24 sep 2020

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"El problema no es el modelo de Estado, sino la condición humana"

Jaime Rodríguez Soto

Jaime Rodríguez Soto

Vista general del Congreso de los Diputados.

Vista general del Congreso de los Diputados.

En pleno verano y en plena pandemia por el covid, con toda la incertidumbre social, económica y sanitaria que nos acecha, nos ha asaltado la noticia de la marcha del rey Juan Carlos de España, en una especie de exilio-destierro (¿autoimpuesto o impuesto?).

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Salía un periodista en un programa de televisión preguntándose en qué y cómo iba a afectar a los españoles la decisión del Rey y todo lo que rodean a sus escándalos, y el debate abierto sobre la monarquía. Y yo pensé que en nada. En nada nos afecta lo que hagan o dejen de hacer el Rey emérito y el actual al ciudadano de a pie, que bastantes problemas tiene con pagar el alquiler o la hipoteca y llegar a final de mes. Porque lo que hemos visto con el rey es la propia condición humana del que se ve impune, intocable y vive en otra esfera, fuera de la mayoría de los mortales.

A todos esos que plantean el cambio de modelo de Estado a una república, les diría que me parece bien que se consulte siempre a la ciudadanía,pero que una república no nos va a salvar de la propia condición humana; esto es, que no haya políticos y un presidente de una hipotética república corrupto. Y entonces, ¿qué haremos? ¿Volveremos a querer cambiar de sistema?

Y lo primero sobre lo que tenemos que reflexionar (de hecho ya lo hacemos, por las conversaciones que tengo con muchas personas de la clase trabajadora como yo), es sobre los privilegios que tiene nuestra clase política, más evidentes que nunca durante esta pandemia. Estamos en un país con gran número de personas en situación de erte, con la pérdida de poder adquisitivo que conlleva, y vemos que todo eso a nuestros políticos (de cualquier bando, ojo) no les afecta.

Lo que hemos visto con el Rey es que ellos viven en otra esfera, en otro mundo, distinto al de la clase trabajadora. Y no es populismo ni demagogia, cosas que detesto. Es una realidad que cualquiera con ojos certifica.

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