GUERRA CIVIL EN SIRIA

La consigna, guardar silencio

El viaje desde Turquía hacia Qasr ibn Wardan, en manos rebeldes, obliga a tomar una vía 'alternativa'

Una ’pick-up’ circula junto a edificios destruidos en Deir Ezzor, en el este de Siria, este lunes.

Una ’pick-up’ circula junto a edificios destruidos en Deir Ezzor, en el este de Siria, este lunes. / ABO SHUJA (AFP)

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MARC MARGINEDAS / Qasr ibn Wardan (enviado especial)

Los planes del día pueden dar un vuelco en cuestión de segundos en cuanto uno se aproxima a la frontera entre Turquía y Siria. Si el domingo, a la hora del desayuno, todo parecía indicar que la jornada se reduciría a más horas de espera y aburrimiento en la localidad fronteriza de Reyhanli aguardando a que se formase un grupo lo suficientemente numeroso que cubriera el trayecto hasta Qasr ibn Wardan, ya en la provincia siria de Hama, a unos 50 kilómetros al este de la capital provincial homónima, dos horas más tarde el panorama dio un giro de 180 grados y, por alguna razón, casi de repente, nuestra comitiva fue autorizada a iniciar el viaje.

La frontera turcosiria está abierta, pero la circunstancia de que algunos de los integrantes de la comitiva carezcan de pasaporte --un preciado bien fuera del alcance de cualquier joven sirio en edad de realizar el servicio militar que se ha unido a las filas de la oposición-- obliga a nuestro grupo a tomar una vía 'alternativa'. Esta consiste, primero, en 10 minutos a bordo de un coche; después, una media hora de espera en la intersección de dos carreteras comarcales, y por último, de nuevo, otro coche, que deposita a combatientes y reportero extranjero en los márgenes de una paupérrima comunidad agrícola situada junto a la valla que separa ambos países.

Campos sin arar

Tras un paseo de unos 40 minutos por entre campos sin arar, cuyos dueños no solo no se inquietan ante el trasiego ciudadanos sirios en tránsito ilegal hacia el Estado vecino, sino que hasta les saludan amigablemente con la mano, el regreso a Siria se materializa por fin a través de un agujero que alguien ha abierto en la alambrada de espino fronteriza.

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A partir de este punto, la consigna que recibe el periodista foráneo es guardar silencio. "Desde aquí hasta Sarmada, hay muchos controles en manos de islamistas, desconfían de los extranjeros y es mejor que no sepan quién eres", explica un acompañante.

El grupo culmina el resto del camino en el remolque de una camioneta 'pick-up', cargada de barriles de combustible y sacos de pepinos, tomates y berenjenas. El paisaje va transformándose, a medida que el vehículo devora kilómetros en dirección sur, haciendo algunas paradas intermedias para hacer acopio de material y comida. Las colinas rocosas, salpicadas de matorrales y olivos van transformándose en una llanura amarilla y seca que hace presagiar el desierto en ciernes.