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DISTENSIÓN EN ASIA

La paz se abre paso en Corea

Ocho meses después de rozar el choque atómico, la península coreana desactiva el riesgo de conflicto nuclear y avanza hacia una pacificación

Adrián Foncillas

La paz se abre paso en Corea

AHN YOUNG-JOON

La península coreana cabalga sin bridas hacia la paz apenas cuatro meses después de que muchos alertaran de una guerra nuclear inminente. Ningún observador sólido creyó aquellas amenazas de aniquilación masiva que se cruzaron Pyongyang y Washington pero eso no resta relevancia al giro. Para las enciclopedias quedarán la reciente visita a Pyongyang del director de la CIA, Mike Pompeo, y las aproximaciones de ambas coreas para firmar el ansiado tratado de paz. Bastó que Kim Jong-un aludiera al diálogo en el pasado discurso de Año Nuevo para que la región empezara a generar acontecimientos históricos a ritmo vertiginoso.

A la cumbre presidencial intercoreana del viernes 27 de abril no le faltaba cuajo para ser histórica: será la primera en más de una década y recupera el simbolismo de la “Sunshine policy”, un raro periodo de distensión a ambas lados del Paralelo 38 a principios de este milenio. La revelación de que podría anunciarse un tratado de paz descarta que sólo se busque la foto. Ambas coreas permanecen en estado teórico de guerra desde que la confrontación acabara con un armisticio en 1953 y ni siquiera aquellos admirables presidentes surcoreanos liberales pudieron solucionarlo.

Ahora es Moon Jae-in, su heredero político, el que se ha propuesto enterrar el último fósil de la Guerra Fría. Lo reconoció un funcionario de la Casa Azul (la residencia presidencial surcoreana) subrayando las reservas: “No es algo que podamos hacer nosotros solos. Serán necesarias muchas discusiones con las partes implicadas, Corea del Norte incluida”. También negociarán que la Zona Desmilitarizada, una franja fronteriza con la mayor densidad de armamento y soldados del mundo, haga honor a su nombre y recupere su estado original.

85 misiles y cuatro ensayos nucleares

Es paradójico que Corea del Norte pueda cerrar la paz con el Kim más díscolo de la estirpe. El actual dictador ha lanzado 85 misiles y practicado cuatro ensayos nucleares desde que llegó al poder, muchos más que sus dos antecesores en casi tres décadas. Donald Trump, presidente estadounidense, aplaudió ayer a ambas coreas por la negociación y trasladó todas sus “bendiciones”.

El acuerdo de paz recortaría las posibilidades estadounidenses de ordenar un ataque incluso si la cumbre entre Kim Jong-un y Trump termina en un “catastrófico fracaso”, opina Tong Zhao, experto en seguridad del Centro Carnegie-Tsinghua. “Ayudaría a reducir las tensiones y los riesgos de un conflicto militar serio. Pero Estados Unidos probablemente lo vería con preocupación porque disminuiría su campaña de máxima presión y aislamiento para conseguir la desnuclearización norcoreana”, señala.

El camino hacia el acuerdo será pedregoso. El primer problema es de legitimidad: aquel armisticio fue firmado por Estados Unidos, China y Corea del Norte. Seúl quedó fuera y se discute si ahora podría anularlo. Pyongyang, además, ha buscado durante décadas firmar la paz sólo con Washington porque entiende que son los dos únicos litigantes. La firma requeriría de la supervisión de la ONU o, como aclaró un funcionario surcoreano, el acuerdo posterior de Estados Unidos y China.

La incógnita de la desnuclearización

El segundo problema es qué puede ofrecer y exigir Corea del Norte. Seúl ya ha aclarado que la desnuclearización es incondicional y ningún experto cree que Pyongyang esté dispuesta a ella o, al menos, en los términos absolutos y verificables exigidos. La península ha vivido periodos de distensión a los que han seguido otros de gran beligerancia y sólo la carta nuclear les ha salvado del destino trágico de Muammar el Gaddafi o Saddam Hussein. Corea del Norte firmó en la década de los 90 un acuerdo con Bill Clinton que su sucesor, George Bush, finiquitó al colocar al incluirla en el Eje del Mal. El reciente ataque estadounidense con misiles a Siria apuntala la certeza de la indefensión y juega en contra de las pretensiones de Seúl y Washington.

Y por último está el contexto político surcoreano. Moon ganó las elecciones con un 41 % de los votos gracias a su agenda social y su acercamiento a Pyongyang no genera un entusiasmo masivo. Le esperan críticas feroces de la prensa de derechas si regresa el día 27 sin contrapartidas tangibles al acuerdo de paz. 

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