NUEVO DUELO EN LOS FOGONES

El fallecimiento del chef Manel Marquès y el conmovedor relato de su esposa

Ana Luisa Islas recuerda la figura del cocinero en jefe del restaurante Suquet de l'Amirall

En primer término, Manel Marquès, cocinero jefe del Suquet de l’Almirall, junto al propietario del restaurante, Quim Marquès.

En primer término, Manel Marquès, cocinero jefe del Suquet de l’Almirall, junto al propietario del restaurante, Quim Marquès. / ALEXANDRA SERRET

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EL PERIÓDICO / BARCELONA

Las cocinas vuelven a tener la llama a medio gas. La muerte repentina de Manel Marquès Torres, llega días después del adiós de Jaume Manubens, el del Passadís del Pep. Marqués deja un legado importante al frente de los fogones de El suquet de l’Amirall y del grupo Pepa Tomate.

Su esposa, la periodista Ana Luisa Islas, brinda un conmovedor retrato, que reproducimos en la web de EL PERIÓDICO. Y una posdata: La familia no recibe. Pueden enviar sus condolencias al restaurante Suquet de l’Almirall (Passeig Joan de Borbó, 65. 08003 Barcelona)

"El viernes 13 de enero falleció en Barcelona el cocinero en jefe del restaurante Suquet de l’Almirall, Manel Marqués Torres, barcelonés de nacimiento, menorquín por herencia y mexicano por convicción. Murió a los 47 años por las complicaciones de una cirugía de urgencia para reparar un par de “aneurismas disecantes de la arteria aorta, toráxica y abdominal”, a menos de tres meses de haberse casado (legalmente, en realidad se casaron en un tren de vuelta de Cádiz) con la periodista gastronómica mexicana que escribe este texto, en Cala Galdana, Menorca.

Le sobreviven además sus hermanos Montse, Pili y Xavi, sus cuñados, y padres adoptivos, Domingo, Salvador y Quique; sus sobrinos Sara, María, Enric, Nel, Eva, Aina, Juanito, Tomi, Sergi, Miqui y Mayla; sus sobrinos nietos Adrià y Juli. Su hermanos adoptivos, Román, Jesús, Pablo y Jenn. Su familia política, que más que política era su tribu, un sinúmero de amigos, en México, Barcelona y Menorca, sus queridos familiares en Ciutadella (en donde nacieron sus padres y a quienes visitaba siempre por Sant Joan), su exnovia Eva y su familia, que fue suya durante 20 años, su socio (y hermano postizo) Quim Marqués; sus colegas en los fuegos, Alex, Judith, Miqui, Sergi y Pau; el resto de sus compañeros del Suquet de l’Almirall, y muchos más.

INSPIRADO EN LA BARCA DE SU PADRE

Forjado solo; primero, inspirado por la cocina de barca de su padre, un purista de la Caldereta de Langosta, plato que Manel imitó y perfeccionó, y más adelante en los fogones del Suquet de l’Almirall, en donde creó recetas que son parte de la historia de la capital catalana, como la Paella D.O. Barceloneta, los Buñuelos de espinacas con allioli de miel (inspirados en los del 7 Portes), el Calamar ‘de collons’ o el Tartar de tomate con anchoa; platos tan clásicos como la Parrillada de verduras con jamón, o vanguardistas como la Paella Vegana, con verduras y flores.

Fue ahí en donde se forjó, primero, al lado de Joaquim Marqués Balaguer, de quién aprendió el arte de hacer paellas y “l’escudella i carn d’olla” (su plato favorito y el que habría querido cenar por última vez, en caso de que el maldito destino le hubiera permitido elegir). Amaba tanto esa sopa que la perfeccionó como pocos (casi tanto o más que su Caldereta). Su receta se basaba en la de su madre, la de Carme Ruscalleda, la de la madre de los hermanos Roca y la de Marqués Balaguer. Era un apasionado.

Fundador e impulsor de Pepa Tomate Grup, fue en el Suquet de l’Almirall, donde entró como lavaplatos en el año 1988, donde Manel se hizo grande y mano derecha de Quim Marqués. Su cocina era como él, atrevida, al límite, sin miedo a sentir y a provocar, honesta, pero sobre todo llena de amor. Amaba crear platos, lo hacía cada día (en el Suquet, durante muchos años elaborando el Menú Ciego, deleite de sus clientes, que se volvían auténticos fanáticos de su osado sazón).

SU COCINA ERA AMOR PURO

Su cocina era amor, amor puro, por el producto, por el cliente, por la técnica, por el mar, por la tierra, por sus proveedores. Era un hombre de pocas palabras, con casi todo el mundo (excepto en la intimidad de su casa en donde no paraba de hablar), su mejor forma de expresión siempre fueron los fogones. Tiraba sal como quien baila ballet. “La cocina es muy femenina”, aseguraba. “Tenía una sensibilidad y un corazón muy diferente que cualquier persona, he perdido a mi referente, toda mi vida, personal y profesional, pasaba por sus manos”, le describe Quim Marqués.

Fuera de la cocina, amaba el mar, sobre todo el de Menorca y el de La Paz, Baja California, México (a donde nos mudaríamos a “montar un hotelito y un restaurante de cuatro o cinco mesitas”). Adoraba las películas, veía una o dos diarias. Sentía un amor desbordado por Bruce Springsteen, su música, su honestidad, su carisma, su profesionalidad, su austeridad y su carrera (su perro, un teckel color chocolate, se llama Bruce).

Él era una copia fiel de su ídolo en cuanto a cualidades se refiere. Su restaurante favorito del mundo era el Café Balear, en Ciutadella, en él se sentía como en casa (sus dueños están devastados por la noticia). Era muy bromista, amante de la historia y de comer y vivir bien, aunque siempre austeramente. Bondadoso y discreto, un cuidador, guía y cabeza de grupo. Un hombre hecho y derecho, como pocos.

Entre ayer y hoy más de 500 personas han dado sus condolencias. Le echarán de menos sus proveedores: Pep Martí, de Catamar; José Antonio Blasi, de Peix Fresc i Marisc Blasi; Sebas, su referente carnicero de La Boqueria; Rosa, de Ibéricos Maldonado; Carlos, de helados Maximum. Sus clientes, Jaume Devi Pascuet, y muchos más. Clientes con los que tenía una gran amistad fueron muchos.

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Lo va a echar en falta tanta gente. Álvaro Montero, que organizó el viaje a Cádiz en donde conoció a su esposa, y en donde la periodista Carme Gasull los presentó. Miquel Ristol y Pep Barberá, y el resto de los Senadors de l’Escudella están desconsolados.

Se reunió ya con sus padres Manel Marqués y Pilar Torres, así como con su amada hermana Joana. La vida, sin él, parece imposible. Sin embargo, su ejemplo fue tal, que sería ingrato no honrarlo. Gracias amor."