ASÍ RENACIÓ ESPAÑA

¿Por qué Luis Enrique se ha salido con la suya?

Luis Enrique abraza eufórico a Rafel Pol, su preparador físico, tras el triunfo sobre Croacia.

Luis Enrique abraza eufórico a Rafel Pol, su preparador físico, tras el triunfo sobre Croacia. / @SeFutbol

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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Tiene España el aire de Luis Enrique. Valiente en su juego, atrevida en su propuesta ofensiva, tenaz y terca, además de imperfecta como se ha visto en esta Eurocopa donde empezó de mala manera, pero terminó colándose con un partido lleno de épica y grandeza en los cuartos de final, un territorio que no pisaba desde el 2012 cuando vivía su Edad de Oro.

¿Por qué se ha salido con la suya?

Porque ha sido capaz de dotar a España de una identidad que ha ido más allá de los jugadores. Y ha inyectado una energía en su equipo que se resumió en la decisiva prórroga ante Croacia donde se impuso con tal determinación que hasta le sobró la segunda mitad. Los 15 minutos finales no tuvieron emoción alguna porque la selección de Luis Enrique había liquidado con los goles de Morata (3-4) y Oyárzabal (3-5) cualquier opción de esperanza croata.

Porque ha impuesto su voluntad y determinación contagiando a un grupo de anónimos jugadores, liderados al inicio por Busquets desde la distancia, estaba confinado en su casa de Barcelona contagiado de covid, y después desde el centro del campo. Ha sido España el reflejo de lo que es Luis Enrique.

Equipo terco, obstinado en la defensa de una idea, valiente y atrevido en sus ideas, con personalidad arrolladora, que le ha hecho levantarse con autoridad de sus propios errores (dos penaltis fallados en los dos primeros partidos, el autogol de Unai Simón y el 3-3 de Croacia en los minutos finales de octavos) para reafirmarse en sus convicciones. Ha creado el técnico una idea de grupo que ha traspasado incluso los límites del proyecto futbolístico generando un sentimiento colectivo.

¿Por qué hizo una lista sin Ramos y las 'vacas sagradas'?

Porque entendía que era necesario airear el ambiente de una selección que vivía bajo el liderazgo casi único de Sergio Ramos. Y porque tampoco había ningún jugador del Madrid que reuniera las condiciones adecuadas para colarse en la lista de 24. Carvajal y Lucas Vázquez, los dos principales candidatos, estaban lesionados y el técnico nunca creyó que Nacho, que puede ejercer de central o lateral, era una pieza imprescindible ya que ese rol lo podría asumir Azpilicueta, el capitán del Chelsea.

Desprovisto de Ramos, sabía Luis Enrique a lo que se exponía en caso de que la Eurocopa se complicar como se complicó con los dos empates iniciales. Pero, a cambio, tenía al grupo en su mano, enfrentándose al tremendo desgaste mediático que suponía dejar al capitán en casa, unido a que ningún madridista estaba con una selección donde 14 de sus 24 futbolistas juegan fuera de España.

Con las vacas sagradas en casa, el liderazgo del asturiano era todavía más evidente en una España anónima, con jugadores que eran suplentes en sus clubs como se demuestra en cuatro de los 11 que estaban en el once inicial ante Croacia: Èric García, Ferran Torres y Laporte en el City y Sarabia en el Paris SG. Tipos comprometidos todos ellos tras una idea común.

¿Por qué ha sido fundamentalista con el sistema?

Porque entendía que el 4-3-3 encajaba de maravilla en los jugadores que había convocado. No ha modificado esa idea táctica en los cuatro partidos de la Eurocopa. Ha cambiado, eso sí, los actores, pero nunca el plan, convencido de que era el camino adecuado, con una línea de cuatro defensas (empezó con dos zurdos, Laporte y Pau Torres, hasta que abrió la puerta a Èric García), alterando incluso los laterales (Marcos Llorente y Azpilicueta en la derecha; Alba y Gayà en la izquierda), pero bajo el mismo patrón.

En el centro del campo, una vez volvió Busquets, superado el covid, no ha movido a sus dos acompañantes: Koke como volante diestro y Pedri como interior zurdo. Arriba, al igual que hizo en la zaga, ha seguido jugando con tres delanteros, siendo intocable Morata, escoltado por futbolistas que dan un perfil distinto a la idea base: Ferran Torres, Dani Olmo, Sarabia, Gerard Moreno, Oyàrzabal y hasta Adama Traoré han ido desfilando por las bandas, manteniéndose siempre firme en el eje ofensivo el discutido jugador de la Juventus.

¿Por qué ha defendido su idea y sus convicciones?

Porque creía, y con razón, que España necesitaba una revolución para despertar del letargo que había vivido en los últimos años, encadenando decepción tras decepción: Mundial-2014 (eliminada en la primera fase), Eurocopa-2016 (cayó en octavos de final) y Mundial-2018, donde también se despidió en octavos. Requería la selección de un electroshock para abandonar viejas rutinas perdedoras e iniciar un camino de entusiasmo, obligándose Luis Enrique a inyectar la energía que él tenía tras abandonar el grupo de forma abrupta por la muerte de su hija.

No ha dudado en ningún momento de su hoja ruta, desoyendo las críticas, enormes críticas que levantó su lista para el torneo, sin ningún madridista y bajo el impacto de no contar con Ramos. Una decisión que no tenía camino intermedio. O impulsaba al asturiano al control absoluto del grupo o en caso de malos resultados debilitaba, tal vez, para siempre su figura. Pero esa traumática medida ha fortalecido todavía más el liderazgo del seleccionador, la pieza capital en ese necesario proyecto de regeneración que tenía, sobre todo, el Mundial de Qatar-2022 como el objetivo final. Sin olvidar la actual Eurocopa como punto de partida para acreditar que se estaba en el camino correcto.

¿Por qué dijo Morata y 10 más?

Porque creía que el delantero de la Juventus era el pilar para sostener el ataque de España. Y era básico apuntalarlo después del frustrante empate en el debut contra Suecia (0-0) donde Morata falló una ocasión clarísima que le convirtió en el epicentro de la crítica. Más le reprochaban, más le defendía Luis Enrique, al punto de que horas antes del segundo partido ante Polonia soltó una de las frases del torneo. “Jugarán Morata y 10 más”.

No era solo un mensaje de inflexible apoyo hacia su jugador sino que también era un mensaje hacia el entorno que rodeaba a la selección. Suyo era el equipo, suyo era el control, suyo era también el gobierno, y no solo deportivo sino también psicológico, del escenario. Morata, además, marcó el gol ante Polonia e inmediatamente se fue a celebrarlo con Luis Enrique en un abrazo que sellaba todavía más la complicidad. Ni siquiera el penalti fallado por el exjugador del Madrid y Atlético ante Eslovaquia quebró ese indestructible apoyo entre ambos.

Más cuestionado era Morata, más defendido era por Luis Enrique. Hasta que llegó el momento clave de la Eurocopa hasta ahora. Tras el 3-3 de Croacia, se inició la prórroga con una decisiva parada de Unai Simón, prólogo al liberador zurdazo de Morata (era el 3-4) que ejerció de despertador de la selección, reconciliándose con la afición, que estaba desconectada y con evidentes signos de desafección hacia un grupo que no era suyo. En ese zurdazo, excelente el control previo y más excelente aún el disparo final, Morata recompensó la fe que había tenido Luis Enrique en su rendimiento. Al cuarto partido se entendió los argumentos que sustentaba esa famosa frase de "Morata y 10 más".

¿Por qué ha defendido a Unai Simón?

Porque era su portero. Algo tan obvio y, a la vez, tan complejo. Porque era el portero que mejor entendía la atrevida manera de jugar de España sin ser, curiosamente, el meta del Athletic un especialista en el juego con los pies, factor fundamental para Luis Enrique. El técnico le pidió atrevimiento a Unai Simón, incluso después del error más grosero que se recuerda en el torneo con ese dañino 1-0 de Croacia.

No se hundió el vasco. Ni tampoco el seleccionador, que le pedía desde la banda personalidad y carácter para levantarse. Tardaron algunos minutos los jugadores de la selección en darle el balón al portero, asustados como estaban todos por la magnitud del trágico error.

Pero, de nuevo, Laporte, Èric García, Azpilicueta y Gayá vieron a Unai como un jugador más para iniciar el ataque de España. Y éste, dueño de una tremenda personalidad (tiene 24 años y poca experiencia internacional), acabó imponiéndose. Primero con los pies, fue el origen del 1-2 de Azpilicueta, lo que provocó los desatados gestos de alegría de Luis Enrique, orgulloso de que la fidelidad en una idea hallara premio, y después con las manos, teniendo dos intervenciones decisivas para sostener a una España que se derrumbaba. 

¿Por qué esperó, y con razón, a Busquets?

La selección quedó impactada cuando vio salir a Busquets, su capitán, en una ambulancia medicalizada, camino de su casa de Barcelona, contagiado por el coronavirus, temiéndose que ya no volvería a Las Rozas. La selección se quedó sin su líder. Y Luis Enrique, también.

Pero nada más verlo partir, el asturiano dejó claro el valor que tenía el azulgrana en su proyecto. No es que quisiera esperarlo, volviera cuando volviera, sino que iba a esperarlo. Se perdió los dos primeros partidos (Suecia y Polonia, aunque en este ya se encontraba en la grada de La Cartuja), pero su llegada a la ciudad deportiva de Las Rozas visualizó la influencia de Busi.

Un pasillo de honor de sus compañeros, que terminó con un emotivo abrazo de Luis Enrique, certificaban que era imprescindible esa espera. En los dos partidos siguientes (Eslovaquia y Croacia), ambos bajo el peligro de que una derrota enviaba a España a casa, esa paciencia del asturiano se ha visto reflejada sobre el campo. Busi ha sido el verdadero líder de España.

Y la UEFA ha ratificado esa capital aportación del centrocampista azulgrana, elegido el mejor del partido ante Eslovaquia, elegido también el mejor contra Croacia. Luis Enrique lo necesitaba para armonizar una selección nueva, que no había jugado muchos partidos juntos. Y Busquets ha sellado ese grupo desde la atalaya que le da la experiencia y la sabiduría que irradia su fútbol.

¿Por qué ha enchufado a toda la plantilla?

Porque ha utilizado a 21 jugadores de los 24 que convocó en estos cuatro partidos. "Los 24 me dan garantía"”, ha venido repitiendo Luis Enrique desde el inicio del torneo. No eran palabras huecas ni llenas de populismo. Con los hechos ha demostrado que tenía razón.

Solo los dos porteros suplentes (De Gea y Robert Sánchez) y Diego Llorente, el central del Leeds que abandonó la concentración tras serle detectado un falso positivo de coronavirus, no han jugado ni un minuto en esta Eurocopa. Pero como se vio en Copenhague han aportado valor desde el banquillo.

Acabada la primera mitad ante Croacia, De Gea se quedó en el centro del campo esperando a Unai Simón, aturdido todavía por el dramático 1-0 encajado. El meta del Chelsea aguardó con la mirada a su colega, a quien abrazó durante los 40 metros finales antes de perderse en el túnel de vestuarios del Parken de Copenhague. Era mucho mas que un gesto.

El suplente de Unai, que había sido titular en la Eurocopa-2016 y el Mundial-2018, ponía su hombro para arroparle sin dejarlo solo en uno de los momentos más complicados para cualquier portero. Luis Enrique tiene enchufados a todos porque todos se creen o sienten titulares. No existe frontera entre intocables y secundarios.

No hay ni piezas marginales porque el técnico ha hecho entender a los 24 que son iguales, algo que le ha resultado mucho más fácil por la ausencia de las vacas sagradas que gobernaban el interior del vestuario. Cada uno de los 24 le debe algo a Luis Enrique. Y Luis Enrique le debe algo a cada uno de ellos porque han construido un ambiente de unidad y alegría, que contrasta con el pesimismo y murmullo de desaprobación que anidó en Rusia-2018, la última gran y fracasada cita de la selección.

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¿Por qué ha sostenido a Pedri, pese a la presión externa?

Era la pieza más débil del grupo. Y de la selección. Con apenas 18 años, Pedri ha tenido la confianza más absoluta del seleccionador, seguro como estaba de que explotaría en el torneo. Ya lo hizo en el Barça y ahora lo ha repetido en la selección. Es el único centrocampista que ha disputado al completo los cuatro encuentros.

Ha jugado 390 minutos, recorriendo 46,8 kilómetros, dejando en cada acción ese halo de magia que le ha convertido en una de las referencias de la selección. Juega y pasa como los ángeles. Suma 277 pases buenos de 305 intentados, firmando un 91% de acierto.

Y, aunque no lo parezca, su influencia en el juego de la selección ha adquirido proporciones gigantescas, sorprendiendo hasta sus propios compañeros. Busquets ya sabía de Pedri por su primer año juntos en el Camp Nou. Pero Koke, otro de los jugadores más experimentados de España, no dudó en expresar su asombro por el rendimiento del talento de Tegueste.

"Me sorprende su madurez. Solo tiene 18 años", dijo el capitán del Atlético, alucinado con ese niño al que no han podido detener ni con faltas. Hasta 10 ha sufrido Pedri, a quien Luis Enrique ha mantenido en el eje del fútbol de España, pese a las fuertes presiones. Antes incluso de comenzar el campeonato.

Con las dos primeras jornadas, y tras sumar dos puntos de seis posibles, aumentaron esas voces que reclamaban la presencia de Marcos Llorente en el centro del campo. Y Pedri, obviamente, era el eslabón más frágil. Luis Enrique actuó como si fuera Luis Enrique. Y lo es. Sentó a Marcos Llorente (no jugó ni un minuto ante Eslovaquia ni tampoco con Croacia) y mantuvo a Pedri, más resistente de lo que se adivina en su débil figura. 

¿Por qué decía que España tenía gol?

"España tiene juego. España tiene goles". Llevaba casi un mes diciendo este par de frases Luis Enrique. Pero los hechos rebatían la contundencia de esas afirmaciones. 180 minutos iniciales del torneo y apenas un gol, el de Morata a Polonia, verificado por el VAR tras segundos de angustia porque se temía que estuviera en posición de fuera de juego. Pero la tecnología terminó dando la razón al delantero de la Juve.

Y los hechos también a Luis Enrique. "Tengo la sensación de que es como una botella de cava que está a punto de descorcharse", pronosticó antes del decisivo tercer duelo. Se descorchó a lo grande ante Eslovaquia con un 0-5, la goleada de la Eurocopa, con dos tantos en propia puerta del rival. Pero era justo lo que necesitaba España para reencontrarse con el gol. Y lo hizo a lo grande.

Corre el cava por esa rejuvenecida selección, que ha firmado 10 goles en los dos últimos partidos, dos más que Italia, que suma nueve.