Abro hilo

El 'horrorómetro' estalla en Israel en un mar de 'fake news'

Los desastres de la guerra, un ingenioso narrador y la muerte de Carlos Pumares despuntan en las redes

Masacre en el kibutz Kfar Aza de Israel

Masacre en el kibutz Kfar Aza de Israel / RONEN ZVULUN / REUTERS

Daniel G. Sastre

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La verdad y la propaganda

¿Puede haber algo peor que asesinar bebés? Sí: decapitarlos. Por eso los mensajes en redes sociales que aseguraban que Hamás no se había limitado a arrasar el kibutz de Kfar Aza, sino que se había ensañado especialmente con los niños de cuna, han causado tan hondo estupor en todo el mundo. La matanza ha provocado un rechazo general, y es difícil abstraerse de la sensación de que está siendo utilizada con fines políticos. En un conflicto con tanta historia como el de Oriente Próximo, se amplifica lo que sucede siempre que se enfrentan dos bandos: que algunos de los partidarios de una u otra trinchera están mucho menos interesados en la verdad que en convencer a la sociedad de que ellos tienen razón. 

Ya se ha especulado mucho sobre el caso de los bebés asesinados. Un soldado israelí le comentó a una periodista que cerca de 40 niños de cuna habían sido decapitados, y enseguida se dio por bueno que habían muerto en ese número y de esa forma espantosa. Las certezas se fueron difuminando a gran velocidad, y a estas alturas hay un enfrentamiento a cara de perro sobre el cuántos y sobre el cómo. En el fondo, da un poco igual: la masacre de Kfar Aza ya no puede alcanzar nuevas cimas en el 'horrorómetro', porque ya ha hollado las más altas. Y, sobre todo: el desasosiego que generan los dos bandos peleándose acerca de un material de disputa tan sensible es inenarrable.

En este mar de propaganda y 'fake news', lo único que está fuera de toda duda es que enviar a alguien a ver con sus propios ojos lo que pasa para que después lo cuente sigue teniendo más sentido que informarse a través de las redes sociales. Que sigue siendo importante hacer periodismo, vamos. Siempre que lo que queramos es saber qué ocurre en el mundo para formarnos una opinión propia, y no reafirmar nuestros prejuicios al margen de la realidad, claro está.

Masacre en el kibutz Kfar Aza de Israel

Masacre en el kibutz Kfar Aza de Israel / ATEF SAFADI / EFE

Narrar para dos espectadores

Seamos sinceros: hay que ser valiente para ver por televisión un Teruel-Arenteiro, partido de fútbol que acabó, para más inri, cero a cero. Solo algunos aficionados de uno de esos dos humildes equipos, que militan en Primera Federación -una categoría parecida a lo que antes era Segunda B- pueden tener cierto interés en el encuentro. Pero la cosa cambia si el comentarista salpica su narración con frases llenas de ingenio e ironía, por no hablar directamente de sarcasmo.

El comentario que más ha triunfado en las redes sociales aborda precisamente la audiencia que puede estar siguiendo la emisión. "¿Cuánta gente creen ustedes que está viendo este partido? Yo me la juego y digo que... dos", afirma el narrador. Pero hubo otra perlas, como cuando cuestiona la frondosidad capilar del árbitro: "Vemos que el trencilla no tiene pelo de tener muchas trenzas". O cuando insistió en varias ocasiones con gran sentido del humor en lo aburrido que estaba siendo el choque: "Cuando he dicho partido he querido decir partidazo del siglo. Es tan grande el partido que el hashtag Teruel-Arenteiro está colapsando, está habiendo demasiados tuits a la vez, como cuando intentas llamar a tu madre en Nochevieja [...] Estamos en el estadio Pinilla, 93 años en pie. La mitad de lo que parece que está durando este partido [...] Cuatro minutos de añadido para que termine este auténtico partidazo, que ojalá no terminase nunca. El árbitro dijo: ‘Yo por mí me quedaba aquí un par de días más, pero voy a subirlo solo 240 segundos’". Ese fue el nivel, en fin: altísimo.

Gente y entidades sin sentido del humor, como el CD Teruel y el CD Arenteiro, han criticado al narrador, porque consideran que faltó al respeto a sus equipos. Pero otras personas han visto futuro en su estilo: "Honor para ese comentarista que dice verdades como puños", afirma en X @SantiJAC.

Imagen del partido entre el Teruel y el Arenteiro

Imagen del partido entre el Teruel y el Arenteiro / .

El monolito es Dios

Cuando alguien se muere, las redes sociales son un buen termómetro para interpretar si quien se ha ido va a dejar huella en el acervo popular o si se le va a olvidar con rapidez. Carlos Pumares es de los primeros, a juzgar por las muestras de cariño que los usuarios le están dedicando después de que traspasase el jueves, a la edad de 80 años. El inconfundible crítico de cine dejó decenas de momentos impagables durante sus muchas horas de programas en radio y televisión, y su muerte ha servido para recuperar algunos de ellos.

Los que ya tengan una edad podrán acordarse de sus berrinches con José María García cuando el célebre periodista deportivo se extralimitaba con su horario -casi cada día-, porque el 'Polvo de estrellas' de Pumares empezaba cuando terminaba 'Supergarcía'. Los que no la tengan pueden estos días deleitarse con su saber enciclopédico y su mecha corta, tan corta que es difícil no sospechar que aquellos cabreos insondables constituían sobre todo una representación. De lo más recordado después del fallecimiento de Pumares ha sido su enajenación con una oyente que no lo entendía cuando él le deletreaba Fibergran; su demoledora crítica de 'Twin Peaks: Fire with me', película que califica de "basura increíble" y de cuyo director, David Lynch, dice que "'Blue Velvet' se la ha hecho alguien" y que no le extraña que "la Rosselini lo dejara"; o, ya en su etapa en la tele, en 'Crónicas marcianas', su furibundo alegato contra la cebolla en la tortilla de patatas.

Al margen del histrionismo marca de la casa, lo que casi todos los que lo recuerdan destacan de Pumares es su amor por el cine. En el Festival de Sitges han dejado reservada estos días la butaca del Auditori donde solía sentarse. Y muchos han aprovechado para recuperar su sensacional monográfico sobre '2001: Una odisea del espacio'. Y su insistente recordatorio a los espectadores despistados: "El monolito es Dios".

Carlos Pumares

Carlos Pumares / Archivo