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hace tres siglos

La erupción del volcán Timanfaya dejó huella en los bosques de los Pirineos

Las emisiones de grandes cantidades de hierro modificaron la composición química de los anillos actuales de crecimiento de los árboles pirenaicos

El Periódico

Un camino entre árboles en el Pirineo. 

Un camino entre árboles en el Pirineo. 

La erupción en septiembre de 1730 del volcán canario Timanfaya dejó su huella en los bosques centenarios de alta montaña de los Pirineos, según un artículo publicado en la revista Science of the Total Environment.

Episodios como el del volcán de Lanzarote o el de Tambora (Indonesia) en 1816 desprendieron enormes cantidades de hierro, que modificaron la composición química de los anillos actuales de crecimiento de los árboles pirenaicos, ha informado este miércoles la Universitat de Barcelona.

Según el artículo, el estudio del registro de los anillos de crecimiento de los árboles (dendrocronología) podría ayudar a conocer la frecuencia y la intensidad de los fenómenos volcánicos en la era moderna.

Anillos de crecimiento

El nuevo estudio, liderado por la investigadora del Centro Tecnológico Forestal y de la Madera asturianoAndrea Hevia, y con participación de la profesora de la UB Emilia Gutiérrez, ha analizado los cambios temporales en la composición química en los anillos anuales de crecimiento de los árboles centenarios en el parque de Ordesa (Huesca) y en Aigüestortes y Estany de Sant Maurici (Lleida).

La investigación ha permitido analizar los efectos del cambio climático sobre los ciclos de nutrientes en los bosques, y ha confirmado que los bosques pirenaicos pueden registrar la huella química de episodios a nivel global y los efectos de las emisiones de gases a la atmósfera.

Gutiérrez ha dicho que la información registrada en estos árbol, a altitudes superiores a los 2.000 metros, es "representativa" de los cambios globales porque su crecimiento no está influenciado por los efectos de las actividades humanas.

Fósforo, azufre y cloro

El análisis de los anillos de crecimiento de los árboles ha revelado un incremento del contenido en elementos como el fósforo, el azufre y el cloro a partir de 1850, cuando se inicia la Revolución industrial.

Según el estudio, los árboles que crecen en lugares con suelos más alcalinos, como en el parque nacional de Ordesa, podrían tener una mayor capacidad de amortiguar los fenómenos de acidificación global, al contrario de lo observado en lugares con suelos más ácidos, como en Aigüestortes.

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