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ESTRENA 'LA REINA DE ESPAÑA'

Penélope Cruz: «No me siento una estrella»

Olga Pereda

La actriz madrileña Penélope Cruz.

La actriz madrileña Penélope Cruz. / AGUSTÍN CATALÁN

Detesta dar consejos a las niñas que se le acercan y le piden uno. Solo les ofrece una recomendación: que se cuiden. Es lo que hizo ella. Y las cosas no le han ido mal. «Nunca fui de salir hasta las tantas ni de ponerme hasta arriba de nada. No me gusta beber. Odio las drogas». Penélope Cruz (Madrid, 1974) era prácticamente una niña cuando empezó a trabajar. Tras coquetear con los vídeos de Mecano, con 17 años rodó 'Jamón, jamón' (Bigas Luna) junto al que hoy es su marido: Javier Bardem. Consciente del mundo en el que se metía y de las «situaciones peligrosas» con las que se podía topar, su familia le dio libertad pero también mucha información. Puede que sea una rara avis en la farándula, pero la única actriz española poseedora de un Oscar nunca cruzó al lado oscuro.

La edad, y el hecho de ser madre de dos hijos, la ha convertido un poco en una abuelilla asustadiza ante los cambios sociales. «Si pudiera, daría al botón de rebobinar y me quedaría un rato más en los años 90. Las redes sociales, uf. No soy muy amiga de todo eso. No tengo Twitter ni lo tendré. Sí que uso Instagram, pero para cosas de trabajo o para felicitar a alguna persona. Ya nadie escribe cartas. Todo va tan rápido que no nos molestamos en terminar las frases. Me da vértigo y pena. Empiezo a entender a mi abuela. Cuando la veía con un móvil le decía: pero, abuela, tranquila que solo es un móvil», comenta Cruz, que insiste en que escribir a mano, aunque sea una postal, no es síntoma de romanticismo añejo sino algo necesario para la salud mental.

Sabe que va a contracorriente. Sabe que todo eso -tocar libros, olerlos- se va a ir al carajo. «Me angustia». Aunque tiene una esperanza: que las nuevas generaciones (sus hijos incluidos) den marcha atrás y no quieran ver un ordenador más que para lo necesario, que vuelvan al lápiz y al papel y a las charlas cara a cara.

ÍDOLO DE HOLLYWOOD

La madrileña no puede rebobinar a los 90. Sí lo ha hecho a la posguerra. Al menos, en ficción. 18 años después de 'La niña de tus ojos', la actriz se ha vuelto a poner a las órdenes de Fernando Trueba para rodar la segunda parte: 'La reina de España', que se estrena el 25 de noviembre. En ella vuelve a interpretar a Macarena Granada, que ahora es todo un ídolo de Hollywood y regresa a la España franquista (a pesar de su profundo odio al dictador) para rodar una película sobre Isabel la Católica. Lo hace rodeada de su gente: su peculiar asistente Trini (Loles León), el director Blas (Antonio Resines), los actores Lucía y Julián (Neus Asensi Jorge Sanz), el ayudante de dirección Bonilla (Javier Cámara) y el responsable de decorados Castillo (Santiago Segura). «Es un coñazo ser una estrella», suelta Macarena, harta de comer lentejas sola en su camerino en lugar de hacerlo rodeada de sus chismosos colegas. Es una frase de guion que Cruz, en realidad, no comparte. «Conceptos como estrella no entran en mi vocabulario. Ni antes ni ahora. Nunca me he sentido la reina de España. Ni con el Oscar», afirma.

Basta leer los comentarios a muchas informaciones de prensa relativas a Penélope Cruz (y a su marido) para constatar que una parte de la población no les tiene mucho afecto. Ella, sin embargo, sí que se siente arropada. «Siento mucho cariño por parte de mucha gente. Y eso se agradece». Aunque su motivación para trabajar no son los aplausos sino su amor por la interpretación. «Saber que siempre puedo seguir aprendiendo, que nunca lo sabes todo, que cada proyecto es empezar de cero», subraya.

"Ya nadie escribe
cartas. No terminamos
ni las frases. Me
da vértigo y pena"

Penélope Cruz no es Macarena Granada. Ella, al contrario que su personaje de ficción, nunca ha dejado de vivir en España. Y lo recalca unas cuantas veces. «Cuando me fui a EEUU para trabajar lo hice con un billete de ida y de vuelta. No sabía si iba a ser la primera película allí y la última. Luego surgieron más. Pero siempre he estado aquí y allí, compaginándolo. Mi personaje, Macarena, vive el Hollywood de la época y firma un contrato con un estudio, que empieza a dirigir su vida». Parece que Cruz sigue dirigiendo la suya. Con una prioridad: su familia. Su marido, Javier Bardem, y sus dos hijos: Leo y Luna. También su madre, Encarna, y sus hermanos: Mónica, con la que comparte profesión (aunque sus carreras no son en absoluto comparables) y con la que mantiene una firma de diseño de ropa, y Eduardo, cantante y compositor. Su padre [el matrimonio se divorció en 1999] falleció el año pasado.

POLÍTICA 'NO COMMENT'

Tímida, discreta, formal y amable en su trato con la prensa cinematográfica, la actriz no quiere hablar de política. Afirma que las entrevistas son cortas y no da tiempo a un análisis que llevaría horas. Sin embargo, sí que resalta que es consciente de todo lo que ocurre en España, también cuando está fuera del país. «Lo primero que hago al levantarme es leer los periódicos. Respecto a la situación del cine, creo que el nivel es muy alto. Directores, actores, fotógrafos, músicos, responsables de vestuario… pero hay pocas posibilidades de dar alas a ese talento. El cine, más que con ayudas, se ha encontrado con trabas. Incluso zancadillas».

Penélope Cruz forma parte de la legión de actores a los que les pica el gusanillo de dirigir. De momento, se ha puesto detrás de las cámaras para realizar cortos de publicidad. También 'Uno entre cien mil', estremecedor documental benéfico sobre el cáncer infantil.

"Sé lo que pasa

en mi país. Lo

primero que hago

al levantarme es

leer los periódicos"

Lo de dirigir no se quedará solo ahí, recuerda Cruz, que ya con 16 años daba la brasa a su admirado y amado Pedro Almodóvar. «Quiero ser directora», le decía. «Pues hazlo ya, no esperes», le contestaba el cineasta. Cruz sigue esperando. Cuando llegue el momento sabe que tendrá que bloquear un par de años de su vida. Ahora no tiene ese tiempo. Está a punto de rodar en Colombia 'Escobar', junto a Javier Bardem. Es la primera vez que trabajan juntos siendo pareja. «Ya os diré cómo nos va. Supongo que muy bien, claro», sonríe.

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