"La camarera nos llevó a una salita en la que estábamos apiñados"

Un camarero con mascarilla en un restaurante de Londres.

Un camarero con mascarilla en un restaurante de Londres. / TOLGA AKMEN (AFP)

Alba García

Un mediodía cualquiera en el barrio de Sant Gervasi. Dos de mis compañeros de trabajo y yo reservamos una mesa en un restaurante 'exótico' de la zona. No hay problema. Al llegar vemos que el salón exterior está casi vacío. Estupendo. Cuál es nuestra sorpresa cuando, al pasar al interior, la camarera nos llevó a una salita (convenientemente lejos de las miradas de los transeúntes) donde estamos más de diez personas apiñadas en un espacio de apenas 10 metros cuadrados. Para acabar de rematar la sorpresa, ya no hay menú del día, solo carta. ¿Así quieren algunos hosteleros que recobremos la confianza y las ganas de consumir en los bares y restaurantes? ¿A costa de llevarnos el virus a casa y además haciendo ver que respetan el 30% del aforo interior permitido? No ha colado.

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