TENERIFE-GIRONA (1-3)

El Girona liquida todas las maldiciones y vuelve a Primera

Stuani iluminó el camino del regreso hacia la élite y un autogol y el remate final de Arnau firman un triunfo inmortal después de dos promociones seguidas cayendo en casa

MARC MARTI

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Joan Domènech
Joan Domènech

Periodista

Especialista en Fútbol, Barça, Deportes.

Escribe desde Barcelona

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El Girona conocerá el jueves el nombre de su primer rival de la Liga. No será el Alcorcón ni el Amorebieta, por citar dos ejemplos. Pueden serlo el Real Madrid o el Athletic, los referentes más próximos geográficamente. Volverán los derbis con el Barça y el Espanyol y en Anoeta aparecerá la Real Sociedad A, no el B. Por fin.

Por fin el Girona vuelve a Primera División. Por fin acaba el drama de la Segunda, las maldiciones de las puñeteras promociones. Regresa el cuadro blanquirrojo a la máxima categoría, sonreído por fin en Canarias con la pizca de fortuna que le fue negada (el autogol de José León) con tanta insistencia no se sabe por quién ni por qué. Michel ha sabido exorcizar los demonios del equipo, que llegó a permanecer cinco jornadas en posición de descenso, hasta el punto de superar la desgracia que devoró a sus predecesores.

Arnau se abalanza sobre Stuani tras el 0-1 de penalti anotado por el capitán.

/ Ramón de la Rocha / Efe

El guía marca el camino

El baluarte del equipo iluminó el camino del regreso. El goleador histórico del club. El rematador más letal de la categoría. El máximo anotador del campeonat añadió un dígito más para certificar su don. Como en Eibar. Decisivo en la semifinal y decisivo en la final, Cristhian Stuani, a los 36 años, no quería despedirse de este mundo (futbolístico) en otra plataforma que no sea la Primera División, que es donde debería haber permanecido siempre.

Al guía le siguieron los demás, desde un motivado Samu Saiz, que salió de suplente, hasta Álex Baena -segundos después de haber sido reprendido por el capitán tras ver una amarilla intervino en el 1-2-, y acabando con Arnau, que se arrancó el sentimiento de culpabilidad al anotar el tercer tanto cuando fue sorprendido por Carlos Ruiz en el empate del Tenerife.

Manda el Girona

Jugaron los mismos que la semana anterior. Con el mismo planteamiento táctico y el mismo planteamiento actitudinal. El Tenerife conservó con el espíritu de la ida: en Girona quería proteger la eliminatoria para la vuelta y en casa le valía con no perder.

Obligado a proponer, necesitado de un gol como mínimo, el once de Michel quiso mandar en el juego. No desdeñó la medida concesión de los canarios. La especulación de los locales les llevó al sufrimiento y al castigo de ir a remolque del marcador cuando Stuani transformó el penalti.

Hasta entonces, el peligro solo había merodeado el área de Soriano, con una falta indirecta a la que no llegó Bueno y un gran tiro de Samu Saiz un minuto antes del disparo de Juanpe, ya con un voluminoso chichón en la frente, que dio en la mano de Sergio González. Saiz había entrado por Iván Martín, lesionado por una dura entrada de Alex Corredera por detrás, y que se marchó lloroso del campo, entre el dolor físico y el anímico.

El gol de Stuani operó la transformación que podía suponerse. Fue casi instantánea, pese a que quedaban tres minutos antes del descanso, que fueron nueve por los parones de las lesiones y una revisión del VAR a una reclamación de penalti del Tenerife. Fue un primer síntoma de desesperación.

Michel, en el centro de la imagen, participa de la euforia final en Tenerife.

/ EP

Presión inmediata

Con el 0-1 se vio obligado a apretar el cuadro chicharrero y el Girona se echó atrás, siguiendo el impulso de la lógica. Así iba a discurrir el duelo en la segunda mitad si Michel no lograba impedirlo.

No pudo porque el Tenerife salió a presionar de inmediato a por el gol que les tranquilizara. A ellos y a los aficionados. En plena lluvia de centros se coló Carlos Ruiz por la espalda de Arnau a cabecear un centro pasado. El Girona salía con holgura desde atrás antes y después del empate, porque era un suicidio encerrarse atrás. En una de esas salidas llegó el autogol de León en un centro de Baena, aún indignado por la bronca de Stuani tras ver una amarilla por no reprimir la rabia. Y en otra aparición tan sorpresiva como había sufrido él, Arnau se coló para rematar una falta lejana que acercaba al Girona a la gloria de Primera.

Ortolá y Bernardo se abrazan emocionados en el Heliodoro Rodríguez de Tenerife.

/ EP

Ficha técnica

Tenerife: Soriano (4); Moore (5), Sergio González (5), José León (5), Mellot (4);Mollejo (6), Sanz (6), Corredera (6), Bermejo (4); Enric Gallego (4), Mario González (5).

Técnico: Luis Miguel Ramis (4).

Cambios: Ruiz (7) por S. González (m. 46); Ely (5) por Bermejo (m. 64); Shahoua (5) por M. González (m. 64); Muñoz (s. c.) por Mellot (m. 78); Martín (s. c.) por Corredera (m. 81).

Girona: Juan Carlos (7); Bueno (7), Bernardo (7), Juanpe (8); Arnau (7), Lozano (6), Valery (6); I. Martín (s. c.), Aleix (7); Baena (7), Stuani (8).

Técnico: Michel Sánchez (8).

Cambios: Saiz (7) por I. Martín (m. 17); V. Sánchez (s. c.) por Saiz (m. 85); Nahuel (s. c.) por Stuani (m. 85); Terrats (s. c.) por Baena (m. 91); Jairo () por Arnau (m. 91); .

Goles: 0-1 (m. 42), Stuani (p); 1-1 (m. 59), Ruiz; 1-2 (m. 68), José León (pp), 1-3 (m. 80), Arnau.

Árbitro: Arcediano Monescillo (7), cast-manchego.

Tarjetas:: Corredera (m. 13), Gallego (m. 31), Juanpe (m. 32), S. González (m. 41), Baena (m- 68), Saiz (m. 81). Aleix (m. 90), V. Sánchez (m. 97). 

Estadio: Heliodoro Rodríguez.

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