'EL PELAO', DE RICARDO ROSETY

Mateu Lahoz: "No me acostumbro a que me insulten al salir a calentar"

  • El colegiado valenciano reconoce que disfruta "como un cerdo, como un enano, como un crío" cuando arbitra, pero no quisiera que sus hijos escogiesen su profesión en esta sociedad

  • Mateu Lahoz confiesa admirar a los futbolistas "porque yo quise ser uno de ellos" y defiende la existencia del VAR porque lo considera imprescindible y bueno para corregir sus errores

Toño Mateu Lahoz, ayer, durante el calentamiento previo al Espanyol-Real Sociedad.

Toño Mateu Lahoz, ayer, durante el calentamiento previo al Espanyol-Real Sociedad. / DAVID RAMÍREZ / SPORT

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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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“Yo, siempre que salgo al campo, estoy pendiente (risas) de la cámara que nos enfoca cuando nos saludamos con los capitanes. Eso, en LaLiga, pues en la Champions sé que la cámara se pasea por delante nuestro cuando estamos todos en fila, cogiéndonos un primer plano a todos, a los jugadores y al equipo arbitral. Y, en cualquiera de esos dos instantes, jamás se me olvida guiñarle un ojo al cámara, pues sé que mi madre, que siempre sufre, me está viendo. Luego, finalizado el partido, intento enviarle una sonrisa, así se queda tranquila”.

El colegiado valenciano Toño Mateu Lahoz (Algimia de Alfara, Valencia, 12 de marzo de 1977), considerado por muchos como el mejor árbitro del mundo, dirigió ayer, en Barcelona, el partido Espanyol-Real Sociedad (1-0), con polémica incluida al anular un gol de los donostiarras. Esa misma semana, Mateu Lahoz se prestó a colaborar con el periodista asturiano Ricardo Rosety, una de las estrellas, a pie de campo, de Movistar+, que, desde hace cuatro temporadas, posee uno de los Podcast más originales, divertidos, entretenidos y, por supuesto, periodísticos de las redes sociales.

Un podcast muy divertido

Rosety, de familia tremendamente periodística, padre y tío estelares, tiene 44 años y a los 30 ya empezó a pasarse la maquinilla para rasurarse la cabeza. “Es decir, que a esa edad, ya empecé a ser calvo”, cuenta el periodistica, instalado en Barcelona. De ahí que idease la sección ‘El Pelao’, por la que han pasado un montón de calvos, todos ellos protagonistas del mundo del deporte. Mateu Lahoz es el personaje nº 50 de esta serie y la charla, que no pueden perdérsela y que tiene en medio de este texto (es larga, sí, pero sabrosísima y muy interesante a la hora de conocer la idiosincrasia de un árbitro muy, muy, especial), empieza, como confiesa Rosety, “charlando con Mateu Lahoz y termina conversando y haciendo unas risas con Toño, que es como le conocemos todos”.

El árbitro valenciano cuenta que, desde hace ya siete años, tiene una oferta pendiente “que cada vez sube de valor, es decir, que cada vez me ofrecen más dinero” de una empresa turca de trasplante de pelo para hacer una campaña con él “antes y después de la intervención”, pero Mateu Lahoz, que perdió a su padre cuando era muy joven, cree que “ahora que cada vez me parezco más a él, no debo cambiar mi fisonomía, pues me hace ilusión seguir así, calvo. Ni mi mujer, Cris, ni mis hijos quieren que acepte ese anuncio”.

"No hubiese duda en pedirle un VAR a los Reyes Magos, antes que un Scalextric"

Toño Mateu Lahoz / Árbitro español internacional

Mateu Lahoz cuenta cosas maravillosas en esa charla con Rosety. Como, por ejemplo, que nunca olvidará el beso que le dio, precisamente, en la calva su hijo mayor tras arbitrar la final de la Champions disputada en Oporto, el pasado 21 de mayo, entre Manchester City y Chelsea. “Terminada la final, Pau bajó, casi sobrevolando las cabezas y brazos en alto de los futbolistas, hasta mi para besarme”.

O cuando relata la tremenda complicidad que tiene con sus asistentes, Pau Cebrián y Rubén Porras, “pues sin ellos no soy nadie: un árbitro sin buenos jueces de línea no vale nada, nada”. El colegiado reconoce que no quiere silencios durante el partido, que quieren que le estén hablando todo el rato y, sobre todo, que si tienen dudas, no levanten la bandera. Vaya, no todos los colegiados piensan así.

Mateu Lahoz en @ElPelaoPodcast de Ricardo Rosety.

Mateu Lahoz se resiste a explicar por qué escogió la carrera arbitral, unida a los estudios, concluidos con buenas notas, de Profesor de Educación Física. Eso sí, confiesa que su hermano le dijo que dejase de dedicarse a la recogida de naranjas y se pusiese a arbitrar porque valía para eso. Es cierto que la temprana muerte de su padre le obligó a empezar a ganar dinero cuanto antes. De ahí que empezase a arbitrar a los 14 años y que no quiere que ninguno de sus dos hijos sigan sus pasos.

El peor insulto

“No me acostumbro a que me insulten al salir a calentar”, lamenta Mateu Lahoz en un momento de la charla en la que cuestiona que “todos los valores que nos inculcan de lunes a viernes, se vayan al traste durante el fin de semana cuando vamos a los campos de fútbol a insultar a los árbitros. No es fácil, no, arbitrar en esta sociedad”. Eso sí, reconoce que el insulto “no sé si más gracioso, pero el más raro" que le han lanzado en un campo de fútbol ha sido "¡calientamuebles!", que no sabe muy bien que significa.

Mateu Lahoz, que de joven era un buen centrocampista zurdo “que tenía gol”, confiesa que admira y mima a los futbolistas “porque yo quise ser como ellos y no lo conseguí”. Asegura que los árbitros son “de lo más honesto que hay en el fútbol” y reconoce que ellos están ahí, sobre el césped, “para ayudar a los futbolistas; nosotros no ganamos ni perdemos y somos los que tratamos de mantener el fútbol limpio, intacto”.

"Los árbitros somos de las cosas más honestas que hay en el fútbol"

El colegiado valenciano, que espera que el nuevo presidente de su gremio, Luis Medina Cantalejo, siga confiando en él por muchos años, asegura que adora al VAR. “Yo hubiera pedido un VAR a los Reyes Magos en lugar de un Scalextric. Me parece una herramienta fantástica, que nos ayuda muchísimo”.

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Mateu Lahoz defiende el VAR porque, contrariamente a lo que la gente cree, le parece muy bien que rectifique los errores del árbitro. “Veamos, si yo tiro un penalti y lo para el portero, pero el rechace va a los pies de un compañero mío, que marca el gol, yo me alegro como un loco. Pues eso es lo que hace el VAR cuando nosotros nos equivocamos”.

Ni que decir tiene que Mateu Lahoz reconoce que “jamás pensé que sería tan feliz y viviría del arbitraje. Yo, la verdad, no sé qué haré cuando deje el silbato, seguro que daré clases de Educación Física, porque me encanta enseñar. Pero yo disfruto como un cerdo, como un enano, como un crío cuando arbitro. Sé que, una vez colgado el silbato, no seré tan feliz”.