06 ago 2020

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CAMBIO HISTÓRICO

Santa Sofía será de nuevo una mezquita

El famoso edificio de Estambul, que era una museo desde 1935, volverá a albergar rezos musulmanes, una de los máximos deseos de los islamistas turcos

Adrià Rocha Cutiller

Vista de Santa Sofía desde la plaza de Sultanahmet. EFE / Erdem Sahin

Vista de Santa Sofía desde la plaza de Sultanahmet. EFE / Erdem Sahin

Después de semanas de expectativa, de Recep Tayyip Erdogan hablando cada vez más sobre ella, al final, el sueño de todo islamista turco se ha cumplido: Santa Sofía, primero -durante casi 1.000 años- una catedral cristiana y luego, tras la conquista de Constantinopla por el sultán Mehmet Fatih, una mezquita, volverá a serlo. En 1935, Atatürk, el fundador de la República de Turquía, la hizo museo para mostrarle a Occidente que los días de animadversión habían terminado. Pero eso ya es historia: a partir de este viernes, Santa Sofía será de nuevo una mezquita.

Tras una petición de una asociación islamista -uno de cuyos líderes es el hijo del presidente turco, Bilal Erdogan-, el Consejo de Estado turco, el más alto tribunal administrativo del país, ha decretado que la conversión en 1935 fue ilegal y que, por lo tanto, Santa Sofía puede volver a ser lo que era hasta hace 100 años. "Lo que dice la gente no es cierto: cuando Santa Sofía abra de nuevo, todos podrán ver como respetaremos el arte y las reliquias en el interior", ha dicho Erdogan, que ha avanzado que la nueva mezquita abrirá el 24 de julio.

"La apertura de Santa Sofía para el rezo es nuestro derecho soberano; que lo entiendan. Tenemos el derecho de convertirla en mezquita, y cualquiera que nos ataque por esto ataca nuestra independencia como país", ha continuado el presidente turco.

Este viernes, tras el anuncio del cambio, un grupo de manifestantes -varios miles de personas- se han reunido ante las puertas del monumento milenario para celebrar que ahora sí; que tras casi cien años de espera, al fin, Santa Sofía les pertenece.

"¡Tekbir! ¡Allakhu Akbar! ¡Recep Tayyip Erdogan, Recep Tayyip Erdogan! ¡Allah, Bismillah, Allakhu Akbar!", gritaban los manifestantes, algunos ataviados con banderas turcas y, otros, con la del extinto imperio otomano. El mensaje es claro: para los seguidores de Erdogan, el país va en esa dirección. La reconversión de Santa Sofía es un paso.

Diversidad de opinión

Esta reconversión, además, no llega sin polémica ni divisiones. Según una encuesta de la empresa Türkiye Raporu, el 46% de los turcos quiere que Santa Sofía se convierta en mezquita. El número coincide casi exactamente con el de los votantes de Erdogan. De los demás, el 38% cree que tendría que seguir siendo un museo, lo que era hasta ahora, y un 13%, que Santa Sofía tendría que albergar rezos cristianos y musulmanes.

"Están locos. No lo entiendo. No tiene ningún sentido hacer esto ahora. Esa gente hace daño a su país", dice el propietario de una tienda cercana a la nueva mezquita, mirando a los manifestantes.

Y desde el exterior tampoco han faltado críticas: EEUU, la UE, Grecia y Rusia le pidieron al presidente turco que recapacitase y diese marcha atrás. La UNESCO ha dicho que a un edificio que es patrimonio de la humanidad no se le puede cambiar el estatus tan facilmente. 

El patriarca de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, Bartolomé I, fue más allá: "En vez de unirnos, el patrimonio de hace 1.500 años nos divide. Estoy triste y consternado: la conversión de Santa Sofía en mezquita hará que muchos cristianos del mundo se pongan en contra del islam", dijo la semana pasada el patriarca.

Jugada política

Abrir Santa Sofía de nuevo a los rezos no es una petición nueva: los islamistas en Turquía llevaban años reclamándolo. Entonces, ¿por qué Erdogan, que lleva a los mandos del país desde 2003, se ha decidido a hacerlo justo ahora?

La respuesta, según los expertos, está en las encuestas de opinión. "Mientras el apoyo de Erdogan en los sondeos continúa bajando por la crisis económica y la mala gestión de la pandemia del Covid-19, la conversión de Santa Sofía podría impulsar su imagen liderazgo y popularidad entre los sectores de población más islamistas y ultranacionalistas", dice Aykan Erdemir, director del programa de Turquía de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) y exmiembro del parlamento turco.

"Sin embargo, esto sería una flor de un solo día, y no ofrecería ninguna solución real a los problemas de Turquía. Mirando al futuro, Erdogan espera que esto sea uno de los momentos definitorios de su legado. Aunque falle política y económicamente, sus seguidores podrán alardear de la conversión de Santa Sofía", continúa el analista.