03 abr 2020

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Carta DESDE estambul

Barcelona vista con los ojos de los turcos

Joan Clos

Por una vez quisiera hablar de Barcelona vista desde Estambul. Durante 10 siglos, Bizancio fue la capital del Imperio romano y en cierta forma nuestra metrópoli. Con ella mantuvo Barcelona un comercio importante sustentando el florecimiento medieval de nuestra ciudad que, a decir del profesor Jordi Nadal, participó muy dignamente en la revolución comercial de los siglos XI y XII.

Los edificios del gótico civil son la prueba en piedra de aquel esplendor. No es cuestión de compararlos con los venecianos o genoveses, ya que sus imperios marítimos eran mucho más grandes que el nuestro. Ellos han dejado una huella indeleble en Pera y Galata, a extramuros de la muralla de Constantinopla. A pesar de ello, el Consulat de Mar de Barcelona en Estambul era relevante y qué mejor prueba que la de Joan de la Via, titular del cargo que entregó su vida en la defensa de Estambul en 1453 cuando fue conquistada por los otomanos. Quinientos años después Estambul continúa ubicada en el mismo lugar estratégico, guardando las puertas del Bósforo, con una renovada vitalidad recuperada en los últimos 40 años.

Tal ha sido su expansión que el Gobierno turco no ha dudado en dotarla de un instrumento legal específico para gobernar mejor su abigarrada realidad urbana. Es una ley que establece la Gran Estambul (sic) con un territorio de 3.000 kilómetros cuadrados y 15 millones de habitantes. Su equivalencia en la Barcelona actual sería con la Región Metropolitana de Barcelona (3.000 kilómetros cuadrados y cinco millones de habitantes).

Barcelona, y por acuerdo unánime de todos los partidos del Parlament, se dotó esta semana de la ley de la nueva área metropolitana, tanto tiempo esperada para racionalizar el complejo institucional que sucedió a la extinguida Corporació Metropolitana de Barcelona en 1987. La nueva área renace con la vocación de desarrollar el Plan Director Urbanístico de este territorio tan complejo, al igual que sucedió en su día con la Corpo y la gestión del Plan General Metropolitano (PGM) de 1976.

Con sus defectos, que los tuvo y tiene aún, el plan ha sido un instrumento jurídico de vital importancia para entender la Gran Barcelona actual. Ha sido lo suficientemente dúctil como para guiar la admirada transformación urbana de Barcelona desde la llegada de la democracia hasta ahora mismo y en él han cabido los planes olímpicos, la transformación de Ciutat Vella, el Forum, la regeneración del Besós, el 22@, las ampliaciones del puerto, el aeropuerto y, esperamos, la construcción de la estación de la Sagrera.

Barcelona es reconocida hoy desde Estambul por el balance entre protección del espacio público y la flexibilidad para adaptarse a las nuevas necesidades de la urbe postindustrial, una mezcla que parecía improbable cuando en el año 1979 teníamos un paro del 22% y una inflación también del 22%.

La Barcelona industrial quedó seriamente aturdida y desestabilizada por las crisis del petróleo pero, --a grandes males grandes remedios--, pudimos emprender el camino hacia una ciudad postindustrial donde valiese la pena vivir, que no es poco. En este camino, la ambición de una Barcelona grande y pujante a la vez que generosa ha sido una idea asumida y compartida por la mayoría. Bienvenida la nueva Área Metropolitana. Ahora la tarea es pensar y soñar un modelo para los próximos cuarenta años. Embajador de España en Turquía.