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ORDENANZA FRANCESA

Prohibido ladrar mucho

El ayuntamiento de un pueblo francés aprueba un decreto para sancionar a los dueños de los perros que ladren insistentemente

Eva Cantón

Un perro de la raza dogo de burdeos

Un perro de la raza dogo de burdeos / ARCHIVO

Un calvario, en palabras del alcalde de Feuquières (un pueblo de la Picardía francesa de 1.500 almas), es lo que sufren los lugareños que han tenido la mala suerte de vivir al lado de un vecino con media docena de perros que se pasan el día ladrando.

Tras varios intentos fallidos para que el dueño de los canes tomara medidas y devolviera la tranquilidad al barrio, los vecinos preguntaron al regidor municipal, el independiente Jean Pierre Estienne, si podía hacer algo. La respuesta del consistorio ha sido un sorprendente decreto aprobado en el consejo municipal para penalizar a quienes dejen a sus animales aullar insistentemente.

“Este decreto no prohíbe a los perros ladrar, sino que pide a los dueños hacer lo posible para que cuando ladren no molesten”, ha explicado Estienne, un militar retirado de 72 años, al semanario local ‘Oise Hebdo’. “Los perros podrán seguir ladrando en el campo”, ha agregado, asumiendo plenamente su decisión ante las voces críticas y dejando claro que no tiene nada en contra de los cánidos. “Cuando uno decide tenerlos, se les educa”, apostilla el edil.

Vigilados permanentemente

El documento administrativo en cuestión dice que, tanto de día como de noche, estará prohibido dejar a un perro en un recinto cerrado sin que un guardián o cualquier otra persona esté cerca para hacerles callar si se ponen la ladrar de manera reiterada. Además, el propietario del animal deberá meterlo en casa si molesta o impide el descanso de los vecinos. Los infractores se arriesgan a una multa de 68 euros.

“En una localidad rural no tenemos policía municipal para intervenir y los gendarmes tienen cosas mejores que hacer. Así que, como esto hace meses que dura y los intentos de conciliación han fracasado, el decreto será efectivo desde este lunes 11 de febrero”, ha contado el alcalde a ‘Le Monde’.

Críticas de asociaciones

Más que sorprendido está el presidente de la Asociación de Defensa de los derechos de los animales Stéphane Lamart, que ve “alucinante” la medida del consistorio. “Es como impedir que suenen las campanas de las iglesias! Si los perros tienen boca es para ladrar. Además, bien contenta que está la gente cuando dan la alerta si alguien entra a robar”, argumenta.

Aunque admite que los ladridos pueden molestar, Lamart dice que no ha visto nunca a un perro ladrar desde la mañana hasta la noche. También le preocupa que el alcalde haya hablado de usar collares anti-ladridos porque sostiene que el uso de estos dispositivos electrónicos puede quemar las cuerdas vocales del animal. Así pues, según señala en 'Le Monde', no descarta llevar el peculiar decreto a los tribunales.

Otro caso, con gatos callejeros

En el pueblo ya hubo otra polémica a finales del 2017 que también tuvo como protagonista al reino animal. Fue a raíz de la denuncia de los vecinos de una zona residencial, que se quejaron de la proliferación de gatos callejeros.

El Ayuntamiento compró trampas para atraparlos y esterilizarlos pero luego tuvo que dar marcha atrás porque la medida no era legal. Aunque el alcalde no se da por vencido y en las próximas semanas lanzará una campaña de esterilización para que la población de felinos no se dispare.

Temas: Francia