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"Tengo a mi hijo en la zona del terremoto y llamar al consulado no me ha servido para nada"

Un barcelonés denuncia la falta de información de las autoridades españolas sobre el estado de los españoles en Ecuador

Kim Amor

La imagen muestra el grado de destrucción en la ciudad de Manta.

La imagen muestra el grado de destrucción en la ciudad de Manta. / AFP / LUIS ACOSTA

"Esto es kafkiano", dice César Rodríguez con amargura. Su hijo, Iñaki, su nuera y su nieto están atrapados en la ciudad de Manta, una de las más castigadas por el terremoto que asoló el sábado por la noche la costa de Ecuador. Consiguió comunicarse con su familia el domingo un par de veces, la última a las cinco de la tarde y por WhatsApp, gracias a que su hijo pudo cargar algo la batería del móvil. Desde entonces, ninguna comunicación más. 

Rodríguez ha intentado conseguir ayuda de las autoridades consulares españolas en Ecuador. Decepcionante. "He llamado primero al Ministerio de Exteriores en Madrid y de allí me han pasado a varias personas hasta que al final alguien me ha dicho que debía ponerme en contacto con el consulado español en Guayaquil, de las ciudades grandes, la más cercana a Manta", explica.  

"La persona que me cogió el teléfono ahí se limitó a explicarme lo mal y el miedo que había pasado durante el terremoto", se queja Rodríguez, "cuando lo más fuerte no fue en Guayaquil y menos en Quito, sino en Manta y en esa zona costera", señala. 

"Me alegré que estuviera bien y que no le hubiera pasado nada pero lo que yo quería era información sobre cuál era la situación de Manta y sobre mi familia". De nada le sirvió la llamada. "He decidido no volver a ponerme en contacto con las autoridades españolas", señala irritado. "No pienso gastarme ni un duro más", añade.

Rodríguez ha logrado hablar por teléfono con la cancillería ecuatoriana en Quito, una oficina que está desbordada. Poca ayuda de momento. "Al menos han puesto un número de teléfono gratuito (900 935 930), que el Gobierno español ni eso", señala. "Me han pedido los datos de mi familia y mis números de contacto, nada más. Cuando les he pedido información sobre la situación en Manta me han dicho que toda está en dos periódicos ecuatorianos: 'El Telégrafo" y  'El Ciudadano'. En todo caso, me han ayudado mucho más que el consulado español".

Rodríguez se queja también de que el número de  teléfono para recabar información que ha aparecido en algunos periódicos españoles no es correcto. "No funciona", dice, "al final he conseguido por mi cuenta el bueno", dice

"ESTAMOS BIEN"

Rodríguez se enteró de la tragedia el mismo domingo a las ocho de la mañana, que fue cuando intentó ponerse en contacto con su hijo, un ingeniero aeronáutico que la crisis forzó a salir de España para buscarse la vida. El primer contacto, dos horas más tarde, fue por el móvil de la pareja de su hijo y a través de Facebook, pero duró poco. "Estamos bien", fue el escueto mensaje. 

El segundo contacto ya fue a través de WharsApp. "Iñaki me dijo que la televisión había saltado por los aires, que no había ni luz ni agua y que afortunadamente le quedaba comida porque había ido a comprar al supermercado el día anterior". También le describió el ambiente que se vivía en la calle. Un edificio muy cercano al de su casa se había desplomado y los equipos de socorro no paraban de sacar cuerpos sin vida. "Me comentó que se había encerrado en casa porque en la ciudad había pillajes", dice Rodríguez.

No es la primera vez que este barcelonés vive una experiencia como la que está pasando estos días. El año pasado, su hijo menor, David, estaba de viaje de fin de curso con su instituto en Túnez, cuando sucedieron los atentados yihadistas que acabaron con la vida de 20 turistas (entre ellos una pareja de catalanes) y de tres tunecinos.

Gran parte de las víctimas estaban visitando el Museo del Bardo, en la capital. "Entonces seguí los mismos pasos que he hecho ahora, y la experiencia ha sido la misma. Nada de información por parte de las autoridades españolas. Logré hablar con mi hijo porque el capitán del crucero en el que viajaba dejó que él y el resto de jóvenes llamaran a sus familias desde su teléfono por satélite". 

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