21 oct 2020

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CANDIDATOS EN EEUU

Michael Bloomberg entra en la carrera demócrata para salvar al partido de sí mismo

El exalcalde de Nueva York tiene 77 años y es uno de los hombres más ricos del mundo

Ricardo Mir de Francia

Bloomberg, aspirante demócrata a la presidencia de EEUU.

Bloomberg, aspirante demócrata a la presidencia de EEUU. / GETTY IMAGES / AFP / DREW ANGERER

Solo ha necesitado un día para inundar las televisiones con anuncios de campaña y batir todos los récords de gasto electoral, una marca que hasta ahora ostentaba Barack Obama. Michael Bloomberg se gastó el domingo 34 millones de dólares para anunciar oficialmente su candidatura a la nominación demócrata, con la que pretende competir por la Casa Blanca en las elecciones del 2020. Su entrada en la carrera llega solo 10 semanas antes de que empiece a votarse en Iowa, con la precampaña muy avanzada y tras la celebración de cinco debates televisados entre los 18 aspirantes que siguen en liza. Dinero no le va a faltar. El exalcalde de Nueva York es el 11º hombre más rico del mundo, con un patrimonio que supera los 50.000 millones de dólares. Como Joe Biden, tiene 77 años.

“Me postulo para presidente para derrotar a Donald Trump y reconstruir América”, dijo el empresario el domingo en el vídeo colgado en su página web. “No podemos permitirnos otros cuatro años de sus políticas temerarias y sus acciones poco éticas”. En realidad, su entrada en la pugna responde a las dudas que despiertan los candidatos centristas (Biden o Pete Butiggieg) y el terror indisimulado que provocan los aspirantes izquierdistas (Elisabeth Warren y Bernie Sanders) entre los grandes donantes y jerarcas de la formación. Hace solo unos días, Obama recomendó a los contendientes que se olviden de invocar la “revolución” en sus discursos y abracen las reformas graduales. “El norteamericano medio no piensa que haya que tirar abajo el sistema para rehacerlo”, dijo el expresidente. 

Inversor revolucionario

Y es ahí donde entra Bloomberg, que aspira a salvar al Partido Demócrata de sí mismo, una proposición tremendamente osada teniendo en cuenta el giro a la izquierda que ha dado en los últimos cuatro años. El hombre que revolucionó Wall Street con un sistema de información en tiempo real para los inversores, cumple con los mínimos de los votantes del partido. Ideológicamente centrista, es un referente desde el sector privado en la lucha contra el cambio climático y los estragos de las armas de fuego. Aboga por subir los impuestos a los multimillonarios como él mismo y ha prometido que no aceptará donaciones de campaña ni cobrará del erario público si conquista la Casa Blanca. 

Pero aspira a competir en el seno de un partido embarcado en una cruda cruzada contra las grandes fortunas, los privilegios de las multinacionales y la rampante desigualdad que ha desvirtuado el sueño americano. “Las elecciones no deberían estar a la venta, ni para los multimillonarios ni para los ejecutivos de las grandes empresas”, dijo el sábado Warren al ser preguntada por la candidatura del exalcalde de Nueva York (2002-2013). Bloomberg también tiene un largo pasado republicano. En el 2005 apoyó la reelección de George Bush, ha sido ponente en las conferencias del Partido Conservador británico y gobernó como republicano en sus primeros años como alcalde, antes de hacerse independiente. 

Un hombre de claroscuros

En gran medida es un producto de Wall Street y como tal se ha posicionado. En su día dijo que fue el Congreso y “no los bancos” los que crearon la burbuja hipotecaria que desató la crisis del 2008. En Nueva York puso en marcha agresivas tácticas policiales que discriminaban contra las minorías y que acabaron siendo impugnadas por inconstitucionales. Apoyó de forma entusiasta la guerra de Irak. Es amigo cercano de Binyamin Netanyahu y el año pasado se esforzó por blanquear el nombre del saudí Mohamed Bin Salman al posar amigablemente con él en una cafetería neoyorkina. 

Trump demostró en el 2016 que todo es posible en la política estadounidense, pero a estas alturas pensar que Bloomberg tiene alguna posibilidad es como mínimo descabellado.