04 jun 2020

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PERFIL

Chen Wei: Una vida combatiendo los virus

Esta teniente general y epidemióloga lidera la guerra en China contra la epidemia

Adrián Foncillas

La epidemióloga china Chen Wei, trabajando en su laboratorio.

La epidemióloga china Chen Wei, trabajando en su laboratorio.

Era un trago conocido por Chen Wei. Se despidió de la familia y horas después aterrizó en la zona cero de una epidemia. Fue a finales de enero, con los contagios contándose por miles, la moral devastada y ningún indicio optimista. China ha informado esta semana de las primeras ausencias de infecciones locales y empezará en breve las pruebas con humanos de una prometedora vacuna investigada por Chen. Si China tiene un problema con un virus, ella es su mujer.

Chen, epidemióloga y general del Ejército, empezó a liderar dos meses atrás  la lucha contra el coronavirus desde un improvisado laboratorio formado por tiendas de campaña acopladas en Wuhan. Solo cuatro días después ya había diseñado unos kits de detección que recortaban el tiempo requerido por las pruebas con ácido nucleico. Dicen de Chen que piensa y actúa rápido en el caos.

Asume la guerra como un fracaso porque ya aclaró Sun Tzu varias dinastías atrás que la mejor victoria es la que no se pelea. Pero si falla la prevención y el control es ineludible saltar al campo de batalla con brío. Lo advirtió en los albores del brote en la prensa local: "Solo hay dos estados para el soldado: prepararse para la guerra y luchar. Ahora estamos en medio de una epidemia. Vamos a luchar".

Dilatada experiencia

Chen conoce el paño. Contribuyó a embridar la epidemia del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en el 2002 con un spray nasal que blindó al personal médico. Previno después las epidemias tras el terremoto de Sichuan en el 2008 que dejó casi 100.000 muertos. Y en la década siguiente lideró desde Sierra Leona la segunda fase de ensayos clínicos de la vacuna contra el ébola. También ha investigado el ántrax y todo lo relacionado con guerras bacteriológicas.

De África se trajo ese apodo de' Terminator' que chirría con esa bondad de las caras ovaladas. El coronavirus la ha devuelto a los focos, ya fuera en el uniforme castrense con la pechera cargada de medallas o en la nívea bata médica y mascarilla.

Chen, de 54 años, nació en la pequeña ciudad de Lanxi (provincia oriental de Zhejiang), se graduó en químicas en la universidad local y afrontó su elección vital más delicada tras completar un máster en la prestigiosa Universidad Tsinghua de Pekín. Rechazó las lucrativas ofertas del sector privado y se enroló en la Academia Militar de Ciencias Sociales a pesar de que amigos y familiares veían el Ejército como una tumba profesional. Pasó sus 10 años siguientes investigando las vacunas recombinantes, creadas por biotecnología, que han nutrido las reservas nacionales. Es delegada del Ejército en la Asamblea Nacional Popular (el Parlamento chino), miembro de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo (el principal órgano asesor del Ejecutivo) y fue nombrada teniente general por el presidente, Xi Jinping. No son frecuentes las mujeres en las altas esferas militar y política y menos aún que una esté presente en ambas.

Dinamitando clichés

Repite Chen que su profundo deber de servicio al país y la sociedad sobrevuelan la extenuación y la soledad. Durante la crisis del SARS encadenó un centenar de días encerrada en el laboratorio y es célebre la foto de su hija besando la pantalla de televisión cuando era entrevistada. La tomó su marido, un técnico en el sector vinícola a quien había conocido en un tren que la conducía al monte sagrado Taishan, y que renunciaría a su carrera por las labores domésticas. Tampoco son frecuentes esos gestos en China.

Su vacuna, que será testada en humanos en un par de semanas, carece de sustancias infecciosas, es estable y requiere de una sola inoculación. En esta mujer menuda que dinamita clichés y acumula tres décadas entre virus confía China (y el mundo) para derrotar a la epidemia.