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Análisis

Los tiempos de Hollande

Cristina Manzano

Si las informaciones que han ido apareciendo en la prensa francesa son ciertas, François Hollande ha mantenido un affaire sentimental durante casi un año con la actriz Julie Gayet, aunque haya salido a la luz hace apenas unos días. No deja de ser admirable que el presidente de la República, en plena crisis económica, social y de popularidad encuentre el tiempo para otro amor, ¡con lo agotadora que es la infidelidad!

Pero salvo el morbo que inevitablemente suscita, es una historia que solo importa al señor Hollande, a la señora Gayet y a la señora Trierweiler (por los partes médicos, a esta sí le ha importado, y mucho). Al fin y al cabo, la historia está llena de ejemplos parecidos.

Es admirable también el consenso de la prensa y de la sociedad francesas sobre el principio básico de la absoluta separación de lo público y lo privado. Pese a que los rumores llevaban circulando desde enero del 2013, ha tenido que ser una revista del corazón la que levante la exclusiva, solo para que el resto de sus colegas ratifiquen que la vida amorosa del presidente no es de su incumbencia. Y en pleno debate sobre si el tradicional pacto de silencio en estos temas se debe a la connivencia entre las élites políticas y las mediáticas -que se tapan mutuamente sus pecados-, prevalece un respeto genuino por la esfera privada.  En otro arranque de excepcionalidad británica, los medios anglosajones no han dejado de mostrar su perplejidad, rayana en la incredulidad, ante la defensa acérrima de la intimidad por parte de los periodistas franceses. Todo ello no ha evitado, claro, millones de palabras vertidas estos días sobre todas las implicaciones del asunto, desde la seguridad hasta el papel de la primera dama, pasando por la credibilidad personal del mandatario.

Lo que Hollande ha medido mal, o no ha medido en absoluto, son los tiempos políticos (¿o tal vez lo que le ha fallado ha sido valorar bien la capacidad de acción de sus adversarios?). El hecho de que el escándalo haya coincidido con la rueda de prensa semestral desde el Elíseo, y de que en esta, precisamente, fuera a presentar medidas claves para abordar el futuro, y de paso tratar de recuperar el apoyo popular, ha desviado la atención de lo que verdaderamente importa. El pivote hacia políticas liberales -de hecho, ha anunciado la reducción de impuestos y la eliminación de cotizaciones familiares para empresas y autónomos hasta el 2017-, la disminución del gasto público para luchar contra el déficit, la mejora de la productividad y de la educación han sido las claves de su comparecencia. De un plumazo, aferrado al mantra de que «los asuntos privados se tratan en privado», ha despachado cualquier cuestión relacionada con el affaire Gayet. Si las medidas funcionan y Francia recupera el glamur perdido, en efecto todo el asunto quedará en el terreno de lo anecdótico y lo personal. Pero si no es así, Hollande terminará su mandato con el título, ya adquirido, de haber llegado a ser el presidente más impopular de la Quinta República.

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