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REGRESO AL FUTURO

Calendario gregoriano: ¿Qué llevó al papa Gregorio XIII a cargarse 10 días en 1582?

El calendario establecido por la Iglesia en el siglo XVI inspira un 'doodle' de Google

Pintura que reproduce la efigie del papa Gregorio XIII.

Pintura que reproduce la efigie del papa Gregorio XIII.

El calendario gregoriano ha inspirado a Google el doodle de este 4 de octubre del 2016. Actualmente utilizado de forma oficial en casi todo el mundo, sustituye desde 1582 al calendario juliano, instaurado por Julio César en el año 46 a. C.

Pero el nuevo calendario gregoriano se 'comió' 10 días -del 5 al 14 de octubre de 1582-; es decir, hizo que desaparecieran -sobre el papel, al menos- para corregir el desfase de días que al cabo de milenio y medio había ido acumulando el de Julio César.

El calendario del emperador romano establecía el 1 de enero como el primero del año de 365 días y seis horas. Tenía un margen de error de 11 minutos y 14 segundos al año. El calendario juliano creaba el año bisiesto de 366 días con un día más entre el 25 y el 24 de febrero en los años divisibles por cuatro. Pero se intercalaron de forma equivocada a lo largo de los años.

DESFASE

La Iglesia, y en concreto el papa Gregorio XIII, se fijó entonces el objetivo de lograr un calendario más exacto que corrigiera el desfase y, de paso, adecuase el calendario litúrgico con el calendario 'civil'. El primer Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, había fijado el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, a partir de esta, el resto de las fiestas religiosas: sería el domingo siguiente a la luna llena del primer mes lunar después del inicio de la primavera. Todo ello significaba ubicar el principio de la primavera en una fecha fija a lo largo del año, es decir, en el equinoccio de primavera para el hemisferio norte. Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día 21 de marzo.

Pero en 1582, el equinoccio se había adelantado al 11 de marzo, y la Pascua también. De seguir así, según vio acertadamente el papa Gregorio, la Semana Santa se iría celebrando cada vez antes y, tras algunos años, cambiaría incluso de estación. Y, según la Biblia, Jesucristo murió en el mes judío de nisán (en primavera). Fue por eso por lo que el Papa tomó la decisión de fijar un día fijo para el equinoccio de primavera -el 21 de marzo- y, por ende, la Pascua siempre caería en primavera.

Pero recordemos que hemos dicho que en 1582, el equinoccio de primavera debía celebrarse el 11 de marzo. ¿Qué hacer, pues? Optar por la vía fácil y suprimir los días. Y es por ello por lo que la noche del 4 de octubre de 1582 dio paso... al 15 de octubre. Un regreso al futuro a finales del siglo XVI.

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