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TRABAJO FORMATIVO

Educar para crecer en la India

Según el último censo, casi un 20% de los jóvenes indios, alrededor de 38 millones de niños y niñas, no acuden a la escuela primaria, una carencia que intentan paliar organizaciones humanitarias

Lucas Font / Nueva Delhi

Dos aulas del centro escolar Gramin Vikas Saniti

Dos aulas del centro escolar Gramin Vikas Saniti / LUCAS FONT

Fulu Devi vive en la colonia de Surat Nagar, en las afueras de Nueva Delhi, junto a otras muchas familias procedentes del campo que en las últimas décadas han emigrado a las grandes ciudades en busca de una vida mejor. Llegó aquí con su marido hace once años desde Bihar, uno de los estados más pobres de la India, y una vez instalados tuvieron que apañarse con el poco dinero que les daban sus trabajos en el sector informal. Ella como empleada doméstica y él en la construcción, ambos basados en largas jornadas de trabajo y condiciones laborales precarias. Debido a las muchas horas que pasaban fuera de casa, las tareas de la casa recayeron en sus hijos. Su hija mayor, de dieciocho años, ya es madre y no ha ido nunca a la escuela.

Esta es la situación de millones de niños y niñas en la India, tanto en el ámbito rural como en el urbano. Según el último censo del año 2011, de los 208 millones de niños de entre seis y trece años, unos 38 millones no van a la escuela; esto es casi uno de cada cinco menores. Entre los no escolarizados, más de tres millones han trabajado alguna vez, y esto sin contar los niños que se dedican a las tareas domésticas u otros trabajos no remunerados que el censo no contempla.

“No se trata solamente de la escasez de recursos económicos sino también de una falta de comunicación con los padres para que entiendan que el futuro de sus hijos pasa por que acudan a la escuela y no por que contribuyan desde tan jóvenes a la economía familiar”, dice Partha Pratim Rudra, director de desarrollo de programas de Smile Foundation, una oenegé que trabaja codo con codo con organizaciones locales para garantizar el acceso a la educación y a la sanidad básicas de las comunidades más pobres. “En la India se generan unos dos millones de puestos de trabajo al año, pero necesitamos a jóvenes bien preparados para cubrirlos”, señala.

El centro escolar Gramin Vikas Saniti acoge a más de 300 niños y niñas de diferentes edades /lucas font

Un barrio familiar

En la colonia de Surat Nagar, donde reside Fulu Devi y su familia, viven unas 18.000 personas. Está formada por varias calles, la mayoría sin asfaltar. Sus casas carecían de luz y agua corriente hasta que el Gobierno financió su instalación hace pocos años. En un pequeño y polvoriento descampado se ubica el mercado local, formado por destartalados tenderetes que abastecen de fruta, carne y verduras a sus vecinos, y a cuyo alrededor se concentra la vida del barrio. Los dueños de los pequeños negocios esperan impacientes la llegada de clientes mientras charlan entretenidamente en la calle, y los niños corretean a sus anchas en busca de cualquier novedad que les distraiga. Es un barrio familiar.

A escasos metros del mercado se encuentra el centro escolar Gramin Vikas Saniti, que acoge a más de 300 niños y niñas repartidos entre los turnos de mañana y tarde. Los grupos se dividen por edades y van de los 3 hasta los 14 años, aunque también hay jóvenes mayores que se perdieron los primeros años de escuela y necesitan recuperar los cursos atrasados.

Alrededor del patio cubierto se ubican las aulas, seis en total, pequeñas y oscuras, con no más de 25 alumnos cada una. A última hora los niños salen al patio y se sientan en el suelo esperando la actuación de hoy, que consiste en bailes organizados por los propios alumnos, entre ellas Khushi, una joven que mueve los pies a una velocidad de vértigo al ritmo de la música. Acto seguido, un grupo de seis chicos y chicas realizan un baile de hip-hop que acaba con una pirámide humana y con un largo aplauso de los más pequeños, que los observan incrédulos. Y no son los únicos, ya que estos espectáculos también se abren habitualmente a las familias.

“Trabajamos mucho en la implicación de los padres”, señala Dalip Singh, el director del centro. “Organizamos reuniones periódicas con los profesores y les invitamos a ver los espectáculos de sus hijos. Esto ayuda a convencerles de que llevando a sus hijos al colegio están contribuyendo positivamente a su futuro profesional y a su desarrollo personal”.

A día de hoy, sin embargo, todavía queda camino por recorrer. La escuela Gramin Vikas Saniti carece todavía de aulas correctamente acondicionadas para dar cabida a todos sus alumnos, por no hablar de la ausencia de sillas y pupitres. A los pequeños, sin embargo, no les falta actitud ni ganas de aprender, entre ellas las hijas pequeñas de Fulu Devi, que ya acuden a la escuela gracias al trabajo de los 'change agents' -agentes del cambio- que acuden puerta por puerta a las casas para explicar a las familias las ventajas de escolarizar a sus hijos. Quizás el futuro les depare ahora mejor suerte.

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