06 jun 2020

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Medida polémica

Buenos Aires instala contenedores de basura inteligentes que no se pueden abrir

La alcaldía los coloca en el centro de la ciudad y solo pueden abrirlos los vecinos con una tarjeta personal magnética

Los movimientos sociales aseguran que el objetivo es evitar el espectáculo de las personas buscando comida y cartones

Abel Gilbert

Un hombre busca en un viejo contenedor de basura en Buenos Aires.

Un hombre busca en un viejo contenedor de basura en Buenos Aires. / EFE / JUAN IGNACIO RONCORONI

"Si hay basura que no se note", suele decirse en Argentina cuando se intenta disimular una realidad. Las autoridades de la ciudad de Buenos Aires se han tomado la frase al pie de la letra. O al menos eso parece después de la instalación en la avenida Corrientes, conocida por sus teatros, cines y restaurantes, de 18 contenedores de basura que solo se abren con tarjeta magnética. Los vecinos y dueños de los comercios son los únicos que los pueden utilizar. Una vez que se cierran quedan herméticamente bloqueados.

El ministro de Espacio Público, Eduardo Macchiavelli, ha explicado que con el uso de esos dispositivos "inteligentes",  que ya han sido probados en muchas ciudades europeas, se podrá evitar "que la gente se meta y saque desperdicios". De esta forma, ha añadido, "se podrá mejorar mucho la limpieza" de la capital.

El proyecto piloto excede, sin embargo, las cuestiones higiénicas. Cuando cae el sol, la zona céntrica de la ciudad y los barrios más acomodados empiezan a recibir una procesión de hombres y mujeres que hurgan en papeleras y contenedores. Suelen llevarse restos de comida, cartones o algún trasto viejo. Atraviesan las calles con carritos improvisados. Muchas veces son familias enteras las que se reparten las tareas de revolver entre los deshechos.

Consignas oficiales

De acuerdo con datos oficiales, la pobreza azota a casi el 34% de los argentinos. El presidente Mauricio Macri llegó al poder a finales del 2015 con la promesa de erradicarla por completo. La "pobreza cero" fue pronto sacada del repertorio de consignas oficiales. La cantidad de indigentes se ha duplicado en la capital durante los últimos tres años: se calcula que unas 200.000 personas se encuentran en esa condición mientras que el 20,9% de los habitantes de la ciudad más rica del país no llegan a poder comprarse los alimentos básicos.

Argentina tiene la inflación más alta de la región después de Venezuela. En el 2018 se acercó al 50%. Solo en marzo de este año fue del 4,7% y en la primera quincena de abril de un 3,3%. El Gobierno se vio obligado a tomar una medida "populista" y ayer congeló los precios de decenas de productos básicos. 

Unas 4.400 personas duermen en las calles del país. Buscan escaleras del metro, bancos, esquinas, obras en construcción o simplemente se tumban junto a un edificio. Entre ellas se encuentran buena parte de las que revuelven la basura a la espera de un hallazgo o una posibilidad. De ahí que la medida del Gobierno capitalino, adscrito al macrismo, haya provocado irritación en los movimientos sociales. Juan Grabois, un joven dirigente la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), cercana al papa Francisco, ha augurado poca vida a los nuevos contenedores de origen italiano. "Van a durar una semana porque cuando la gente está mal y desesperada por comer no le importa si tienen o no la tarjetita especial para abrirlos".

Capacidad instalada

La crisis argentina alcanza dimensiones que no se recordaban desde el 2001, el año en que el país estalló por los aires con el corralito bancario y la caída del presidente Fernando de la Rúa. La capacidad instalada de las industrias es a estas alturas similar a la de 15 años atrás. El cierre de locales comerciales ha crecido un 57%. En un año dejaron de existir 400 pizzerías. Se trata de una comida que forma parte de la dieta diaria de los argentinos, en sus versiones sofisticadas y más populares. El precio de la electricidad y las materias primas, entre ellas nada menos que la mozzarella, hacen inviable el negocio.

Según Grabois, el objetivo de las autoridades capitalinas es que "los pobres no vayan al centro de las ciudades", una de las postales de Argentina para el turismo internacional. "Buscan una política cosmética frente a una realidad dramática". Macchiavelli negó que ese fuera el propósito de la idea. "Muchas veces quedan las tapas abiertas y algunas personas se quejan de los olores que emanan del contenedor".