09 ago 2020

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análisis

La batalla de Wikileaks

Antoni Gutiérrez-Rubí

J ulian Assange, el fundador de Wikileaks, está detenido pero podría ganar la guerra, ya que sus oponentes no han calibrado bien cuál es la naturaleza de los contendientes, ni el escenario de operaciones ni las armas. Esta batalla la puede ganar un ejército anónimo y global capaz de hacer frente a quien pretenda impedir la libertad en internet. En realidad, el combate que se está librando no es sobre la libertad de Assange ni sobre su moral, sino sobre el control en la red. Y Wikileaks está ganando, de momento, la guerra de la información. La respuesta de los internautas no se ha hecho esperar, con una amplia y variada gama de reacciones.

La descentralización. La página de Wikileaks ya ha pasado de los 1.000 mirrors (copias exactas del sitio), lo que hace descentralizada su presencia y dificulta la extirpación judicial, política o técnica.

La solidaridad. Los usuarios de Twitter y Facebook están en plena ofensiva contra cualquier intento de estas redes que pretenda minimizar -y mucho menos censurar-la respuesta de los ciberactivistas. Los hastags a favor de Wikileaks han conseguido el Trending Topics mundial. No hay quien pueda callar el grito digital global.

El hackeo. Algunas organizaciones han ido más allá y han lanzado ataques a las páginas o las instituciones que se han añadido a la ofensiva contra Wikileaks. La capacidad de organizar un ataque simultáneo a los servidores de estas compañías, hasta bloquearlos y dejarlos fuera de servicio, es una respuesta contundente que notarán en términos de resultados económicos o imagen pública.

La contrainformación. Wikileaks ha contratacado, ayer mismo, revelando curiosas coincidencias diplomáticas y comerciales del Gobierno de EEUU con Visa y Mastercard, las mismas compañías que han bloqueado las fuentes de financiación independiente de la organización.

La simpatía. Puede que Assange sea un tipo fascinante o perturbador. Es igual. La justicia o su reputación pública ya decidirán y emitirán su veredicto. Pero a ojos de millones de ciudadanos en el mundo es un símbolo de la libertad. Un Robin Hood digital que roba información a los poderosos para dársela al pueblo. Encabeza también la votación popular en Time como personaje del año.

Alguien no ha entendido que la fuerza, el poder, el dinero o el tamaño ya no ganan las batallas de la libertad y la información en la sociedad-red. Seguramente, nada es casual y esta ciberguerra global entre David y Goliat tiene otros beneficiarios que no dan la cara. Pero no importa. La libertad va a ganar, aunque Assange siga detenido, acusado y finalmente condenado. Ningún presunto delito suyo podrá tapar la gran verdad: la información libre se abre paso a pesar de intereses y poderes. El mundo obediente y cautivo (y censurado) se acabó. Esto es solo el principio.