23 feb 2020

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Los 'amish', una secta protestante, pacífica y alejada del progreso

AFP / WASHINGTON

Los amish son un movimiento fundamentalista protestante, pacífico y deliberadamente alejado del progreso. Cuenta con unos 200.000 miembros repartidos en una veintena de estados norteamericanos.

Presentes mayoritariamente en Pensilvania, así como en los estados de Ohio e Indiana, los amish forman una comunidad prospera de agricultores y artesanos que llevan un sistema de vida simple y austero.

Conocidos mundialmente por el film Witness en 1984, los amish se desplazan en carruajes tirados por caballos y respetan el Ordnung: un código de conducta centrado sobre los valores evangélicos y que fija las practicas permitidas y las prohibidas.

Rechazan toda influencia del mundo exterior, no están conectados a la red eléctrica, y no tiene derecho a tener televisión, radio y ordenador.

Vestidos de negro

Los hombres van vestidos mayoritariamente de negro con un sombrero de ala ancha, mientras que las mujeres y las hijas llevan unos trajes parecidos a los que se utilizaban en el campo europeo en el siglo XVII: cabellos recogidos en un moño cubierto con un gorro blanco, traje largo, delantal blanco y un chal sobre la espalda.

La mayor parte de los amish son trilingües: hablan en casa un dialecto cercano al alemán, celebran sus oficios religiosos en alemán y aprenden el inglés en la escuela.

Los niños no están obligados a acudir a la escuela hasta los 14 años tras una sentencia favorable del Tribunal Supremo de 1972.

Los amish, que no aceptan ninguna ayuda gubernamental, se benefician de un estatus de objetores de conciencia y no tienen derecho a poner demandas ante los tribunales.

Organizados de forma muy descentralizada, el movimiento amish es una escisión de la comunidad protestante de los Menonitas, un movimiento anabaptista aparecido en Suiza en el momento de la Reforma, en el siglo XVI, que permite solo a los adultos, después de confesar su fe, recibir el bautismo.

Fue un predicador de Alsacia, Jakob Amman, el que denunció que el movimiento menonita se alejaba de los principios de sus fundadores, que lo fundaron en el 1692. Sus discípulos comenzaron a emigrar masivamente a los EEUU durante la Revolución francesa para impedir ser reclutados.