceptado la renuncia del cargo del Prefecto de la Congregación de las causas de los santos y de los derechos vinculados al cardinalado, presentada por Su Enminencia el cardenal Giovanni Becciu", reza la nota de prensa emitida a horas nada habituales. La medida ha sorprendido a la cúpula del catolicismo y al mismo interesado, que ha manifestado privadamente su "tristeza" por el epílogo del caso.

Medidas diferentes pero con el mismo efecto de suprimir todas las prerrogativas de un cardenal fueron tomadas por Francisco en el 2015, cuando el Papa aceptó la dimisión del cardenal Keith Michael Patrick O’Brien, considerado como "molestador" en el ámbito de los abusos sexuales. 

Theodore McCarrick, al que Francisco no solamente suprimió el honor del cardenalato sino que le redujo a simple laico a causa de sus delitos de pederastia. Hay que remontarse a principios del siglo pasado (1927) para encontrar un caso semejante.

El inmueble de Londres habría sido comprado por el Vaticano por 200 millones de euros, de los que 140 millones eran para la compra y 60 millones para invertir. Sin embargo, al final de la operación el precio habría ascendido a 300 millones, que según un comunicado emitido por el Vaticano respecto al arresto de Gianluigi Torzi, un inversor de la capital británica, al que se acusa de varios episodios de extorsión, peculado, estafa grave y blanqueo, delitos por los que la ley vaticana prevé penas hasta 12 años de prisión". Torzi, actualmente detenido en el Vaticano, se habría apropiado de 10 millones de euros. En definitiva, el Vaticano habría comprado el inmueble, pero no podía disponer del mismo, a causa de los intermediarios que lo impedían para lucrarse con la operación.