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CONSULTA CONTROVERTIDA

Hungría desafía a la UE con un referéndum contra los refugiados

La baja participación a media tarde hace peligrar la validez de la consulta en la que el primer ministro Orbán pide a los húngaros que voten 'no' a las cuotas de Bruselas

La oposicion socialista pide la abstención mientras que una veintena de oenegés humanitarias han hecho un frente común por el voto nulo

Kim Amor

Manifestación opositora, el viernes ante el Parlamento, en Budapest.

Manifestación opositora, el viernes ante el Parlamento, en Budapest. / AFP / ATTILA KISBENEDEK

La baja participación registrada hasta primera hora de la tarde de hoy (30,66%)  pone en peligro la validez del referéndum convocado por el primer ministro de Hungría, el conservador Viktor Orbán, sobre aceptar o no la política de cuotas de la UE para acoger y proteger a las decenas de miles de personas que huyen de la guerra en Oriente Próximo, la gran mayoría musulmanas.

La consulta será válida solo si más de la mitad del total del electorado, 8.270.000 de personas, introduce en las urnas votos válidos. Mientras que Orbán, que dirige el partido de derecha Federación de Jóvenes Demócratas (Fidesz), pide que se voto ‘no’, la oposición socialista ha hecho un llamamiento a la abstención y una veintena de oenegés humanitarias al voto nulo. Tras depositar su voto, Orbán ya ha advertido que lo importante para él no es el porcentaje de participación sino que el 'no' gane por goleada.Las escuestas hechas públicas durante la campaña indicaban que de los votos válidos más de 70% irían al 'no'.

Los colegios electorales han abierto a las seis de la mañana y cerrarán a las 7 de la tarde. Si a esa hora la participación ha sido inferior al 50% se invalidará la consulta, si no habrá que esperar el recuento para saber cuántos de los votos emitidos han sido nulos.

A pesar de que Orban cuenta en este referéndum con el apoyo de Jobbik, el partido de extrema derecha más poderoso de la UE, los radicales han advertido que si no se logra la participación suficiente pedirán la dimisión del jefe del Ejecutivo.

En los centros de voto a los electores les espera una papeleta con la siguiente pregunta: “¿Quiere que la UE pueda determinar el asentamiento obligatorio de ciudadanos no húngaros a Hungría incluso sin la aprobación del Parlamento?”.

REFUGIADOS PELIGROSOS

Ottó ha marcado con una X el ‘no’. Ha acudido temprano al centro de voto de la escuela Altalános, en distrito 8 de Budapest. Para este funcionario de 48 años, los refugiados “son de otra cultura y el islam no forma parte de nuestra identidad. Además, son peligrosos”. Bolash, por su lado, un joven estudiante de 23 años, dice que ha acudido a votar porque es un “acto de responsabilidad”. No quiere revelar el sentido de su voto, “es secreto”, aunque por su respuesta se deduce la opción elegida: “los refugiados son un gran problema, que no creo que tenga que resolverse aquí. Primero hay que arreglar las cosas en Siria”, afirma. 

Las claves

  • Un país blindado Cientos de kilómetros de vallas fronterizas, penas de cinco años de cárcel por entrar irregularmente y devoluciones en caliente dibujan un país blindado, al que tras la crisis del 2015, cuando formaba parte de la denominada ruta de los Balcanes hacia Alemania, prácticamente ya no llega nadie.
  • Pregunta cara al pulso con Bruselas «¿Quiere que la UE pueda determinar el asentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría sin el consentimiento del Parlamento?». Orbán se dispone a liderar el rechazo al sistema de cuotas pactado, que tampoco quieren otros países como Polonia, la República Checa y Eslovaquia..
  • La participación, decisiva DLos sondeos dejan un escasísimo margen de dudas sobre la holgada ventaja del ‘no’ en la consulta. Otra cosa es si la participación va a alcanzar el 50%, requisito para que el referéndum sea válido. El voto nulo, preconizado por una activa campaña, no se contabiliza a esos efectos.
  • Las consecuencias del resultado El referéndum no tiene efectos legales, ya que una consulta local no puede obligar a Bruselas a nada. Orbán no ha aclarado qué va a hacer, pero, además del recado a Bruselas, miembros del Gobierno especulan con una enmienda constitucional para endurecer aún más la legislación migratoria.PROTESTA FRENTE AL PARLAMENTOEl debate ha sido intenso estos días en los medios de comunicación, la mayoría controlados por el Gobierno, que además ha inundado literalmente las calles y los transportes públicos del país con una agresiva campaña a favor del 'no'.

El debate ha sido intenso estos días en los medios de comunicación, la mayoría controlados por el Gobierno que además ha inundado literalmente las calles y los transportes públicos del país con una agresiva campaña a favor del “no”.

Al margen de las discusiones en los medios y la propaganda, se ha respirado poco ambiente electoral en las calles, al menos en Budapest, donde los ciudadanos parecen estar más preocupados por aprovechar los últimos días de buen tiempo que les quedan antes de que llegue el frío invierno a orillas del Danubio. Solo las oenegés han organizado diferentes actos de rechazo en estos días, el último el viernes frente al Országgyülés (Parlamento).

El referéndum de este domingo hay que leerlo básicamente en clave de política interna. Orbán ha convocado una consulta sobre un problema que en realidad ya no existe en Hungría. En el país quedan pocos centenares de las 400.000 personas que pasaron el año pasado por su territorio de camino a Alemania y Austria y de las 177.000 que pidieron asilo. Con una población de cerca de 10 millones de habitantes, en Hungría apenas vive una comunidad de 4.000 refugiados con estatuto internacional y la inmigración es escasa, uno de los porcentajes más bajos de Europa, el 1,4%. 

Hungría es un país mayoritariamente blanco y cristiano y su único contacto con esa multiculturalidad que Orbán considera tan perniciosa es con la marginada comunidad gitana. Los 1.294 refugiados que Bruselas propone reubicar en el país desde Grecia dífícilmente llenarían de nuevo la estación de trenes de Budapest, como ocurrió la primavera pasada.

CONTRA LA CAÍDA DE POPULARIDAD

¿Por qué entonces este referéndum? Justo antes de que estallara la crisis de los refugiados, Orban había perdido popularidad debido principalmente a los múltiples casos de corrupción en el seno de su Gobierno, “mucho mayores que en la época comunista”, en palabras de Márton Gyöngyösi, número dos de Jobbik. El viraje a la derecha de Orbán, con un discurso nacionalista y xenófobo, le ha hecho recuperar popularidad y lo que es más revelador, la de Jobbik ha bajado.

“Orbán es un genio”, dice a este diario Gyöngyösi. “Es el político más brillante del siglo -añade con convicción-, y lo digo a pesar de que es nuestro principal rival”. Gyöngyösi explica como el primer ministro ha sabido aprovechar la crisis de los refugiados -él prefiere hablar de migrantes, como Orbán- para robarles parte de su programa político.

Que el discurso de Orbán ha calado hondo en Hungría lo demuestra un reciente sondeo del Pew Research llevado a cabo en primavera en 10 países de la UE y que señala que Hungría es el que tiene una visión más negativa de la inmigración (y España el que menos): tres de cada cuatro húngaros creen que los refugiados aumentan las posibilidades de un atentado terrorista, y cuatro de cada cinco, que los refugiados son una carga porque se llevan el trabajo y las ayudas sociales.

LÍDER INDISCUTIBLE

El primer ministro húngaro, además, se ha constituido en el líder indiscutible del grupo de Visegrado (V4), formado por Hungría, Polonia, la República Checa y Eslovaquia. Países del este europeo que sufrieron la dictadura comunista y que ahora, con un discurso populista de derechas, euroescéptico y nacionalista, sacan pecho ante la Comisión Europea, aprovechando la debilidad de la UE tras el fiasco del 'brexit'.

“Quien vote 'no', votará por la independencia de Hungría”, ha dicho en esta campaña Orbán. Lo que no dice el primer ministro es que Hungría, después de Polonia, es el país que recibe más fondos de Bruselas, un dinero que supone el 4% del PIB del país centroeuropeo.