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Investigación en el Congreso de EEUU

Batalla política en el testimonio de Clinton sobre Bengasi

La exsecretaria de Estado asume de nuevo su responsabilidad en el ataque terrorista

Los demócratas atacan a los republicanos por la politización de la comisión

IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

En inglés el término "round" tiene varias acepciones y usos. Puede refererise a rondas, como las de testimonio que este jueves está ofreciendo en el Congreso la exsecretaria de Estado y aspirante a la nominación presidencial demócrata, Hillary Clinton. En boxeo, "round" es cada uno de los asaltos de un combate. Es la acepción pugilística la que se siente más apropiada para lo que está sucediendo en Capitol Hill en el comité especial que investiga los ataques a las instalaciones diplomáticas de Estados Unidos en Bengasi (Libia) que el 11 de septiembre del 2012 acabaron con la vida del embajador Chris Stevens y otros tres estadounidenses.

Sobre el trabajo del comité (el octavo que investiga los ataques a Bengasi, por los que Hillary ya aceptó responsabilidades en 2013) pesa la sombra de la politización por parte del Partido Republicano. El 53% de los estadounidenses, según una encuesta de The Washington Post, creen que dañar políticamente a la candidata es la meta de los conservadores. E incluso el líder de la mayoría republicana en la Cámara Baja, Kevin McCarthy, y otro congresista republicano han admitido públicamente que esa era la meta.

En ese ambiente enrarecido se ha llegado a la sesión de este viernes, donde desde el primer momento ha quedado clara la dinámica politizada. Trey Gowdy, el republicano que preside el comité, ha abierto la sesión acusando duramente a Clinton de haber ignorado repetidas peticiones de la misión diplomática en Libia de recibir refuerzos de personal y seguridad (la entonces secretaria de Estado asegura que nunca llegaron hasta su mesa). Inmediatamente después, el demócrata Elijah Cummings ha hablado de "un esfuerzo abusivo de hacer descarrilar la campaña presidencial de Clinton" y ha instado a los republicanos a "poner fin a estas expediciones de pesca financiadas con dinero de los contribuyentes". Y después ha llegado la declaración inicial de Clinton, que, en un mensaje que se puede leer como su filosofía de política exterior, ha realizado una fuerte defensa de la diplomacia y ha reconocido sus riesgos. "Retirarse del mundo no es una opción", ha dicho.

A partir de ese momento han comenzado los cruces de preguntas y respuestas y la esperada dinámica de la sesión. Los miembros republicanos del comité han atacado duramente a Clinton, haciendo repetidas referencias a correos que envió y recibió con su polémico servidor privado, incluyendo de Sidney Blumenthal (un amigo de los Clinton que cruzó muchos mensajes con ella en su correo electrónico personal, que como han recordado los republicanos el embajador Stevens no tenía). Han recordado también en duro tono crítico los mensajes que inicialmente realizó la Administración de Barack Obama vinculando los ataques a revueltas por un vídeo blasfemo con Mahoma en lugar de reconocer públicamente que era un asalto organizado. Implican que la entonces secretaria de Estado y otros miembros de la Administración trataban de proteger a Obama, a 56 días de las elecciones, y su mensaje de que se estaba ganando la guerra contra Al Qaeda. "Es una acusación personalmente muy dolorosa", ha replicado Clinton.

Los demócratas, por su parte, han aprovechado sus turnos de preguntas no solo para defender fervientemente a la exsecretaria de Estado, sino para cuestionar duramente a los republicanos y sus intenciones con un comité en el que, durante 17 meses, se han gastado casi cinco millones de dólares y, tras el paso de 55 testigos, no ha producido información relevante. 

Las primeras tres horas y media de sesión se han cerrado con una imagen que resumía buena parte de lo ocurrido: mientras Gowdy y Cummings se sumergían en un violento cruce dialéctico (en concreto sobre los correos de Blumenthal) Clinton permanecía callada, no como la principal testigo sino como un espectador más. Tras la pausa para comer, ha empezado el segundo asalto. El tono, las preguntas y las respuestas siguen en la misma. Y el Congreso sigue pareciéndose a un cuadrilátero.

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