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TESTIGO DIRECTO

Escocia, tan lejos y tan cerca

Marta López

«Hemos estado tan cerca....». La cara de decepción de la joven escocesa en el centro de Edimburgo lo decía todo. Pasaban solo unas horas desde que se habían conocido los resultados del referéndum que daban al traste con el anhelo de una Escocia independiente. Y muy cerca, un hombre remataba: «La independencia es un sueño, pero solo eso: un sueño».

Y ese viernes 19 de septiembre, el despertar fue amargo. Porque que muchos escoceses llevaban mucho tiempo soñando: los dos años transcurridos desde que los gobiernos escocés y británico pactaron la consulta, y porque los sondeos les habían hecho creer que ese sueño estaba al alcance de la mano: aventurando un resultado muy reñido que al final fue contundente;  el 55% votó en contra de romper más de tres siglos de unión con Inglaterra mientras que el 45% lo hizo a favor.

Fueron 10 puntos de diferencia, una ventaja suficiente para zanjar el debate. Pero al mismo tiempo fueron solo 400.000 votos los que marcaron la diferencia y pusieron sobre la mesa la fractura abierta en la sociedad escocesa, que en todo este largo proceso no exento de momentos de ciertos momentos de tensión, dio siempre una envidiable lección de civismo y fair play.

Ese mismo viernes a primera hora de la mañana , con las urnas todavía calientes recién acabado el cómputo de votos tras una larguísima e incierta noche, la ciudad de Edimburgo despertaba como si nada. Ni fiestas ni lamentos. Ni resaca electoral. Ni rastro de los voluntarios de las dos campañas. Ni gota de revanchismo. Como si de una metáfora se tratase, la fina lluvia que caía sobre la capital escocesa borraba lentamente algunos de los carteles que aún colgaban en paredes y farolas.

Muy madrugador tras pasar posiblemente una noche en duermevela, el primer ministro británico, David Cameron, tuvo una actitud ejemplar. A las puertas de Downing Street, dijo haber entendido el mensaje de las urnas y prometió una reforma constitucional con acento federalista. El primer ministro escocés, el carismático Alex Salmond, dimitió por la tarde para dar paso a un nuevo liderazgo. Una mujer, Nicola Sturgeon, está ahora al frente de los nacionalistas escoceses, que perdieron el referéndum pero desde entonces suben como la espuma.

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