28 oct 2020

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Parlamento Europeo

Juncker urge en su despedida a "luchar contra los nacionalismos estúpidos"

El democristiano luxemburgués dice adiós a la Eurocámara tras cinco años "de éxitos y fracasos" al frente de la Comisión Europea

Silvia Martínez

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sentado, en su última sesión en el Parlamento Europeo.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sentado, en su última sesión en el Parlamento Europeo. / VINCENT KESSELER (REUTERS)

Todavía no se va. Probablemente, si la alemana Ursula von der Leyen consigue en las próximas semanas los apoyos necesarios para formar su nuevo equipo de gobierno, lo hará el próximo 1 diciembre, un mes más tarde de lo previsto . Pero el democristiano luxemburgués, Jean-Claude Juncker (Luxemburgo, 1954), ya se ha despedido este martes del pleno del Parlamento Europeo valorando cinco años de éxitos y fracasos que le han dejado un sabor agridulce.

“Me voy ni triste ni eufórico pero con la sensación de que me empleé a fondo” y “si todos lo hicieran así muchas cosas mejorarían”, ha resumido en sus últimas palabras con un mensaje al hemiciclo: “Hay que cuidar a Europa y luchar contra los nacionalismos estúpidos y estrechos de miras. Larga vida a Europa”. Juncker ha recordado que cuando asumió su mandato hace cinco años recibió una Europa “frágil”, “mal querida” y “averiada”. Y, por eso, ha explicado, decidió acuñar la frase de la Comisión de la última oportunidad porque “Europa se enfrentaba a una encrucijada”.

"Corte político"

Optó, ha explicado durante un discurso inicial que se ha prolongado más de veinte minutos, por una comisión “de marcado corte político”, con comisarios reconocibles en toda Europa, que no se “amurallaran” en el Berlaymont, la sede del Ejecutivo comunitario en el centro del barrio comunitario, y que pisaran tierra firme, en contacto directo con los ciudadanos.

Un ejercicio que ha permitido a sus comisarios protagonizar 1.815 diálogos ciudadanos y visitar en 911 ocasiones los parlamentos nacionales y regionales. Sus propios números tampoco dejan dudas de su implicación con Europa. Según el balance publicado por la Comisión, ha asistido a 147 Consejos Europeos, a 21 cumbres de la Eurozona, a 164 Eurogrupos y a 197 reuniones del Ecofin. En total, 596 reuniones de trabajo durante un mandato que pasará a la historia europea como el primero en el que se ha negociado un divorcio, con el Reino Unido.

Grecia y la Europa social

Entre los éxitos que se lleva de Bruselas ha destacado la creación de empleo –más de 14 millones de puestos de trabajo, ha cifrado- y la mejora de la economía, el plan de inversiones que lleva su nombre y que solo se denominó así porque “se pensó que iba a fallar”, los progresos en la Europa social y, sobre todo, evitar la salida de Grecia del euro. “Durante mucho tiempo pisoteamos su dignidad. No se quería que la Comisión Europea actuara a favor de Grecia. Recuerdo noches larguísimas. Me acordaré siempre de las llamadas de varios primeros ministros que me dijeron: ocúpate de tus asuntos que es asunto de los Estados ocuparse de los problemas de Grecia”, ha recordado.

Cuando se marche del Berlaymont también se llevará algún que otro fracaso o al menos decepciones. Por ejemplo, no haber logrado cerrado un nuevo acuerdo con Suiza, no haber logrado que las negociaciones de reunificación de Chipre avancen los suficiente, o no haber concluido la unión bancaria, tan necesaria para reforzar la Eurozona, y no por culpa de la Comisión Europea sino “por culpa de la falta de empeño de los Estados miembros. Si no conseguimos una unión bancaria que acompañe a la unión monetaria no vamos a poder encajar ningún choque asimétrico o externo. Hay que poder estar a la altura de los desafíos”, ha reclamado.

La crisis de los refugiados

Otros asuntos le dejan un sabor agridulce, como la crisis de los refugiados y el balance de la inmigración que considera podría haber sido mejor si los gobiernos hubieran hecho caso a las propuestas de Bruselas para lograr una respuesta solidaria. Aún así, considera que, gracias a Europa, hemos podido rescatar en el Mediterráneo 760.000 vidas, 760.000 muertos menos gracias a la actuación de Europa”, ha celebrado durante un debate en el que también ha mencionado a Donald Trump y los acuerdos comerciales negociados por la UE y que le ha despedido con aplausos y también con críticas sobre todo de la ultraderecha, los ultracorservadores y la izquierda.

Aplausos sobre todo de la bancada popular, socialista y liberal con el líder de los populares a la cabeza, Manfred Weber, que le ha elogiado por saber responder a las muchas crisis de estos últimos cinco años. Para otros, en cambio, “ha sido la peor comisión de los últimos años”, ha criticado el italiano de Identidad y Democracia, Marco Zanni. “Para nosotros luchar contra la evasión fiscal con usted es como pedirle a Monsanto que termine con los pesticidas”, ha criticado la francesa Manon Aubry que le ha reprochado el escándalo Luxleaks y que su país siga siendo un paraíso fiscal.