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Tijuana, desbordada por los inmigrantes

La ciudad fronteriza mexicana carece de capacidad para atender a los integrantes de la caravana que salió de Honduras y que esperan solicitar asilo en EEUU

Aitor Sáez

Los inmigrantes esperan una ración de comida en un refugio en Tijuana.

Los inmigrantes esperan una ración de comida en un refugio en Tijuana. / REUTERS / CARLOS GARCÍA RAWLINS

Los barrotes de la valla fronteriza están fríos a primera hora de la mañana. Marcos Jiménez los toca mientras incrusta su cabeza en el palmo de distancia entre cada uno. "Siento alegría, siento la energía, estamos más cerquita", apunta el joven de 18 años. Al otro lado, en Fénix, le esperan sus padres y hermanos. Él vivía desde hace seis años con sus abuelos en Honduras y huye de las pandillas.

"Hay mucha inmigración aquí, pero toca aventarse todos juntos. Si nos agarran, a ver si nos regresan y volvemos con más fuerza", asegura al observar la decena de policías vestidos de camuflaje y con escopetas que patrullan el linde. En la orilla algunos calman la hinchazón de los pies o se remojan en el agua helada. Un par de jóvenes trepan la valla ante los gritos de sus compañeros que les abroncan para que bajen: "¡No provoques que nos perjudicas a todos!". El principio de esta caravana es hacer todo juntos y de forma pacífica

Unos inmigrantes lavan su ropa  junto a la valla con EEUU / REUTERS Carlos Garcia Rawlins

Los primeros 400 centroamericanos en llegar a Tijuana aguardaban al resto en la playa, el extremo más al oeste de la frontera entre México y Estados Unidos. "Necesitábamos ver suelo americano", afirma Marcos, tras más de un mes de duro camino. Entre el grupo cundía una mezcla de euforia por alcanzar la meta y de estupefacción por los ocho metros de altura de la valla y la fuerte presencia policial.

Ataque con piedras

A esa desazón se sumaba el sobresalto de la anterior noche en que un grupo de vecinos mexicanos les atacó con piedras y estos respondieron a la agresión. Un altercado sin heridos pero que obligó a las autoridades locales a reubicarlos en el polideportivo Benito Juárez, acondicionado como albergue, donde hasta el viernes habían llegado unos 2.000 migrantes y se esperaba que otros 5.000 lo hicieran durante el fin de semana y este lunes.

Vista del polideportivo donde han sido acogidos los inmigrantes /  John Moore Getty 

La caravana recorrió 2.000 kilómetros en apenas dos días. Un avance acelerado gracias a los autobuses facilitados por los gobiernos estatales de México, pero que ha desbordado a Tijuana. "Nos dan comida pocas veces y los niños tienen hambre. Estamos pasando frío. Y solo podemos estar aquí por seguridad,  de modo que hay que aguantarnos”, lamenta Rosa Ramos, que salió de Honduras junto a sus tres hijos pequeños. Algunas familias pernoctan bajo tres carpas mientras la mayoría duerme en la intemperie, en tiendas improvisadas con los colchones y mantas que pudieron traer desde la capital mexicana.

"No contamos con recursos suficientes para atender a todos", admite Carlos Flores, representante de la Comisión estatal de Derechos Humanos, quien añade que para resolverlo "se pidió al Gobierno federal un apoyo de 80 millones de pesos (unos 35 millones de euros)".

El largo trámite del asilo 

"Todos ansiábamos llegar aquí y lo logramos, pero ahora toca tener paciencia. Esto va para largo", emplaza por megáfono Gina Garibo, representante de Pueblos Sin Fronteras, la oenegépromotora de la caravana. La mayoría coincide en que la mejor opción es pedir asilo y algunos acudenn al puente fronterizo peatonal entre Tijuana y San Diego, donde varios voluntarios los asesoraan para iniciar un trámite que puede durar hasta dos meses.

Un niño de la caravana come un bocadillo recibido en plena calle de Tijuana / AP / RODRIGO ABD

La ciudad ya estaba saturada de antes. "Hay más de 2.500 inmigrantes esperando para su asilo, a los nuevos les toca ponerse a la fila", advertía Francisco Rueda, secretario de gobierno de Baja California. Ante esa lentitud, los migrantes barajan la posibilidad de manifestarse en ese paso fronterizo para exigir la agilización del proceso.

"Si nos vamos a tener que esperar tanto, nos va a tocar trabajar. Ya no podemos estar más ahí tirados, sin ningunas condiciones. Mis niños necesitan comer, otras cosas", lamenta el guatemalteco Aurelio González tras apuntarse para solicitar asilo junto a su esposa y cuatro hijos. "Tampoco podemos quedarnos aquí, porque no nos quieren", señala Aurelio sobre el rechazo social que han sufrido.

Ante el adverso panorama algunos jóvenes forman corrillos para planear el lugar y momento idóneos para cruzar la valla, a sabiendas que con ese ingreso ilegal se les negará el asilo y serán deportados si los atrapan. Para ellos las posibilidades de obtener refugio son muy reducidas tras el endurecimiento de las exigencias que anunció el presidente norteamericano, Donald Trump.

"Ya no hay vuelta atrás, nos toca intentarlo como sea. Pues queremos cumplir la ley, pero así será imposible", justificaba uno de ellos. Las incómodas condiciones en Tiijuana acentúan la angustia de los inmigrantes, ante la disyuntiva de aguardar el asilo o brincar el muro.