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LA SEGURIDAD EN EL CIBERESPACIO

La OTAN alerta sobre el mercado negro de internet

Un estudio de fraude en la red denuncia que hasta un 30% del tráfico genrado es puro ruido

Pese a las 'fake news' y la manipulación política, el 90% del contenido sigue intereses comerciales

Carmen Jané

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, el pasado lunes, en Bruselas.

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, el pasado lunes, en Bruselas. / EFE / STEPHANIE LECOCQ

Un millar de seguidores en Instagram cuestan unos 10 euros, otros tantos 'Me gusta' la mitad y varios miles de visualizaciones de un vídeo en Youtube salen también por un precio de risa. Es el mercado negro del clic en internet al que el Centro de Excelencia en Comunicación Estratégica de la OTAN (Stratcom) ha puesto cifras en un reciente informe que alerta sobre la creciente industria del fraude en internet, y en particular en las redes sociales, en el que empresas cada vez más blanqueadas tergiversan las herramientas de Google (anuncios y posicionamiento en buscadores) y las interacciones de los usuarios para alterar la influencia de las cuentas. 

Jart Armin, investigador de Cuing, una entidad en la que participan Europol, la OTAN y Enisa, sostiene que entre un 20% y un 30% del tráfico de internet es puro ruido generado por bots (ordenadores programados) dañinos y está creado para confundir a las plataformas y a los usuarios. En las redes sociales, estas herramientas han encontrado un campo sembrado por la vanidad de aumentar el número de seguidores, hundir o ensalzar la reputación de un negocio o diseminar noticias falsas. 

El fraude no solo manipula el discurso político, con casos célebres como el de Cambridge Analytica. Según el Stratcom, el 90% del negocio responden a intereses comerciales. Y no son simples 'hackers' sino empresas que “blanquean” su actividad con anuncios en las mismas plataformas a las que timan, y que compiten entre ellas a precio muchas veces para utilizar los mismos recursos y converger en las mismas webs. Un mercado “altamente ineficiente” en el que los rusos se llevan la palma, sostiene la consultora ucraniana, que firma un documento cuyo título lo resume todo: ‘Falling behind: cómo las redes sociales no logran combatir el comportamiento fraudulento online’. 

Anuncios en Google y Bing

La oferta de servicios, que antes se anunciaba en la 'Deep Web' y ahora se encuentra con una búsqueda simple en Google o Bing, genera un gran número de trabajos muy diferenciados y especializados. Aún así, tanto desde organismos como la OTAN o la Comisión Europea como desde la patronal publicitaria, la IAB, reclaman herramientas para erradicar estas prácticas que suponen un fraude, que solo para las marcas en Instagram se cifra en 1.300 millones de dólares, según la empresa de ciberseguridad Cheq.

Facebook, Twitter, Youtube e Instagram (propiedad de Facebook) sostienen que están refinando sus algoritmos para poder detectar con agilidad los fraudes, tal como les exigen las instituciones. Instagram, incluso, acaba de anunciar que quita los 'Me gusta'. Los mecanismos funcionan, pero según la OTAN, más sobre particulares que quieran crear cuentas falsas que sobre los grandes cárteles del mercado negro, capaces de crear hasta niveles de sofisticación en el fraude, con distinto rango de ofertas. 

Las más caras usurpan perfiles auténticos para crear comentarios o poner ‘Me gusta’, o contratan reseñadores para hundir o alabar páginas, incluso a través de plataformas para trabajadores ‘freelance’ (los famosos ‘minijobs’ digitales). Algunas ‘empresas’ llegan a dar servicio postventa y videotutoriales cuando venden herramientas para automatizar tareas a terceros. 

300 euros

Para argumentar el estudio de la OTAN, la consultora ucraniana Singularex hizo un experimento en el que con solo 300 euros compró 3.530 comentarios, 25.750 'likes', 20.000 páginas vistas y 5.100 seguidores, lo que les permitió localizar 18.739 cuentas falsas en redes sociales. Hizo que estas empresas pusieran sus comentarios en páginas de las OTAN y de la Comisión Europea en Facebook, Twitter, Instagram y Youtube que no fueran demasiado relevantes, y esperaron a que las propias plataformas las detectaran. 

Dos meses después, denunciaron las cuentas falsas y esperaron a ver cuánto tardaban en borrarlas. Entre cinco y seis días en el mejor de los casos, para un mundo en que publicar cuesta segundos y está basado en la atención inmediata. 

Su estudio reveló que Facebook suspende el 80% de las cuentas falsas denunciadas; Twitter el 66%; Instagram (propiedad de Facebook), el 50%; y Youtube ninguna. Instagram no logra detectar los seguidores falsos y apenas elimina el 5% de sus comentarios. En cambio, Youtube “tiene éxito en reducir” el número de visionados falsos (aquellos que realiza una máquina y no un humano). Y no hay diferencia entre cuentas verificadas y sin verificar, por lo que reclaman más transparencia en los criterios de las compañías.

“La tecnología ha permitido que se creen perfiles que en apariencia no tengan diferencias con un seguidor real. Para detectarlos hay que analizar su comportamiento, porque no crean contenido propio ni original. La gente al final se da cuenta del fraude, y entonces ¿quién puede confiar en la marca después?”, afirma Romina Galetto, mánager regional del gestor de redes Hootsuite.