02 abr 2020

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Los refugiados del cáncer de China

Pacientes del gigante asiático viajan a Pekín y se alojan en insalubres hoteles para tratar la enfermedad, lo que supone un gasto enorme que suele arruinar a las familias

Adrián Foncillas

Una pareja cocina en una de las habitaciones de un hotel del cáncer en Pekín.

Una pareja cocina en una de las habitaciones de un hotel del cáncer en Pekín. / ADRIÁN FONCILLAS

“Dos paquetes diarios”, masculla Li Hong mientras da la última vuelta a las empanadillas. El tabaco les ha empujado desde su soleada provincia costera de Shandong a este cuartucho lóbrego de Pekín. Dos maletas de cartón y una mesa con un televisor y un hornillo eléctrico se aprietan en los escasos márgenes entre la cama y la pared. Varias bolsas de plástico con otras pertenencias cuelgan de la rejilla de un ventanuco interior. Su marido, con una gorra que esconde su reciente calvicie, traga las empanadillas avergonzado. “Dos paquetes diarios. Ya sabía que era malo, pero hay gente que no quiere escuchar”, insiste Li.

Miles de chinos de todo el país parten hacia las grandes ciudades cuando reciben el diagnóstico del cáncer en busca de un tratamiento más fiable del disponible en las zonas rurales. Son los llamados refugiados del cáncer: castigados no sólo por la enfermedad sino por el descalabro económico y que esperan la radioterapia, quimioterapia o cirugía en arrabales cercanos a los hospitales. El más célebre es la llamada “Isla del Cáncer”, en el distrito pequinés de Babaozhuang que acoge el reputado Hospital del Cáncer. La isla es una hilera baja de infraviviendas encajonada entre un río y modernos y arrogantes edificios. La basura amontonada, los restos de obras sin finalizar y la ubicua dejadez conforman un cuadro deprimente. No es el mejor ecosistema para un enfermo, pero es mucho más barato que los hoteles.

El cáncer es un negocio en Babaozhuang. Habitaciones de precios imbatibles se anuncian en pintadas y papeles pegados en cualquier pared y los locales esperan a las puertas del hospital con sus catálogos. Una mujer en un triciclo ofrece desde cuartos amplios con baño propio a otros compartidos con otros siete inquilinos en camastros. Los llaman hoteles con mucha generosidad. Los peores avergonzarían a una insalubre pensión.

“Pagamos 80 yuanes (10 euros) por día y cualquier hotel de la zona nos cobra al menos el triple. Además aquí podemos cocinar en el cuarto y nos ahorramos el restaurante”, razona Mu Ai Xia, quien comparte con tres familiares la habitación. Calcula que el cáncer de hígado de su marido les ha costado 200.000 yuanes (25.800 euros) y sólo es el principio. Llevan tres semanas en Pekín y se quedarán al menos otro mes. “Hemos conseguido el dinero de una cincuentena de amigos y familiares. Todos nos han ayudado y ahora cuidan nuestras tierras. Pero tendremos que trabajar muy duro para devolvérselo, con suerte en veinte años. Siento una presión asfixiante”, relata. Los gastos médicos son la causa del 44% de las familias chinas que han caído en la pobreza.

COBERTURA MAOÍSTA

Los refugiados del cáncer ejemplifican la problemática de la sanidad pública china. La apertura económica jubiló la cobertura maoísta que prestaban los llamados médicos descalzos, tan extendida como precaria. Se esperaba que, años después, la sanidad se sufragara por la vía privada. Eso no ha ocurrido. La insuficiente financiación pública empuja a hospitales y doctores a buscar ingresos por su cuenta y priorizar los beneficios a los resultados. Es habitual que los pacientes sean sometidos a más pruebas de las que necesitan y salgan cargados de medicinas. El contexto aboca al conflicto cotidiano entre los desmoralizados e infrapagados doctores y los desconfiados y exigentes pacientes. Las agresiones al personal médico no son raras.

La crisis del SARS desnudó el sistema y puso a Pekín a trabajar. En 2009 aprobó una ambiciosa reforma para aumentar la inversión pública, mejorar la sanidad en las áreas rurales, expandir el seguro médico, facilitar el acceso a las medicinas y reformar los hospitales públicos. Los avances son meritorios pero desiguales, juzga la Organización Mundial de la Salud (OMS). El seguro médico ha pasado de cubrir a un 10% de la población rural y 25% de la urbana a un 95% total. Ocurre que no alcanza la totalidad del coste y algunos tratamientos son muy caros.

“Si tienes que pagar el 30% de la factura, eso es aún mucho dinero. Y si pagas, quieres lo mejor. La percepción es muy importante y es habitual que la gente piense que los hospitales y médicos de las grandes ciudades son más fiables”, señala en las oficinas de la OMS el coordinador Martin Taylor. 

Zhang Yujie, con la dentadura arruinada del campesinado chino, ha gastado 150.000 yuanes (19.300 euros) en el cáncer de pulmón de su hermano. El seguro le cubría el 80% del gasto en Shenyang, en la norteña provincia de Liaoning, pero prefirieron pagarlo íntegro en la capital. “Los médicos de allí nos dijeron que la cirugía había ido bien pero no fue verdad. Tenía metástasis. Hicieron una chapuza”, lamenta.

PLAZOS DEMASIADOS LENTOS

China invierte un 6 % en sanidad, en la línea de los países de ingresos medios del BRICS (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica) y lejos del 11% de los de la OCDE. La cobertura integral es aún quimérica, como lo es en la mayor parte del mundo, pero las partidas aumentan y la intención gubernamental es inequívoca. “China se mueve en la dirección correcta y los recursos destinados son buenos. Si sigue así, la sanidad mejorará. Pero las reformas son muy complejas, tanto desde el punto de vista técnico como político”, juzga Taylor. También en sanidad sirve aquello de que China ha hecho mucho y le queda mucho por hacer.

Los plazos son demasiado lentos para muchos. “Nos hemos gastado los ahorros de toda la vida en un solo año. Pero da igual lo que cueste, salvar la vida de mi hermano es lo más importante”, señala Zhang. 

Una epidemia de gran crecimiento

La contaminación atmosférica y hábitos perniciosos como el tabaco han convertido el cáncer en una epidemia en China. Su crecimiento se ha disparado, señala la OMS, hasta alcanzar los 2,2 millones de muertos al año. El de pulmón es el más común en los hombres y el de pecho en las mujeres. Los casos del primero han aumentado un 60% en una década en Pekín, una de las ciudades con peor calidad del aire.

Los diagnósticos de cáncer han pasado de 2,4 millones en el 2010 a 4,3 millones en el 2015, casi el doble, lo que significan 12.000 casos diarios. La OMS asegura que muchos de ellos podrían haber sido prevenidos.

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