Ir a contenido

Kiko se nos deprime

Ramón de España

Kiko Rivera, en la gala de los Premios Ondas en Sevilla.

Kiko Rivera, en la gala de los Premios Ondas en Sevilla. / RAUL CARO

Dada mi tendencia natural a la melancolía, nunca me tomo a broma las depresiones de nadie. Eso me ha convertido, desde hace unos días, en el único español que no se cachondea de la caída moral sufrida por Kiko Rivera -el artista antes conocido como Paquirrín y DJ Kiko-, que es motivo de irrisión por parte del sector más despiadado de nuestra población, que se resiste a aceptar que alguien al que consideran un vago de siete suelas que lleva viviendo del cuento desde que tiene uso de razón pueda haber caído en esa dolencia tan extendida entre nosotros, como demuestra el elevado uso de fármacos al respecto entre todas las capas sociales de este bendito país.

Reírse del pobre Kiko es una de las aficiones favoritas de los españoles, como demuestra un meme que vi recientemente y que consistía en tres fotos del muchacho bajo la palabra Trivago. Y uno piensa que ya podrían tomarla con otro, pues entre todas las figuras del averno que se asoman a la pantalla del televisor, el pobre Kiko es de los menos nocivos. A mí me cae bien, y aunque no lo conozco, detecto en él una ingenuidad y una buena fe que lo sitúan a años luz de otras celebrities de estar por casa.

Aunque no lo parezca, este chaval lo ha tenido todo en contra desde la más tierna infancia: ha vivido siempre en un circo mediático, es de natural poco agraciado y tiene un hermanastro torero que da gusto verlo, no conoció a su padre y sobrevivió a una infancia con la tiita María del Monte y, sobre todo, con Encarna Sánchez, esa mezcla siniestra de la señora Danvers de Rebeca y el Monroe Stahr de El último magnate, la novela inacabada de Scott Fitzgerald, en la adolescencia le esperaba Julián Muñoz, alias Cachuli -cuando le preguntaron si pensaba ir a verle al trullo, el hombre dijo que le parecía un buena tío, pero que a él la cárcel le daba mal fario y no pensaba pisarla ni de visita-, como los estudios no eran lo suyo, se apuntó al cancaneo audiovisual -era la época en que se hizo imprimir unas tarjetas en las que se declaraba “inaugurador de discotecas y catador de croquetas”-, tuvo que sufrir a novias que se le acercaban por ser famosillo y que luego salían en bolas en Interviú rajando que era una seta en la cama y que le cantaban los pinreles…

Siguió el cachondeo cuando se metió a disc jockey y a cantante -pese a su meritorio dueto con la rubia teñida de Papi chulo-, y ahora que se deprime, prosigue el choteo. Un poco de humanidad, amigos: dejémosle sufrir en paz.

Temas: Kiko Rivera

0 Comentarios
cargando