04 jun 2020

Ir a contenido

quinta jornada de protestas en teherán

La fractura iraní se radicaliza y arrecia la violencia en la calle

El régimen se enroca e intensifica la represión contra los partidarios de Musavi

Una multitudinaria marcha de los reformistas acaba con duros enfrentamientos

KIM AMOR
TEHERÁN / ENVIADO ESPECIAL

Las espadas siguen en todo lo alto en la compleja crisis que sacude a Irán. Es más, las posiciones se radicalizan y la violencia crece. El régimen se mantuvo ayer enrocado en la represión y el bloqueo infomativo, mientras los reformistas salieron de nuevo a desafiarlo en la calle en el quinto día de protestas tras el contestado escrutinio electoral que arrojó la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad.

Teherán se ha convertido en un nido de rumores que recorren toda la ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas han muerto desde el pasado sábado. Las víctimas confirmadas son siete, pero Amnistía Internacional afirma que pueden ser más de 15 y que los heridos y los detenidos –tanto manifestantes como intelectuales y activistas reformistas– se cuentan por centenares. Las noticias corren de boca en boca y no es posible confirmarlas.

Lo que sí parece claro es que los partidarios del candidato derrotado Mirhusein Musavi no se arredran. Una nueva marcha multitudinaria, con la significativa participación de una hija del expresidente Hashemi Rafsandyani –para muchos, quien mueve en la sombra los hilos del reformismo–, recorrió ayer Teherán. Pacífica al principio, acabó con duros enfrentamientos de los manifestantes con la policía antidisturbios y los milicianos basijs. Siempre según el relato de testigos, ya que de nuevo se impidió la presencia de la prensa internacional, acusada por el régimen de ser «los portavoces de los agitadores». A estos periodistas «enemigos de la unidad nacional» les espera «un jaque mate», afirmó ayer el Ministerio de Exteriores iraní en un belicoso comunicado trufado de terminología propia del ajedrez.

LAS HUELLAS / En algunas zonas de la capital se perciben las huellas de los disturbios de estos días. Junto a la plaza Miradamad, en el norte, unos operarios se apresuraban ayer a cubrir con grandes lonas dos sucursales bancarias a las que un grupo de manifestantes prendió fuego el martes por la noche.

Aunque el alcance y las consecuencias del desgarro del régimen entre ultraconservadores y reformistas son aún difícilmente previsibles, la onda expansiva de las protestas parece recorrer el país de punta a cabo. De Tabriz y Oroumiye (noroeste), de Shiraz (sur), de Zahedan (sureste), de Babol y Mashad (noreste), también llegan testimonios de protestas en las calles y de represión. Y el fiscal general de Isfahan (centro), Mohmad Reza Habibi, no dudó ayer en «advertir a esos pocos activistas controlados desde el exterior que tratan de enturbiar la seguridad nacional incitando a otros a destruir que, según el código penal islámico, la condena a aquellos que lehacen la guerra a Alá es la muerte».

ALTA TENSIÓN / La tensión va en aumento y las protestas van adquiriendo un carácter cada vez más violento, así como el grado de represión. Nadie se atreve a predecir lo que puede ocurrir en los próximos días, entre otras cosas, porque nadie llegó ni siquiera a imaginar la fuerza que han adquirido las movilizaciones. Los observadores creían que el régimen sería capaz de acabar con ellas o al menos minimizarlas durante los dos o tres primeros días, pero está ocurriendo todo lo contrario.

Da la sensación, además, de que cada día más gente cierra filas con el movimiento reformista y se encara con el régimen. En un colmado de Teherán, unos adolescentes gritaban ayer de alegría al ver por televisión que algunos futbolistas de la selección de Irán –que se enfrentaba ayer en Seúl a Corea del Sur en un crucial partido de clasificación para el mundial– lucían unos brazaletes verdes, el color de la protesta.

De momento, la calma reina por las mañanas en gran parte de la capital. La gente va a sus trabajos, como si nada sucediera, aunque se palpan el miedo y la preocupación. Es al anochecer cuando en ciertas zona de Teherán reinan el caos y la violencia. Y hoy decenas de miles de personas volverán a echarse a la calle para preguntar a Ahmadineyad y a los suyos: «¿Dónde está mi voto?».