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Ecos de primavera

Analistas brasileños desmenuzan el trasfondo del estallido social en el país emergente

Abel Gilbert

“Ecos de la primavera árabe”, dicen unos analistas. “Como los indignados europeos”, consideraron otros. “No, esto se parece a lo que ocurrió durante la ocupación de Wall Street”, se diagnostica también. “Ellos tienen algo que decir”, titula la revista Epoca, sin buscar parentescos. Las manifestaciones comenzaron hace una semana incitadas por el Movimiento Pase Libre (MPL). Este grupo cuenta con pocos miembros orgánicos. En su mayoría son estudiantes universitarios y profesores. Las redes sociales, en un país con 50 millones de usuarios, se han convertido en su principal herramienta política. Rechazan a los partidos tradicionales y creen en las prácticas políticas horizontales. La situación del transporte público ha centrado sus reclamos. "Cada aumento de la tarifa excluye más gente del transporte público, y al mismo tiempo la excluye de la ciudad", ha explicado Nina Cappello, del MPL. La tarifa acaba de pasar de 3 a 3,20 reales (1,5 a 1,6 dólares). Desde 2003, la inflación acumulada es de 81,7%, contra un 88,2% de incremento de la tarifa en Sao Paulo y 182,5% del salario mínimo. El incremento de 20 centavos de real, creen algunos observadores, debe mirarse como la punta de un iceberg que esconde malestares de otro espesor.


El Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) había imaginado una Copa Confederaciones pletórica de brillo. Ha sucedido algo inesperado. “Quien crea que puede impedir la realización de esos eventos, enfrentará la determinación del Gobierno de impedirlo", ha advertido el ministro brasileño de Deportes, Aldo Rebelo el ministro. "Las manifestaciones serán toleradas dentro de ese límite", añadió. La preocupación excede lo que pudiera ocurrir durante el certamen. Brasil se prepara para recibir a más de dos millones de visitantes en julio en el marco del encuentro mundial de la juventud, que contará con la presencia del Papa Francisco.

“Los gobernantes precisan entender el por qué de estos acontecimientos”, dijo el expresidente Fernando Henrique Carodoso, haciendo uso de su antigua pericia sociológica. Los motivos del malestar varían. Los ricos nunca simpatizaron con Luiz Inacio Lula da Silva ni su heredera. Detestan sus programas en favor de los que menos tienen. Parte de los jóvenes se sienten desencantados con un PT que, dicen, hace una década se olvido del verbo “luchar” y solo mantuvo en alto las banderas del combate contra la pobreza. Las protestas tienen lugar cuando Brasil no termina de retomar la senda del crecimiento. Para este año se espera un 2,3%, y esa cifra no alcanza para resolver las asignaturas de un país de casi 200 millones de habitantes. Además del precio del transporte, el de los alimentos ha experimentado un incremento mayor, del 13% anual.


Cinco años atrás, cuando estalló la primera crisis financiera internacional, Brasil salió adelante con una fuerte política de fomento estatal a la inversión y el consumo. La obtención de la sede de la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, en Río de Janeiro, ha sido en principio vista como una bendición. Una oportunidad para profundizar el desarrollo. Muchos brasileños se lamentan no estar en condiciones de poder pagar una entrada (la más barata costará 60 dólares). Otros creen que se está realizando un gasto tan ingente como innecesario. El mítico estadio carioca de Maracana irrumpe en estas horas como un símbolo de lo indeseado. “Usted ya lo pagó”, dice el portal Publica y recuerda que, en 1996, y por recomendación de la FIFA, el estadio fue sometido a reformas por 37,2 millones de euros. Diez años más tarde, de cara a los Juegos Panamericanos, volvieron a gastarse allí 106 millones de euros. La adecuación del Maracaná para el Mundial significará un gasto adicional de 310 millones de euros, lo que equivale a cuatro estadios de Corea 2002. La concesión privada, por 35 años, tendrá desde 2014 utilidades anuales de 36 millones de euros.

La represión de las protestas de los últimos días en Brasil había causado estupor. La revista Istoe la ha comparado con los tiempos de la dictadura (1964-85). De hecho, la PM es una de las herencias del régimen castrense que la democracia no pudo sacarse de encima. El servicio secreto de la PM llegó a acusar a grupos punks, anarquistas y militantes del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un desprendimiento del Partido de los Trabajadores (PT, en el poder) de estar detrás de las protestas. Sus acciones, asegura, en un temeroso lenguaje, son "semejantes a los de una guerrilla".

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