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#FaceAppChallenge

FaceApp, el último reto viral para ver cómo envejecemos (y que recopila millones de datos)

La polémica aplicación regresa dos años después a las tendencias de descargas y miles de usuarios están compartiendo el resultado en redes

El consentimiento para utilizarla implica la concesión de datos personales que quedan recopilados por una empresa rusa

María Aragón

FaceApp, el último reto viral para ver cómo envejecemos (y que recopila millones de datos)

FaceApp vuelve a estar de moda. La aplicación, que en 2017 ya hizo su labor retocando fotografías para que viéramos una aproximación de nuestro físico en la vejez, vuelve con fuerza este verano a través de un nuevo reto viral: #faceappchallenge, donde los usuarios de las redes sociales publican no solo sus divertidas fotos retocadas, sino las de diferentes famosos que no se han prestado a eso.

Su mecanismo es muy simple: subes una fotografía, le metes un filtro para ver cómo serías de anciano, y pides un duplicado para ver cómo es el antes (o el ahora) y el después. Los filtros también pueden cambiar características, rasgos faciales o incluso el género. Pero lo que ha convertido en tendencia a esta aplicación, que está entre las más descargadas en los últimos días, son los cambios físicos de los famosos como Messi, Justin Bieber o Kim Kardashian. 

La app, que utiliza Inteligencia Artificial para reconocer y modificar las caras, busca el resultado de una foto realista con pequeños cambios. El creador es el ruso Yaroslav Goncharov y la utilización de los datos está detrás de esta propuesta.

Identidad digital

El problema de esta aplicación, como muchas otras que descargamos sin pensar, es que está recopilando millones de datos personales asociados a una identidad. 

La afición a compartir contenido más o menos íntimo con amigos, familiares, compañeros de trabajo o gente no tan conocida ha llevado a las grandes empresas tecnológicas a encontrar un nicho en las redes sociales para la elaboración de proyectos de inteligencia artificial que puedan servir de prueba para el futuro.

FaceApp fue precisamente criticada por esta cuestión, ya que almacena millones de datos de usuarios que consienten sin mirar las condiciones a la hora de descargar y usar la apliación en una política de privacidad que no actualiza desde su publicación para iOs y Android en 2017. 

La empresa rusa creadora, Wireless Lab, advierte de que los datos nunca podrán ser cedidos a otras personas o empresas, pero sí a tercerdos dentro del mismo grupo empresarial. Es decir, si un día un gigante tecnológico—por ejemplo Facebook—adquiere este negocio ruso, podría tener un gran almacén de datos sin esfuerzo. 

Aunque apuntan a "análisis de terceros" para envío de publicidad, la polémica llega en cuestión de identidad digital y la huella que dejamos en Internet, ya que desde foros tecnológicos ya se está advirtiendo de que este mecanismo tan sencillo, que vive de la curiosidad de las personas, está poniendo en bandeja futuros proyectos de reconocimiento facial.  

Fotografía, identidad, ubicación... Millones de datos en manos de unos pocos. Pese a esto, algunos famosos se han atrevido a usarla para generar un debate con sus seguidores. 

Polémica racista

"La aplicación ha blanqueado mi piel y ha hecho mi nariz europea". La queja era de Terrance AB Johnson, un usuario de Twitter que identificó uno de los grandes problemas de FaceApp cuando salió a la luz: era racista.

Además de envejecer o rejuvenecer, la aplicación tenía una opción en la que modificaba facciones del rostro para hacerte "más guapo".

En su caso, vio cómo se eliminaban rasgos característicos de su raza, algo que criticó y que el creador tuvo que modificar. El CEO se disculpó en declaraciones a Newbeat: "Lamentamos profundamente este problema". 

Objeto de memes

Ahora ha regresado con fuerza, y como no podía ser de otra manera, el 'boom' de los duplicados de fotografías a través de Twitter también ha dado lugar a numerosos memes. 

Aunque siempre hay alguien que se le resiste a la Inteligencia Artificial. 

Hasta un exministro, Íñigo Méndez de Vigo, se ha apuntado al cachondeo.