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UN REFERÉNDUM HISTÓRICO

La noche más larga

Los escoceses se vuelcan en las urnas para tomar la decisión más trascendental para su futuro

Marta López

«¿Deber ser Escocia un país independiente?». La pregunta a la que ayer respondieron más de cuatro millones de electores era muy clara y directa. Pero la respuesta, muy difícil, y los escoceses se acostaron, o no lo hicieron, sin conocerla, tras acudir a votar en gran número durante toda la jornada, como se podía apreciar en la expectación que había en los colegios electorales.

Al cierre de urnas, a las 10 de la noche, tras 15 horas de votación, el futuro de Escocia era una hoja de papel en blanco. Empezó la noche más larga, hasta contar el último de los votos. Un sufragio bastaba para marcar la diferencia, dar un vuelco a la historia y romper 307 años de unión estable con Inglaterra. O por el contrario, seguir en Gran Bretaña con los nuevos poderes autonómicos prometidos por Londres.

TELEVISIONES E INTERNET / Demasiado en juego como para poder conciliar el sueño. La noche ha sido de las televisiones, de internet, de las redes sociales. Muchos bares y pubs de las principales ciudades escocesas han mantenido abiertas las puertas para poder seguir el cómputo electoral, que ha ido llegando con cuentagotas, circunscripción por circunscripción: Western Isles, Perth&Kinross, Nothern Lanarkshire... Nada definitivo. Las circunscripciones de más peso por su población se retrasaban hasta la madrugada.

La comisión electoral no confiaba en poder anunciar los resultados oficiales «hasta la hora del desayuno» dado lo reñido que se anticipaba el pulso.  Se esperaba con especial atención Glasgow -con el 11,5% del cuerpo electoral-, donde los márgenes de una esperada victoria del  podían resultar muy indicativos del trasvase de votos del laborismo al campo independentista, en el que conviven el Partido Nacionalista Escocés (SNP) con otros grupos más a la izquierda.

EL 'NO' DE LOS RICOS  / Frente a la roja Glasgow, Edimburgo, la próspera capital política y financiera escocesa, se inclinaba hacia el no, aunque por estrecho margen. En el centro electoral número uno, en la señorial Charlotte Square, la plaza donde tiene su residencia oficial el primer ministro, Alex Salmond, era difícil encontrar ayer apoyos a la independencia entre los votantes.

«Absolutamente no», decía un pensionista. «Definitivamente no», afirmaba también Gwen, una mujer de unos 60 años, que se decía sentirse «muy orgullosa de ser escocesa y de ser británica» y, temiendo una victoria del sí, aventuraba: «Se me partirá el corazón». Una pareja más joven admitía también haber votado por el no sin querer dar explicaciones.

ACENTO INGLÉS / «Este es el barrio más rico de la ciudad», justificaba un voluntario de la campaña Yes Scotland. «Aquí incluso la gente tiene acento inglés», añadía. Bien es cierto que en otras zonas de la ciudad, el voto se volvía menos uniforme y se igualaba entre el  y el no. En un colegio de la Royal Mile, Suse decía «haber votado, por el cambio, por un país más justo». Mike dijo en cambio no: «La independencia es un sueño, pero solo eso: un sueño».

Pese a ser día laborable en Escocia, en las calles se respiraba el ambiente de la grandes ocasiones, sobre todo en los alrededores de los colegios electorales, donde el ir  y venir de los votantes estaba acompañado por un gran despliegue mediático, prueba de la expectativas que ha generado este referéndum mucho más allá de las fronteras británicas. El 97% de los electores se habían registrado para votar, con lo que era previsible una participación récord.

La importancia de la decisión no  dejó a ningún escocés indiferente, aunque sí mantuvo a muchos indecisos hasta última hora. Hasta el 10% de los electores llegaron a las urnas sin saber qué hacer, pese a dos años largos años de campaña, que empezó en el mismo momento en que el primer ministro británico, David Cameron, y Alex Salmond pactaron los términos de la consulta.

En este tiempo, sobre todo en los últimos meses, la movilización de Yes Scotland por el  ha sido muy intensa, tratando de llevar a la sociedad civil de todos los rincones de Escocia el mensaje que solo hay esperanza con la independencia. El movimiento independentista se ha erigido en el garante del Estado del bienestar frente a las políticas de austeridad del Gobierno conservador de Londres y ha captado a buena parte del votante laborista.

Y frente a la ilusión, Better Together, ha jugado con el miedo. Pero anoche, en esta larga noche, quien temblaba era David Cameron.