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FÒRUM CORNELLÀ CREACIÓ

Moisés Naím: "Trump va a tener centenares de 'guantánamos'"

El analista internacional aboga este miércoles en Cornellà por 'Repensar el mundo'

Josep Saurí

Moisés Naím, este jueves en Cornellà.

Moisés Naím, este jueves en Cornellà. / JOAN PUIG

'Repensar el mundo' es el título del último libro del analista internacional venezolano Moisés Naím (1952) y también el de la conferencia con la que este viernes inaugura la octava edición del Fòrum Cornellà Creació.

¿Es posible repensar el mundo, en estos momentos de vértigo?

Es indispensable. Están pasando demasiadas cosas importantísimas, transformadoras, inéditas. Algunas peligrosas, otras esperanzadoras, y nos están faltando maneras de entender, de interpretar. Las ideas recibidas no bastan. Todos estamos sintiendo que está ocurriendo algo grande, y que en medio de ese torbellino no sabemos cómo vamos a quedar nosotros, nuestra familia, nuestro empleo, nuestro país. Hay demasiadas cosas que pensábamos permanentes y han resultado ser efímeras, y otras muchas muchas que creíamos transitorias y que han demostrado que están aquí para quedarse.

¿Por ejemplo?

Creíamos que épocas más y menos cálidas se sucedían de forma natural, y ahora resulta que no, que la ciencia nos confirma que el calentamiento global está aquí. Y También suponíamos efímero a Donald Trump...

¿Hacia dónde va el mundo si no lo repensamos? 

Cada vez hay más temas que requieren coordinación y trabajo conjunto entre los países. El cambio climático no lo va a poder afrontar ningún país por sí solo. Ni el terrorismo, ni la inestabilidad financiera, ni los países fallidos, ni la gestión de la inmigración, ni la proliferación nuclear. Crece la brecha entre la demanda de una acción concertada de la comunidad de naciones, que aumenta aceleradamente, y la capacidad de esta de actuar eficazmente y de manera coordinada, que se estanca o declina. Ese déficit es extremadamente peligroso. En economía, el desequilibrio entre demanda y oferta produce inflación; en geopolítica, produce muertos. Lo estamos viendo en Siria, en Yemen. 

¿En qué proceso histórico cree que estamos?

Yo soy optimista. Siento que estamos a las puertas de una gran revolución en la política, Vivimos en un mundo inundado de innovación disruptiva. Cómo nos comunicamos, cómo compramos, cómo nos relacionamos, cómo buscamos pareja, cómo nos educamos, cómo viajamos... La tecnología lo está transformando absolutamente todo, excepto cómo nos gobernamos. Cómo elegimos nuestros líderes, cómo los cambiamos, cómo los supervisamos, qué les exigimos, cómo nos organizamos para tomar decisiones colectivas como sociedad... Eso está estancado. Pero esta situación no es sostenible. Y las turbulencias que vivimos hoy nos van a obligar a encontrar nuevas y mejores maneras de gobernarnos. 

Pero es que no es solo el vértigo. La sensación es que vamos en dirección contraria.

La disrupción es así. Comienza con el descalabro del orden establecido, en el que las ideas aceptadas empiezan a crujir y algunas a hundirse ante el peso de una realidad en la que ya no pueden acomodarse. Siempre hay una brecha entre las expectativas de la gente sobre lo que el Gobierno debe hacer y lo que los gobiernos logran hacer. Pero últimamente se ha abierto muchísimo más, porque la gente está más educada y mejor informada y porque los gobiernos cada vez están más condicionados, cada vez tienen menos poder. 

Entonces ¿quién tiene el poder?

Hay una vieja idea, quizá incluso predeterminada en nuestros circuitos neurológicos, de que alguien tiene que estar al mando y debe cuidarnos, atender nuestras necesidades. Pero vivimos en un mundo donde no creo que haya nadie al mando, en el que incluso los centros de poder más potentes están linitados por cientos, miles de interdependencias. 

¿Qué responsabilidad individual tenemos los ciudadanos?

Mucha, y más que nunca antes. No hay que ser complaciente, no hay que ser indolente. Por ejemplo, me escandaliza el fenómeno de las noticias falsas. Es una gran ironía que ocurra cuando tenemos acceso a toda la información, cuando solo un clic basta para desenmascararlas. Pero mucha gente no se toma esa molestia. Muchos de quienes votaron por Trump o a favor del 'brexit' no saben todavía que votaban en contra de sus propios intereses. 

¿Qué futuro le espera a Europa?

Europa tiene el acervo, los valores, la gente, las infraestructuras, la historia... La pregunta es si Europa será un museo o un laboratorio. ¿Está condenada a ser el lugar donde vengamos a ver cómo se vivía en el pasado, a una mirada nostálgica hacia los sueños inconclusos? ¿O será el lugar donde se lleven a cabo los más interesantes experimentos de integración entre países, de lucha contra los nacionalismos y el aislacionismo? ¿Aprenderá a manejar la inmigración, volverá a ilusionarse con su proyecto? Yo soy un europeísta radical, creo en una Europa integrada, creo que todo lo que haga daño al proyecto europeo es malo. Conozco y comparto las críticas a Bruselas, la burocracia, los abusos, las distorsiones. Y creo que hay que luchar contra eso y por el ideal europeo. Pero nada de lo que estamos hablando es cuestión de meses o del año que viene. Europa se está recuperando. A corto plazo tiene los retos de la inmigración, de la falta de crecimiento, de la demografía, de la competitividad internacional. Son tareas grandes. Es indispensable que los europeos se vuelvan a enamorar de Europa. 

¿Qué podría volver a enamorarles?

Lo primero, líderes creíbles, que no vayan por la ruta más fácil, la de denunciar el pasado, la antipolítica, el 'que se vayan todos', nada de lo que se hizo sirve, nada funciona. Líderes que ofrezcan una esperanza, realista, sincera. transparente, de que ese proyecto es posible.

¿Qué falló?

Creo que fue complacencia, élites muy cómodas, muchos años de bonanza. Y después pasó lo que pasó, vino la crisis del 2008, vino China.

¿Qué espera de Trump?

Trump va a sufrir de manera extrema el 'síndrome de Guantánamo'. Obama prometió que su primera medida iba a ser cerrar esa prisión militar. Fue una de las primeras órdenes que dio a su equipo. Y se irá sin haberla cerrado. Y no es un megaproyecto, no es llegar a Marte. Es solo un ejemplo de las muchas cosas que el presidente de una superpotencia como EEUU quiere hacer y finalmente no logra hacer. Trump va a hacer muchas cosas, seguro, pero también va a tener centenares de 'guantánamos'. Por mucho que tenga mayoría en el Congreso, por mucho que controle el Tribunal Supremo, va a tener muchas limitaciones.

No podemos dejar de hablar de Venezuela, su país de origen. del que fue ministro de Industria y Comercio (1989-90) con Carlos Andrés Pérez. Este viernes, además, se estrena la serie televisiva que usted ha ideado, 'El Comandante', basada en la vida de Hugo Chávez. ¿Qué salida tiene la situación en su país?

No lo sé. Es muy importante entender que ha habido una percepción equivocada, la de una democracia en la que un Gobierno progresista se enfrenta a una oposición oligárquica, plutocrática. La realidad es que Venezuela, pese a sus enormes reservas petrolíferas, es hoy un Estado fallido, una cleptocracia con un Gobierno incapaz de cumplir sus funciones más básicas, alimentación, salud, seguridad, gestión de infraestructuras, de la economía, y saqueado por una potencia extranjera, que es Cuba. Y de ese agujero Venezuela no va a salir sin la ayuda de la comunidad internacional. En Europa y en España, grupos progresistas están guardando un silencio lamentable. A los líderes de Podemos, que tienen vínculos con Venezuela, yo les pediría que digan algo, que ayuden a los que pensamos, por ejemplo, que no es correcto que haya presos políticos. 

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