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EL DESAFÍO DE PIONYANG

La otra guerra de Corea del Norte: el hambre

Kim Jong-un pretende compatibilizar la carrera armamentística con el reflotamiento de la economía comatosa del país

Adrián Foncillas

Kim Jong-un visita una granja custodiada por el Ejército norcoreano, en una imagen difundida por la agencia oficial norcoreana KCNA.

Kim Jong-un visita una granja custodiada por el Ejército norcoreano, en una imagen difundida por la agencia oficial norcoreana KCNA. / REUTERS / KCNA

El cadáver de una vaca sobre la mesa esperaba a la prensa extranjera en una reciente visita a un orfanato de Pionyang y en las despensas se apretaban cajas de verduras, tofu, pescado y aceite, etiquetadas en inglés. Son regalos personales de Kim Jong-un, aclaraba la encargada: "Cuando vino, nos dijo que todos eran sus hijos y que cuidaría de ellos". También aseguró que los 225 niños ingieren 3.500 calorías diarias.  Engordarían a un atleta de élite.

La propaganda sugiere los desvelos para alimentar a su población. La política 'byungjin' acuñada por Kim Jong-un pretende compatibilizar la carrera militar con el reflotamiento de su economía comatosa. Todo es brumoso en Corea del Norte. Se discute cuánto le falta para conseguir un misil nuclear que arrase Washington y el éxito de sus reformas con similar ardor.

La ONU describe un paisaje apocalíptico. Las devastadoras inundaciones y las peores sequías en 16 años que ha encadenado Corea del Norte este año reducirán en un tercio su producción agrícola el siguiente, sostenía un estudio reciente. Dos de cada cinco habitantes sufren malnutrición y el 70 % depende del sistema de distribución estatal para sobrevivir. Las raciones han caído a los 400 gramos diarios, por debajo de los 573 gramos del objetivo gubernamental. Entre julio y septiembre del pasado año rozaban los 300 gramos. La ONU ha aprobado una partida de 6,3 millones de dólares en ayudas para compensar la escasez de arroz, maíz, patatas y otros alimentos esenciales. No se recordaba un contexto tan alarmante desde las hambrunas que en los 90  dejaron un millón de muertos, un 5% de la población.

Los soldados

Algunos analistas con fuentes en el interior aseguran que los recortes han alcanzado al mimado estamento militar y que sus 1,2 millones de soldados carecen de la elemental forma física para entrar en combate. Corea del Norte destinó a Defensa entre 2004 y 2014 una cuarta parte de su PIB, de lejos el mayor porcentaje en el mundo.

Y en el rincón opuesto está el espectacular crecimiento económico del 3,9 % en 2016, según el Banco de Corea (Seúl). Utiliza indicios por la ausencia de datos oficiales y sus estimaciones generan desconfianza en los expertos, especialmente cuando le otorgaba tasas modestas del 1% o el 1,5 %. La última, señalan, es más realista.

Es aconsejable el escepticismo ante los cálculos de la ONU y del BOK, opina Benjamin Katzeff Silberstein, coeditor de la web 'North Korea Economy Watch'. "Aunque pueden ser reales al mismo tiempo: la economía ha registrado un crecimiento significativo en los últimos años pero venía de unos niveles muy bajos y ha beneficiado a los diferentes segmentos de la población en diferentes grados", señala. El analista, al igual que el grueso del gremio, concede que las condiciones de vida en general han mejorado mucho en la última década.

Kim Jong-un anunció cuando ocupó el trono en 2011 tras la muerte de su padre que su prioridad era la prosperidad de su pueblo y en la tradición nacional sonó contracultural. La autosuficiencia alimentaria es indispensable cuando las sanciones ahogan su comercio internacional. "Conseguirla será como una bomba de hidrógeno hacia nuestros enemigos", clamó en julio el diario 'Rodong Sinmun', principal órgano del Gobierno. Pionyang ha empujado a ganaderos, agricultores y voluntarios a solventar los crónicos déficits. La misión es ardua porque los desastres naturales se alían con una orografía montañosa en el 70% de su territorio que reduce la superficie arable. El plan quinquenal aprobado en mayo introduce mejoras de explotación para doblar la producción de grano en 2030.

Manipulación genética

En esa reciente visita a Pyongyang era evidente el empeño gubernamental por mostrar los éxitos económicos, los desvelos por cuidar a su gente y su inmunidad a las sanciones. Una piscifactoría de la capital produce 2.500 toneladas de siluro anuales destinados a colegios, hospitales y mercados de la ciudad. Algunos ejemplares pasarían por ballenas. La nueva especie autóctona es la mezcla de hembras húngaras y machos egipcios. Fue idea de Kim Jong-un, también experto en manipulación genética, que quintuplicó la producción anual. "Todo es local: la tecnología, la maquinaria y el pienso, que antes teníamos que importar", señalaba con sobrado orgullo Hong Sun Gwon, jefe de producción. Los locales entrevistados por este diario corroboraban que el pescado se había multiplicado en los mercados en los últimos años. También en los supermercados que empiezan a salpicar la capital abundan chocolates, galletas o patatas fritas locales que sustituyen a las chinas.

Kim Jong-un ha vinculado su legitimidad a la mejora de la calidad de vida de su pueblo e incentivado unas incipientes reformas que recuerdan sin remedio a las de Deng Xiaoping. ¿Se preocupa realmente más que sus predecesores en el bienestar del pueblo? "La respuesta corta es sí. Ha dejado más margen a los mercados, y gran parte de la población está involucrada en ellos", responde Stephen Haggard, autor de un libro sobre las hambrunas de los 90. Recuerda que Corea del Norte es un país pobre, que la inversión prioriza la capital y que las desigualdades han aumentado en una sociedad orgullosamente socialista. "Las sanciones limitarán el desarrollo y con China participando activamente en ellas es muy probable que la economía recaiga en sus problemas este año", vaticina. 

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