25 sep 2020

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El proceso de paz en Colombia

Las FARC completan la entrega de armas ante la ONU

Santos y el líder de la guerrilla celebraron con efusión el acontecimiento histórico

La agenda pactada en La Habana necesita ahora cumplir con otros puntos esenciales del acuerdo

Abel Gilbert

La operación contra García se realizó en una zona rural del municipio de Cartagena del Chairá.

La operación contra García se realizó en una zona rural del municipio de Cartagena del Chairá. / RAUL ARBOLEDA / AFP

“Hoy 27 de junio para mí y para los colombianos es un día muy especial, un día que jamás olvidaremos, el día en que las armas se cambiaron por las palabras”.Juan Manuel Santos definió cabalmente el histórico momento que protagonizaba en un escenario años atrás impensado: la frondosa zona veredal de Mesetas (en el departamento de Meta), donde las FARC  dejaron en contenedores los últimos de los 7132 fusiles que tenían en su poder. “Puedo decir, desde el fondo de mi corazón, que por vivir este día, habrá valido la pena ser presidente”, dijo Santos, acompañado por el máximo jefe de las FARC, Timoleón Jiménez (alias Timochenko); y el jefe de la Misión de la ONU en Colombia, Jean Arnault. “El compromiso con la dejación de armas ha sido honrado”, aseguró Arnault. De esta manera, se cierra un capítulo esencial del sangriento conflicto interno iniciado en 1964. El presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de esa guerrilla, Rodrigo Londoño, volverán a reunirse para celebrar el cumplimiento de ese punto esencial de la agenda de paz. Las FARC pasan a ser un partido político más de ese país. “Hoy no terminan las FARC pero sí nuestro levantamiento en armas”, explicó Timochenko. La insurgencia solo mantiene las armas necesarias para mantener la seguridad en los 26 campamentos donde se han reunido sus integrantes. Este desarme no tiene precedentes en una Colombia en la que otros grupos armados cumplieron a medias parte de sus pactos con el Estado. El M-19 tenía unos 700 militantes pertrechados pero solo entregó 280 armas. En EPL contaba con 2.500 combatientes y cedió 600 fusiles. Cuando los casi 32.000 paramilitares de extrema derecha se desmovilizaron entregaron 18.024 armas.

Ahora las FARC deben dar el siguiente paso convenido durante las negociaciones en La Habana y presentar al Estado la lista de bienes que sirvieron durante muchos años para financiar la lucha armada. Ese dinero será usado para reparar a las víctimas y sostener programas de reintegración de guerrilleros a la vida civil.

NUEVOS DESAFÍOS

A pesar de la trascendencia de lo ocurrido en las últimas horas, el optimismo en Bogotá es moderado. Todavía quedan asuntos de primer orden para garantizar que el acuerdo de paz se materialice en su totalidad. El Congreso tiene en sus manos la responsabilidad de sancionar las leyes que ofrezcan a la guerrilla seguridad jurídica y garantías de que el tránsito de los exinsurgentes a la vida civil no encontrará problemas inesperados.

La ley que reglamentará la Jurisdicción Especial de Paz será la primera tarea por definir. Y es de especial relevancia porque definirá el modo de operar del sistema de justicia que juzgará a los involucrados en el conflicto armado. En este contexto, Jesús Santrich, uno de los negociadores de las FARC de los acuerdos de La Habana, inició una huelga de hambre indefinida ante lo que definió como “la falta de voluntad política” del Gobierno de hacer realidad lo pactado en lo que se respecta a liberar a los presos que pertenecen a la insurgencia. Hasta el momento salieron de las cárceles 832 de los 3.400 presos que deberían haber obtenido ese beneficio.

VIOLENCIA QUE PERSISTE

El desarme de las FARC, por otra parte, no termina con los problemas de violencia en Colombia. Días atrás estalló en el baño de mujeres de un centro comercial bogotano un artefacto que mató a tres personas. La autoría del atentado fue adjudicada a un minúsculo grupo. En tanto, dos periodistas holandeses fueron secuestrados por el ELN. A su vez, decenas de líderes sociales y numerosos sindicalistas han sido asesinados en el interior del país. “Estos días han sido un déjà vu de los peores años de la guerra, y dejaron la sensación de que en Colombia todo sigue igual que antes”, señaló la revista 'Semana'. Timochenko no pasó por alto la situación. “Estamos preocupados  por la negligencia estatal para cumplir con lo pactado. Hay muchas muertes de líderes sociales, las amnistías están demoradas y falta mucho. Hay retrasos en las reformas y eso trae riesgos muy grandes". Tampoco Santos: “Tenemos muchas dificultades por superar, pero el aparato destructivo será superado por una urna electoral. Colombia entera les toma su palabra y la comunidad internacional es testigo, la palabra será su única arma. Esta es la mejor noticia para Colombia en los últimos 50 años”.