ESCALADA EN LA ÚLTIMA FRONTERA DE LA GUERRA FRÍA

Corea del Norte reta al mundo con el peor ataque al sur en años

Seúl promete una «dura represalia» ante la nueva provocación de Pyongyang

El régimen norcoreano abre fuego contra una isla en la frontera y causa 2 muertos

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ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

Un fragoroso intercambio de artillería de una hora reventó el armisticio que rige en la península coreana desde 1953. Pyongyang disparó ayer docenas de proyectiles sobre una isla surcoreana situada cerca de una frontera marítima en disputa, a las que su vecino del sur respondió con otros 80 proyectiles. El resultado incluye dos soldados surcoreanos muertos, decenas de civiles y militares heridos, unas 70 casas destruidas y la mayor tensión en décadas alrededor del paralelo 38, la última frontera de la guerra fría.

El ataque, que empezó a las 14.34 horas (ocho horas menos en España) provocó la huida generalizada de la población de la isla de Yeonpyeong. Muchos fueron evacuados a búnkeres. La mayoría de proyectiles norcoreanos impactaron en una base militar, pero otros erraron el destino. Las televisiones surcoreanas mostraron numerosas columnas de humo. En la isla, a 10 kilómetros de suelo norcoreano, viven 1.700 personas. Fuentes oficiales reconocieron ayer que sigue «en estado de caos» y sin electricidad.

ORIGEN CONFUSO / El origen del conflicto es confuso. Corea del Norte rebatió que fuera la primera en disparar y aseguró que solo respondió a una provocación. La postura de Pyongyang no es completamente descabellada. Seúl reconoció después que antes del incidente efectuaba maniobras militares y ensayos balísticos en la isla, aunque apuntando al oeste y no al norte. El clima de tensión actual de la península, unido a la habitual irascibilidad del régimen norcoreano facilita que cualquier pequeño malentendido prenda un conflicto. El mar Amarillo ya había sido escenario de varios enfrentamientos.

El ataque a la isla llega cuando 70.000 tropas surcoreanas empiezan maniobras anuales. Los ensayos, con presencia estadounidense, enervan a Pyongyang, que los ve como simulaciones de una invasión.

Después de los proyectiles, ambas Coreas intercambiaron las habituales acusaciones y amenazas. Para Seúl, el ataque fue «intencionado y planificado», supone una «clara provocación militar» y vulnera el armisticio. «El bombardeo indiscriminado de civiles es intolerable en cualquier caso», señaló el secretario de Estado para Asuntos Públicos, Hong Sang Pyo. El Gobierno, reunido en un búnker subterráneo, prometió «una dura represalia» si se repite una provocación parecida. Seúl también ha cancelado una misión industrial conjunta y las conversaciones sobre la reunificación.

Pyongyang amenazó a las tropas del sur con un ataque «sin piedad» si osan traspasar territorio norcoreano «un solo milímetro». El régimen de Kim Jong-Il acusó a EEUU y Seúl de arruinar la concordia con sus intenciones de reforzar su alianza.

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COMPROMISO DE EEUU / Washington condenó de inmediato el ataque y recordó el «compromiso firme de defender» a su aliado surcoreano, según un comunicado oficial. China, alineada a menudo con Pyongyang, aclaró que había tomado «nota» del ataque, mostró su preocupación e instó a las partes a esforzarse por la paz. Rusia siguió el discurso contemporizador chino, aunque aludió al «peligro colosal» que vive la península coreana. En Japón, que acumula pleitos históricos con Pyongyang, el primer ministro, Naoto Kan, ordenó a su Gobierno que esté preparado para «cualquier eventualidad». El Consejo de Seguriadd de la ONU, no obstante, no iba a reunirse ayer.

Las relaciones se enturbiaron en marzo con el hundimiento de una fragata surcoreana y la muerte de 46 marineros, del que la comunidad internacional acusa a Pyongyang. El regreso a la mesa de negociaciones que ha solicitado el régimen de Kim Jong-Il está supeditado a que reconozca su responsabilidad. Según varios expertos, el clima global hostil está detrás del programa de enriquecimiento de uranio que hace unas semanas Corea del Norte mostró a un científico estadounidense. A la actual beligerancia del régimen contribuye el proceso hereditario, donde el hijo de Kim Jong-il debe hacerse valer frente a los militares.