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TÍMIDA APERTURA

Arabia Saudí autoriza al fin la apertura de cines

El ministro de Cultura anuncia que se espera que las primeras salas estén abiertas en el 2018

Adrià Rocha Cutiller

Saudís en una sala de conciertos.

Saudís en una sala de conciertos. / Faisal Nasser / Reuters

Parece, a simple vista, un gesto sin importancia: tras 35 años estando prohibido, en Arabia Saudí, a partir de 2018, la gente podrá ir al cine.

Lo ha anunciado este lunes el ministro de Cultura saudí, Awad bin Salé Alawad, y su gobierno lo enmarca en una medida más de la «revolución social» que está empujando el príncipe heredero al trono, Mohamed Bin Salmán.

El hijo del rey Salmán quiere, dijo hace unos meses, moderar el islam. En uno de los países donde el islam oficial, el Wahabismo, es de todo menos moderado. Su anterior medida revolucionaria fue en setiembre, cuando dijo que, en unos meses, las mujeres podrán conducir. (Arabia Saudí era el único país en todo el mundo donde las mujeres lo tenían prohibido).

«Esta decisión marca un antes y un después en el desarrollo de la economía cultural en el reino», ha dicho este lunes Salé Alawad, ministro de Cultura saudí, que ha hablado, precisamente, de cambio económico; pero no social.

Arabia Saudí se abre, pero sólo para salvar sus arcas. «Los planes económicos de las autoridades saudís implican cambios estructurales enormes, que cambiarán la relación del Estado con sus ciudadanos», explica un informe del think tank británico Chatham House.

Diversificarse 

La intención de Bin Salmán es clara: dejar de ser únicamente dependientes del petróleo. Que los saudís, que antes iban a pasárselo bien a Qatar Emiratos, lo hagan en casa. Que se gasten el dinero aquí.

«Arabia Saudí nunca será Dubái, pero el modelo de liberalización social de los Emiratos les influye», dice el informe: en Dubái, aunque el islam que se predica no es más moderado que el saudí, se permite la venda de alcohol, el turismo y, por supuesto, ir al cine.

«La apertura de cines ayudará al crecimiento económico y a la diversificación de nuestra economía. Al desarrollar el sector cultural, crearemos nuevos empleos y oportunidades de formación», dijo el ministro saudí de Cultura.

Pero el gobierno saudí, con el joven Bin Salmán a la cabeza, según los expertos, no quiere ir más allá. Libertad económica, en Arabia Saudí, no significará libertad social. «El rey Salmán y su hijo están fortaleciendo su posición en contra de los demás miembros de la familia de los Saúd —explica el analista Nathan Brown en un artículo—. Buscan centralizar la estructura gubernamental del país, reinar con autonomía de los aparatos religiosos y judiciales».

«Cuando el principe heredero llegue al trono, —continúa el analista—, el país tendrá un rey que no delega, cambia oficiales a su gusto y que no duda en apartar a rivales dentro de su familia. Será un estado con una sola fuente de autoridad»: Mohamed Bin Salmán.

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