01 oct 2020

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Los piojos prefieren las cabezas limpias y sin grasa

Estos incómodos parásitos han generado a lo largo de los años falsas creencias acerca de su aparición

SERGI DELGADO

Algo que ocurre cada vez que llega septiembre, y con él el inicio de un nuevo curso escolar, es que también comienzan los catarros y los síntomas febriles habituales en los más pequeños. Pero sin duda lo que más temen los padres es la llegada de la temporada de piojos y el posible contagio de sus hijos. Estos pequeños, cotidianos y molestos parásitos, que se alimentan de la sangre de quien les aloja y realizan todo su ciclo vital en el cuero cabelludo, son un suplicio para escolares, progenitores, e incluso para los docentes. Su fácil contagio siempre ha generado muchas creencias populares entre padres que muchas veces no son ciertas.

A menudo se ha escuchado que los piojos aparecen en las cabezas de las personas porque estas están sucias. Algo totalmente falso. «Estos parásitos surgen por el contagio de una persona a otra, y lo que los piojos prefieren -explica la doctora en dermatología Asunción Vicente, del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona- son las cabezas limpias, donde no haya nada de grasa, porque así tienen más facilidad para moverse entre los pelos y poner las liendres».

Y la aparición del enemigo más temido por el cuero cabelludo, por desgracia, no se puede prevenir. Los síntomas habituales son la sensación de picor y las molestias que producen. Para «intentar» que no aparezcan en nuestras cabezas es recomendable llevar una buena higiene y sobre todo tomar algunas precauciones, como no compartir peines ni gorros, aunque esto no garantice al cien por cien que no terminen instalados en nuestro cabello.

Tampoco es cierto que vuelen

-de hecho no tienen alas-, sino que pasan de una cabeza a otra por el simple contacto físico, es decir, cuando los pelos de las personas se tocan. Esa es la principal razón por la que prefieren las cabezas de los más pequeños, con los que hay que «tener más cuidado», avisan los dermatólogos como Asunción Vicente. Los niños juegan, comparten ropa y tienen más contacto físico entre ellos que los mayores, aunque eso no significa que un adulto no los pueda tener. Todos estamos en riesgo.

Aunque muchos padres todavía no los conozcan, hay productos eficaces para acabar con los piojos. Además de los tratamientos preventivos que se comercializan existen dos tipos de tratamientos básicos: el que ahoga y el que mata al piojo. En los primeros se utilizan lociones basadas en aceites que impiden al piojo el contacto con la piel, lo que provoca que no pueda respirar. Los segundos se llevan a cabo con permetrina, que envenena al insecto. El tratamiento se hace una vez y se repite pasada una semana. «No se debe hacer cada semana como mucha gente piensa. Eso es un error», avisa la doctora. Tras aplicar la loción se retiran los piojos muertos y las liendres. Los productos preventivos, soluciones líquidas de uso diario, ayudan a repeler a estos bichos, pero son métodos que fallan. Además, es habitual ver cómo muchas personas utilizan estas lociones, pero si abusamos de ellas, se tiende a conseguir que «el animal se haga resistente al producto». Es lo que pasa con cualquier fármaco. Su uso frecuente consigue al final que este sea ineficaz.

DISTINGUIR LA CASPA DE LAS LIENDRES / Dentro de los grupos de edad más afectados se encuentran los niños. Esto provoca que las escuelas, lugar donde conviven los más pequeños durante gran parte del año, se conviertan en el principal foco de contagio. «El primer síntoma que nos alerta de su presencia es observar que un niño se rasca mucho la cabeza. Por eso los centros educativos tienen que estar alerta», aclara la doctora Vicente. Su detección es algo que no resulta tan difícil como puede parecer a simple vista. Por ejemplo, para diferenciar las liendres de la caspa basta saber que esta última caerá solo con sacudir un poco la cabeza, mientras que las liendres se agarran totalmente al pelo y no caerán tan fácilmente.

La Agència de Salut Pública recomienda «seguir unas medidas preventivas para evitar el contagio»: cepillar los cabellos cada día, mantener limpios los cepillos, lavar sábanas a diario, informar a los niños de que no deben compartir objetos personales, revisar los cabellos un mínimo de tres veces por semana y avisar al colegio y al profesor si pese a todo al final el menor se contagia.

El protocolo habitual a seguir ante la detección de un caso consiste en avisar a los padres para que traten al niño y pedirles que este pase un día en casa para evitar la transmisión. Si se detectan varios casos a la vez, los profesores deberán repartir un formulario a todas las familias donde se les informará y se les pedirá que comprueben si su hijo se ha contagiado. Incluso hay algunos centros escolares que incluyen en sus planes educativos talleres para que los alumnos aprendan qué son los piojos y qué hay que hacer cuando aparecen.