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LA NUEVA ADMINISTRACIÓN DE EEUU

Sessions tacha de "mentira detestable" sugerir que se confabuló con Rusia

El fiscal general de Trump se niega a hablar de sus conversaciones con el presidente sobre el cese de Comey

Idoya Noain

Sessions presta juramento antes de testificar ante el comité de inteligencia del Senado, en Washington, el 13 de junio.

Sessions presta juramento antes de testificar ante el comité de inteligencia del Senado, en Washington, el 13 de junio. / AFP / ALEX WONG

El Comité de Inteligencia del Senado ha vuelto a ser este martes el epicentro del terremoto político que vive Estados Unidos desde que se empezó a investigar si la campaña del presidente Donald Trump se confabuló con Rusia durante la injerencia de Moscú en las elecciones. Y en el centro del seísmo en la jornada ha estado el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, que se ha defendido vehementemente de las “sugerencias” de que él personalmente estuvo involucrado en el 'Rusiagate'. “Sugerir que participé en alguna confabulación para dañar a este país, que he servido con honor por 35 años, es una mentira detestable y espantosa”, ha declarado el antiguo senador. “Nunca he mantenido encuentro o conversación alguna con cargos rusos o extranjeros relacionados con ninguna campaña o elección en EEUU”.

Sessions ha rechazado también las informaciones que han apuntado a que pudo mantener un tercer encuentro con altos cargos rusos en el hotel Mayflower (además de los dos con el embajador ruso, Serguéi Kislyak, que fueron revelados por 'The Washington Post' después de que Sessions hubiera negado en su sesión de confirmación haber tenido “comunicaciones” con representantes de Moscú). La negativa en el caso del Mayflower, no obstante, ha sido menos firme y Sessions ha usado expresiones como “no recuerdo” o “si ocurrió (un encuentro) de pasada no lo recuerdo”.

TENSIÓN Y DIVISIÓN PARTIDISTA

Han sido algo más de dos horas y media de sesión extremadamente tensa, una vez más marcada por una clara división partidista entre los senadores demócratas, incisivos y duros con Sessions, y los republicanos, mucho más favorables y amistosos con el fiscal general. Y, más allá de servir a Sessions para tratar de limpiar su nombre, no ha arrojado demasiada luz sobre varios de los oscuros capítulos que han ido sumándose a la saga.

Esos capítulos incluyen la decisión de Trump de cesar fulminantemente al director del FBI James Comey en medio de la investigación del 'Rusiagate'Sessions, pese a que se había recusado de cualquier investigación vinculada a la trama rusa (una decisión que este martes a atribuido a “legalismos” para cumplir con directrices del Departamento de Justicia), firmó una carta apoyando un informe favorable al despido elaborado por el número dos de Justicia, Rod Rosenstein.

Con una argumentación legal vaporosa y duramente cuestionada por los demócratas  (“no puedo violar mi deber de proteger comunicaciones confidenciales con el presidente”) Sessions se ha negado en la vista a contestar muchas preguntas sobre el despido de Comey, manteniendo interrogantes que rodean a ese cese como si hubo abuso de poder del presidente o incluso obstrucción a la justicia.

¿DESPEDIR A MUELLER?

La esperanza de que algún día se contesten esas preguntas descansa sobre todo en la investigación que está llevando a cabo el fiscal especial nombrado para el caso, Robert Mueller, pero incluso su trabajo puede estar en peligro. El lunes Christopher Ruddy, un directivo de la conservadora Newsmax Media y amigo personal de Donald Trump, aseguró tras visitar la Casa Blanca que se está “sopesando” despedir a Mueller.

En una sesión anterior a la de Sessions en otro comité del Congreso, al que acudió Rosenstein en lugar del fiscal general, este explicó que el despido de Mueller solo podría firmarlo él y trató de calmar a los senadores. “No voy a seguir órdenes a no ser que crea que esas órdenes son legales y apropiadas. Mientras esté en esta posición no va a ser despedido sin buena causa”, dijo, pero también añadió: “Si hubiera una buena causa, lo consideraría”. Un escalofrío recorrió a muchos. Y resucitan, además, los fantasmas de la llamada "masacre del sábado noche" de Richard Nixon, en la que fueron cayendo altos cargos hasta que uno aceptó una decisión del presidente para echar al principal investigador del 'Watergate'.