ENCUENTRO HISTÓRICO EN LA HABANA

«Ahora sí vienen los americanos»

Los cubanos viven con expectación y cautela el inicio del diálogo con EEUU

La población solo espera que la nueva etapa mejore sus condiciones de vida

Bandera de EEUU en un hotel donde se han alojado un grupo de senadores de Washington.

Bandera de EEUU en un hotel donde se han alojado un grupo de senadores de Washington. / EFE/ERNESTO MASTRACUSA

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KIM AMOR / LA HABANA (ENVIADO ESPECIAL)

«Ahora sí que vienen los americanos», dice Edgar Domínguez frente a un puesto al aire libre de venta de libros de segunda mano en la plaza de Armas, en La Habana Vieja, Como muchos de sus compatriotas, Domínguez, de 38 años, espera con expectación el primer cara a cara oficial que arranca hoy en la capital cubana entre representantes de los  gobiernos de Cuba y de EEUU desde la ruptura de relaciones diplomáticas y el castigo del tenaz embargo económico de medio siglo a la isla.

Nada en las calles de La Habana da pistas de que la ciudad acoge una cita histórica. Pero el encuentro de alto nivel entre los dos viejos enemigos está en boca de todos. Según Dominguez, los cubanos afrontan esta nueva etapa con entusiasmo contenido, cautela y en algunos casos escepticismo. «En el pasado se han creado grandes expectativas de cambios que al final no han llegado a nada», dice. «Ojalá que estos contactos ayuden a mejorar la economía de los cubanos, que buena falta nos hace, porque este país no pueda seguir soportando este aislamiento, aunque nosotros estamos preparados para resistir lo que sea», apunta.

A primera hora de la mañana esta zona de La Habana Vieja, de calles estrechas y edificios coloniales de aspecto decadente, es un hervidero de gente. Cubanos y extranjeros caminan codo a codo entre restaurantes y pequeños comercios, la mayoría del Estado. Aunque no son pocos, los más modestos pertenecen a lo que  aquí se conoce como cuentapropistas (trabajadores a cuenta propia), nueva figura nacida como consecuencia de la liberalización económica puesta en marcha de forma tímida, progresiva y controlada desde hace unos años por el régimen comunista.

«Las cosas van a ir lentas y creo que debe de ser así. Está bien que vengan los americanos pero que recuerden que Cuba es de los cubanos», advierte Domínguez. «Lo importante es que toda mejora económica repercuta en la población, no solo en el Estado», señala.

Privaciones cotidianas

A pesar de que queda lejos en el tiempo- pero no en la memoria- la gran penuria económica, el llamado periodo especial, consecuencia de la caída del muro de Berlín y el colapso del imperio soviético, sostén antaño de la economía cubana, la situación sigue siendo de grandes privaciones. Gran parte de la población trabaja para el Estado, con un salario de algo más de 25 dólares al mes (21 euros), una cantidad que apenas alcanza para sobrevivir. La salvación para muchos son las remesas de dinero que les envían los familiares que residen en el extranjero. En el 2013 fue de 2.700 millones de dólares.

Suerte de la que no disfruta Roberto Ferrer, un jubilado de 70 años, que recibe una mísera pensión de 120 pesos mensuales, unos 4 dólares, y que se gana la vida vendiendo el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista Cubano. «Todo está muy caro y apenas me alcanza para comer», se lamenta mientras suena de fondo la música de un grupo callejero que deleita a los extranjeros con son cubano. El veterano revolucionario -vivió la revuelta contra Fulgencio Batista que llevó al poder a los guerrilleros de Sierra Maestra- cuenta  con la cartilla de razonamiento expedida por el Gobierno que le da derecho, como al resto de la población, a obtener una pequeña cantidad de arroz, frijoles, azúcar, leche, y algún que otro producto cada mes.

«La revolución he hecho cosas buenas, ya sabe, la sanidad, la educación, pero un país no puede vivir eternamente aislado del mundo», se queja. Ferrer responsabiliza de la situación económica al embargo estadounidense, aunque también critica sin tapujos al sistema comunista. «En estos restaurantes no verá a ni un solo cubano consumiendo, todos son extranjeros», añade.

Ferrer no tiene reparo en pedir que la liberalización económica vaya acompañada por reformas políticas. Admirador del presidente de EEUU, Barack Obama -«es amigo de Vietnam, país en el que EEUU estuvo en guerra, y también de China»- , Ferrer espera ver pronto abierta la embajada de Washington.

Desconfianza

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Menos optimista es José García, un joven de 26 años, técnico informático para quien «el acercamiento de Cuba y EEUU de momento son solo palabras». Reconoce que el diálogo «es una buena cosa» pero advierte que «a Cuba nadie viene con buenas intenciones», en alusión a un posible desembarco de capital estadounidense con la intención de «comerse la isla». García, que como la gran mayoría de los jóvenes cubanos dispone de una alta formación académica y profesional, dice no interesarle la política, sino «progresar económicamente». «Lo otro ya vendrá más adelante», afirma.

En la plaza del parque Central, a pocos metros del edificio del Capitolio, de los pocos inmuebles en proceso de restauración y que en breve albergará la Asamblea Nacional, un nutrido grupo de hombres discuten acaloradamente. Hablan de beisbol, el deporte nacional. «En este grupo no se habla de política ni de la reunión de esta semana», dice uno de ellos.  «Ahora bien, doble usted la esquina y es otra cosa. Yo lo que le puedo decir es que las relaciones con Estados Unidos nos ayudarán, pero vamos a ver», añade con una gran sonrisa. «Sepa que en cualquier caso y como siempre los cubanos estamos preparados para lo que venga», advierte.