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Descentralización

Calidad al servicio de la ciudadanía

Uno de los grandes retos de la Universitat de Lleida pasa por consolidar su prestigio en su propia casa

J. M. / Barcelona

El rector Roberto Fernández, en el centro, con su equipo de gobierno.

El rector Roberto Fernández, en el centro, con su equipo de gobierno. / UdL

La Universitat de Lleida (UdL), como institución dinámica y comprometida, ha tenido que hacer frente a muchos retos en su corta trayectoria. En primer lugar, incluso antes de nacer, tuvo que ganarse el derecho a su propia existencia. La primera batalla de la UdL fue, pues, por el derecho de los ciudadanos y ciudadanas a tener un centro de enseñanza superior que fijara su capital humano en el territorio sin tener que desplazarse fuera para acceder a una oferta formativa universitaria.

La segunda gran batalla de la Universitat de Lleida fue la de la construcción física y humana. Hacían falta espacios y personal para cumplir los objetivos demandados por la sociedad. Era necesario un campus universitario digno y capaz de alojar todas las actividades, pero sobre todo se necesitaba la implicación de personal cualificado para llevar a cabo esta labor: buenos profesores para obtener una buena docencia y una buena investigación, y buenos profesionales para ofrecer un buen soporte administrativo a las actividades docentes, investigadoras y de transferencia de conocimiento.

Precisamente, la tercera batalla consistió en incidir en la calidad de las misiones encomendadas. Evidentemente, disponer de un buen capital humano era condición indispensable, pero no suficiente, para conseguir este reto. Se necesitaba una organización del sistema docente y de investigación, y hacer apuestas de futuro. Hoy, la UdL ya es una universidad de calidad. Lo dicen las clasificaciones nacionales e internacionales, así como los estudios de la Fundación CYD, de la European University Association, del BBVA, de la CRUE. En todos estos estudios, el resultado siempre es el mismo: la UdL está entre las 10 universidades del Estado que más investigan por profesor, que dan mejores clases. Y en determinados ámbitos de investigación está reconocida en el ámbito europeo.

ARDUA BATALLA. Pero la UdL debe librar ahora la batalla más ardua: la del prestigio en su propia casa. Y es así porque el resultado de esta contienda no depende exclusivamente de sus decisiones. La UdL ya hace bien las cosas, dispone de un cuerpo docente de prestigio y de unos estudios bien planificados y adecuados a lo que la sociedad le demanda, pero cuesta ganarse el prestigio social precisamente aquí. La UdL está muy por encima de la media catalana y española en atracción de estudiantes foráneos. Asimismo, se ha ganado el respeto de la comunidad académica y científica, pero todavía le cuesta ser profeta en su tierra. La UdL tiene que convencer a la sociedad leridana que la suya es la mejor opción para el estudio de sus hijos; y las empresas, que con su colaboración pueden aumentar la riqueza y el bienestar de las comarcas ilerdenses.

Diferentes clasificaciones otorgan muy buena nota a la UdL en materia de investigación y calidad docente

La construcción de la Universitat de Lleida se ha hecho sin complejos de inferioridad de ningún tipo respecto a las otras instituciones universitarias catalanas. Efectivamente, la demografía condiciona, y mucho, la cantidad de estudiantes y los estudios que se pueden ofrecer, pero, más allá de estas limitaciones numéricas, la UdL no ha permitido nunca que este hecho pusiera límites a sus ambiciones.

GANAR EL FUTURO. Llegados a este punto del camino, ahora toca convencer a la sociedad leridana que tiene una excelente universidad y que las apuestas del pasado han merecido la pena. Pero esta batalla no se ganará sola: se necesita la complicidad de los leridanos y leridanas. El presente de la UdL es una espléndida realidad. Ahora toca ganarse el futuro, y para conseguirlo es necesario que la sociedad leridana acepte sin prejuicios ni complejos la Universitat de Lleida como aquello que ya es: una universidad de calidad al servicio de la ciudadanía.

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